Sala de ensayo
Luisa ValenzuelaLiteratura y cuentos de hadas
“Si esto es la vida yo soy Caperucita Roja”, de Luisa Valenzuela

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¿Qué es un cuento de hadas?
En vano acudiréis en este caso al
Oxford English Dictionary.
No contiene alusión ninguna a la combinación cuento-hada,
y de nada sirve en el tema de las hadas en general.

J. R. R. Tolkien

El acto de leer y la lectura ha sido uno de los temas más frecuentados tanto en la filosofía como en la historia de la literatura. Desde Schopenhauer hasta la crítica moderna el debate y las teorías de cómo interpretar los textos han buscado desentrañar lo oculto, lo silenciado.

La mayoría de las teorías que se han esbozado hacen volver al texto sobre sí mismo, buscan sus referencias históricas, las relaciones con otros textos, lo que tal o cual palabra significaba en la época del autor, la relación entre vida y obra o bien la dicotomía forma-contenido.

Definitivamente estas teorías han transformado nuestra forma de leer y de interpretar. Actualmente se sitúa el valor y el sentido de los textos en el lector, buscando la historicidad de la obra, la relación entre la historia y la textualidad, de modo que el significado se precise cada vez más como “función lectora”, como la conciencia del lector, con sus atribuciones y restricciones.

De ahí que Foucault (1999) proponga la función de autor, no al autor omnisciente, Barthes la muerte del autor (1968) y Eco (1981) al “lector modelo”.

La literatura ha utilizado, frecuentemente, a los cuentos de hadas y a sus personajes como interpretación del momento presente, algunas veces como correlatos subjetivos de confluencias históricas, otras, para que el autor cumpla una función mítica, fantástica e imaginaria llena de resonancias interpretativas, de su ideología y del tiempo histórico en el que se inscribe.

Según Carl Gustav Jung (1995) el ser humano utiliza la palabra, oral o escrita, para enunciar lo que quiere transmitir, utilizando un lenguaje saturado de insinuaciones, alusiones y eufemismos. Para Jung el símbolo es una palabra o una imagen cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio, por lo que podemos considerar a los cuentos de hadas como símbolos.

Cuando hablamos de “cuentos de hadas” es importante puntualizar que dichas historias no se refieren exclusivamente a las hadas, sino a leyendas y fábulas tradicionales que tienen en común la fusión entre lo real y lo fantástico, el presentarse como “ejemplos” en sentido amplio y el tener esa condición alegórica y claramente “arquetípica” y mitificada. Por lo general son relatos lineales, con lenguaje coloquial, transmitidos por tradición oral.

El Diccionario de la Real Academia define: Hada: (Del lat. fata, f. vulg. de fatum, hado). 1. f. Ser fantástico que se representaba bajo la forma de mujer, a quien se atribuía poder mágico y el don de adivinar el futuro. 2. f. ant. Cada una de las tres Parcas. 3. f. ant. hado.

La palabra original viene del francés antiguo faie o fee y pasa al inglés como fai, o fay. Fairy, hada en inglés, fue tomado aproximadamente en el siglo XIV del francés antiguo faerie que significa “tierra de hadas, encanto”. Del uso adjetival (“fairy gold”, “fairy queen”,) utilizado en el siglo XV para describir a una especie de criaturas sobrenaturales, se llegó a una reinterpretación derivada de fair (bella), en singular fairy y con un nuevo plural, fairies.

El concepto de fate, en inglés, significa la “fuerza divina” que determina los eventos y las casualidades en la vida de una persona.

El término “cuento de hadas” es una traducción de Conte de feés de Madame d’Aulnoy (1698). Como la mayoría de las palabras en español, la palabra “hada” viene del latín. Finalmente, por lo general se acepta que viene de fatum, y en su forma plural fata, que significa oráculo, designando así el destino, el hado, el futuro.

“Cuentos completos y uno más”, de Luisa ValenzuelaCon esta última explicación llegamos a un significado más preciso de cuentos de hadas: cuentos de hado, de destino. Este es el significado que Luisa Valenzuela propone y que podemos interpretar como el “destino evidente”.

El cuento de hadas exhibe, devela el subconsciente, contribuye a entender la condición humana, y al igual que la obra de arte, es un acto de creación del espíritu, por lo tanto es el relato de una “creación”.

De manera que cuentos de hadas y literatura están estrechamente vinculados. El cuento de hadas con su valor simbólico se manifiesta en forma literaria y la literatura encarna a los cuentos de hadas.

“Caperucita Roja” es quizá el más famoso de todos los cuentos de hadas. Aparece en la famosa colección de Charles Perrault del siglo XVII que inaugura el género, pero tiene orígenes folclóricos mucho más antiguos.

La relación que se establece entre los cuentos tradicionalmente denominados “de hadas” y la versión actual de los mismos, lúdica y subversiva, tiene uno de sus mejores exponentes en la reescritura que hace de los mismos la argentina Luisa Valenzuela.

Valenzuela se vale de este género narrativo porque considera que es el elemento perfecto para poner en práctica su estrategia: es un género típicamente infantil, utilizado, por lo general, para transmitir valores de armonía y fraternidad, desde una perspectiva ingenua e inocente.

En “Si esto es la vida yo soy Caperucita Roja”, Luisa Valenzuela presenta el tradicional cuento de hadas desde diferentes niveles: el temático, el estructural y el simbólico.

En el nivel temático podemos observar que, a pesar de que se conserva el tema original de Caperucita Roja, la autora lo transgrede, destruyendo la inocencia y la aceptación pasiva de los valores que se transmiten. De esta forma, contrasta el enfoque infantil con la perspectiva adulta y crítica que propone. Por medio del cuento de hadas, considerado como género marginal, hace frente a la sociedad patriarcal como sistema dominante.

Además de la idea de la vejez y la muerte, el tema del sexo hace su aparición y anticipa otra temática propiamente adulta y ajena al cuento de hadas tradicional.

Desde el punto de vista de la estructura Valenzuela plantea un relato que más que narrativo parece ser una dramatización, en donde los diálogos de los cuatro narradores, Caperucita, Madre, Abuela y Lobo se confunden.

Por su parte, la estrategia narrativa de la “ sugerencia e inferencia” posibilita una atmósfera de ambigüedad e imprecisión que alarga sinuosamente el desenlace del relato cuya estructura abierta, plurisignificativa, demanda, forzosamente, la participación de un lector cómplice que comparta la recreación narrativa.

Al utilizar el cuento de hadas como eje de la caracterización de los personajes, Valenzuela integra uno de los modelos habituales de socialización en la cultura occidental, según Bruno Bettelheim (2006), que es la función de las figuras en estos cuentos de personificar e ilustrar conflictos internos y mostrar cómo éstos pueden ser resueltos.

En este sentido, Valenzuela entabla un diálogo, ya sea explícito o implícito, con otros textos anteriores: las diferentes versiones del cuento de Caperucita Roja, la alusión al espejo de Blancanieves y a Alicia en el País de las Maravillas: “Me reí, se rió, nos reímos, me reí de este lado y del otro lado del espejo, todo pareció más libre, más liviano; por ahí hasta rió el espejo. Y sobre todo el lobo” (1999: 66).

Genette llama a este fenómeno “transtextualidad”, y la define como “toda relación que une un texto B a un texto anterior A en el que se injerta de una manera que no es la de comentario” (1989:14).

Para Genette, en este tipo de “transtextualidad” existe una acción básica: la transformación del texto precedente. Si esta transformación es simple o directa, se habla de “transformación” tal cual; pero si, por el contrario, dicha transformación es compleja y más indirecta, surge lo que el crítico denomina “imitación” (1989:17).

Desde la perspectiva simbólica, este relato, transformado, alterado y tergiversado, cuenta una historia, un acontecimiento, que se convierte en arquetipo y cumple con las funciones de explicar (explicar algo en el instante justo de su creación) y la de revelar (revelar el ser).

Paul Ricoeur define lo que es símbolo y mito y se preocupa por estudiar cómo funcionan y cómo se manifiestan. Para Ricoeur el mito expresado en símbolos es fundamental para una meticulosa valoración de los orígenes, de los procesos y de las profundidades del pensamiento humano.

Ricoeur (2003) señala que el mito en la actualidad ha perdido su valor explicativo, pero por lo mismo, revela su trascendencia y su valor de exploración y de comprensión, esto es, su función simbólica, la cual puede definirse como la facultad que tiene el mito para descubrir y manifestar el lazo que une al ser humano con lo sagrado. De esta manera, el mito se convierte en una dimensión del pensamiento moderno.

¿Pero de qué trata realmente Caperucita Roja? El contenido sexual del cuento es indiscutible aunque Perrault pretendiera lo contrario: advertir a las jóvenes ingenuas de los peligros del sexo. Valenzuela retoma el sentido original y lo trastoca, emancipando al personaje femenino y presentándola en sus tres etapas: juventud, madurez y vejez: “Yo soy Caperucita. Soy mi propia madre, avanzo hacia la abuela, me acecha el lobo” (1999: 67).

Una de las preocupaciones literarias de Valenzuela es el tema de la travesía en busca del deseo. Este recorrido está relacionado con el viaje iniciático vital. Caperucita es cualquier mujer que debe “salirse de la madre” para “caminar hacia la abuela” (Russo, 2000).

Valenzuela reconstruye el viaje de Caperucita Roja que está lleno de peligros (los propios deseos), de símbolos fálicos (los árboles), de placeres (las frutas prohibidas), de experiencias agradables (la cesta donde Caperucita recoge lo que va encontrando en el bosque) y dolorosas: “En el dintel de mi abuela me lamo las heridas, aúllo por lo bajo, me repongo y compongo” (1999: 69), pero es un viaje que toda mujer debe emprender para alcanzar su plenitud.

De ahí que los cuatro personajes que intervienen en el relato, la madre, Caperucita, la abuela y el lobo, se conviertan en uno:

Y cuando voy a expresar mi asombro, una voz en mí habla como si estuviera repitiendo algo antiquísimo y comenta:

—Abuelita, qué orejas tan grandes tienes, abuelita, qué ojos tan grandes, qué nariz tan peluda (sin ánimos de desmerecer a nadie).

Y cuando abro la boca para mencionar su boca que a su vez se va abriendo, acabo por reconocerla.

La reconozco, lo reconozco, me reconozco.

Y la boca traga y por fin somos una (1999:70).

Al presentar una versión distorsionada del cuento de hadas Luisa Valenzuela desenmascara el mito por medio del lenguaje, deconstruye el relato por medio del uso de metáforas y símbolos que nos invitan a una multiplicidad de interpretaciones.

Resulta interesante recalcar la fusión de los cuatro narradores-testigo. Dichos personajes, inmersos en el tiempo ahistórico del eterno presente, funcionan como un principio estructurador del texto cuyo desarrollo aparece determinado por la técnica de contrapunto, la contraposición de lo real con lo simbólico en la línea discursiva del relato y la estructura abierta.

Luisa Valenzuela expresa con su prosa irónica y ambigua la problemática de la mujer, escindida entre la esencia arquetípica de lo femenino y la expresión de su identidad.

 

Bibliografía

  • Barthes, Roland. “La muerte del autor”, en El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y de la escritura. Barcelona: Paidós (1968).
  • Bettelheim, Bruno. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Editorial Crítica, 2006.
  • Eco, Umberto. Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo. Barcelona: Lumen (1981).
  • Eliade, Mircea. Mito y realidad. Madrid: Guadarrama, 1968.
  • Enciclopedia británica Merriam-Webster.
  • Franz, Marie-Louise von. Érase una vez: una interpretación psicológica. Barcelona: Luciérnaga (1993).
    —. Símbolos de redención en los cuentos de hadas. Barcelona: Luciérnaga (1990).
  • Foucault, M. “¿Qué es un autor?”, en Entre filosofía y literatura, Vol. 1. Madrid: Paidós (1999).
  • Gennette, G. Palimpsestos. La literatura en segundo grado. Madrid: Taurus (1989).
  • Herrero, J. “El mito como intertexto: la reescritura de los mitos en las obras literarias”. Revista de Estudios Çédille, Nº 2 (2006).
  • Jung, Carl. “Approaching the Unconscious”, in Man and his Symbols. Madrid: Paidós (1995).
  • Maci, G. “The Symbolic, the Imaginary and the Real in Luisa Valenzuela’s He Who Searches”, Review of Contemporary Fiction, 6:3, pp. 67-77. (1986).
  • Perrault, Charles. Cuentos de hadas de Charles Perrault. Madrid: Rey Lear S.L. (2008).
  • Ricoeur, Paul. Teoría de la interpretación. México, Siglo XXI-México, (1999).
    —. El conflicto de las interpretaciones. Ensayos de hermenéutica, 3 vols. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica (2003).
  • Russo, Roxana, Evelyn Picon Garfield, Sandra Bianchi et. al. La entrevista virtual (2000).
  • Valenzuela, Luisa (1999), Cuentos completos y uno más, México, Alfaguara.