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Poemas

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Bullanga

Desde la calle
O en la mañana en Santiago
Los silbidos que cruzan hombres
imitando a los pájaros
Los perros que se despiertan temprano
Los gallos (infaltables)
Las micros
Por acá
En el otro hemisferio
Algunos meses los cuervos
muy de mañana
Los gansos que emigran
En el centro de todas las ciudades
variedad infinita de motores
produciendo gases
Estamos acostumbrados a la bulla
Nacimos en una ciudad sudamericana
Mal que les pese
a los europeos o norteamericanos
Nosotros también tenemos ciudades
y cómo
Echo de menos ese rumor
que me asaltaba
las veinticuatro horas del día
“te hicimos
te vimos crecer
nos pertenecen tus pulmones y tus ojos
nos echarás de menos
hasta el día de tu muerte
Tu cielo tendrá ese ruido
como música de fondo”

 

Chancho 6

Chancho en piedra
Dilapidado de ajo y ají
Así lo quisieran ver
O asándose costillar
Por chancho
Muchos
aunque no yo
Que lo escuchaba gruñir
bajito
“lo pasé chanchito”
Después de remoler
o carretear
a la bolsa
Que supe por ahí
de más de una chanchada
que parece que hizo
Siempre dicen
Que yo aguanto mucho
Que no me entran balas
Que tengo cuero de chancho
Pero a él lo juzgan
otros chanchos de distinto pelaje
que se revuelcan en el mismo barro
no yo
porque puede ser un obispo
puede y no puede
como Manuel Rodríguez
y a la postre
no me va ni me viene
porque ese es un chancho
que no da manteca

 

Clorodiaxepóxido

Leo las noticias
Me duelen las articulaciones
No hay nada nuevo bajo el sol
En las mañanas me desplazo en la ceguera
proveniente del insomnio
eso dijo y más
medio con rabia
brotada de la médula de los huesos
que se vuelven tiza o ceniza
o a lo mejor sólo se siente
despertando como efecto secundario
esas terminaciones nerviosas
que gimen a su vez en el cerebro
desde todas las partes
y me escapo de mí volando por la computadora
al otro lado acechan miríadas
masivas a la vez que solitarias
Son las cápsulas de 5 o 10 miligramos
vulgo Librium
las que me dan este respiro
o me hacen dormir
incluso a veces frente a la tele

 

Acetilsalisílico

Piden las junturas
de brazos y piernas
la cabeza que se abomba
que desea florecer en neutro
“Quien te ha visto y quien te ve”
me dijo ella el otro día
cuando me molestó el volumen de la tele
—peor es mascar lauchas—
proclamamos tomando agua
para la píldora azul
de vida breve
que se nos inmola lenta por las venas
para que pase menos espesa
—ojalá—
la sangre

 

El pequeño dios de Huidobro piensa en su posible santidad

Para la canonización
Se exige que el candidato o candidata
Haya efectuado milagros
Y que haya testigos
Mis dos únicas instancias testificadas
Han sido dos disoluciones de tormenta
Por medio del soplido
Separadas por un intervalo de varios meses
La testigo principal sin embargo
Alega que se trata de simples coincidencias
Tengo que reconocer que en ambas ocasiones
Salía del café medio curado
Más relevante me parece
Que un cuadro mío
Hace dos o tres años
haya desencadenado la primavera árabe
Esa pintura figura como portada de un libro
Que no quiero nombrar
Desgraciadamente carezco de testigos

 

Presencia

Desde un pasado que yace no muy muerto
A pesar de los años
esta carne que se seca
Este pelo que se vuelve una aureola
que anuncia un otro mundo
que no creo que exista

Vienes volando
Apenas esbozada
Tus palabras nos son tan familiares
Tus ademanes oscilan en el aire
con el mismo ritmo de otros tiempos
Tus manos son como sendas alas

Y ya no sé cómo te miro
Desde dónde
Si estoy sentado en el vulgar escritorio
o en un abismo delineado por la reminiscencia

Poblado por otros rostros y figuras
Que parecen a veces quemarme las entrañas que me quedan
con sus ojos
O desgarrarme los lóbulos frontales

Haciendo equivaler la rasgada memoria y el deseo
Sobre todo a la hora del alba
En que despiertos

Porque ya dormimos menos

 

Mundo

De qué estamos hablando
Cuando decimos mundo
Con todas sus letras
Que en su tiempo fue cuadrado
Rodeado por un mar inacabable
no tan sólo de agua
Sino de vacío
Ese mismo que incuba en su seno al universo
Que a lo mejor también quiso decir mundo
Incluso cuando equilibrándose
Sobre una tortuga gigante
A su vez encaramada en otro reptil
Ya más incalificable
Aunque quizás todos bajo esas
concéntricas esferas
de siete a cincuenta y cinco
según el caso
Que jerarquizan y defienden
de ese mismo enemigo
Otra vez
Que nos sigue acechando a nosotros
El vacío

Tratamos de decir
Mi mundo,
Y entonces abarco lo que veo
Entiendo y siento
Con un movimiento inclusivo de la mano
En cada caso personal y distintivo