Letras
“Otros ojos”, de Camila Charry Noriega
Otros ojos
Camila Charry Noriega
El Ángel Editor
Ecuador, 2014
Otros ojos
Extractos

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2.

Bajo el sol violento de la sabana pastan las vacas.
Entre la neblina que asciende
son aparentes montes que se deslizan
en medio de la hierba crecida y despojada
de su vuelo.
        Miran todas hacia el mismo rincón de la mañana;
inocentes creen
mientras rumian
estar destejiendo su destino.

 

6.

Olas sobre el ojo abierto de la gaviota abatida
en la arena de la playa.
Difícil saber cuál murió primero.
La ola en la costa que revienta y se divide perdiendo la unidad;
la gaviota muerta en cuyos ojos de agua
se fragmenta el mar.

 

14.

Sin órganos calientes
    la araña
come sobre hilos brillantes
la carcasa de la mariposa.
Sin embargo todo sigue siendo la vida
bajo la lengua fría del hambre.

 

16.

Vacía
flota en el viento la hoja.
Cae y mientras cae la eternidad penetra.
Su alfabeto, una luz otra, otra constelación
revierte su centro a su decir primero;
raíz, materia sin rostro
árbol ausente
en el paisaje la tarde.

 

21.

Mi carne es tu carne padre
desde ella imagino tus ojos jóvenes enamorados de mi madre
en ella laten mis palabras que no aciertan a rasgar el tiempo
mi temor a la oscuridad, hace tanto
deslizándose por la madera de la casa.
Ahora mi carne envejece
y mi corazón se tuerce de esperar;
entre sus vetas arden viejos amores
reptan los deseos que jamás pronuncié,
entre ella oigo tu voz áspera y lejana
que me parte en dos.

 

31.

Mi madre extraña a su madre que se fue hace años.
Corta el tomate y la cebolla
                        desde su silencio más triste
esperando una lágrima o una aparición.

 

32.

Madre, puede ser
que una tarde vuelva blanca, honda y triste
a buscar tu abrazo
luego de haber creído
vivir bien
esta vida que me diste.

 

36.

Murió, la semana pasada, mi perro.
Lo simple reconoce en el espíritu su morada.
Pasan los días y sus noches, le oigo aullar desde su paz.
Desde mis manos, la ausencia de su hocico
cubre el sitio donde durmió.
Bajo la lluvia todo parece menos cierto
y a veces un temblor en mi puerta
me obliga a creer que me sigue
que olfatea mi tristeza y busca mi mano
para lamerla otra vez.
Eso quiero creer
porque la bondad del mundo no puede ser tan poca
porque reconozco su vida, la que fue
como una señal cierta y firme
de una voluntad que acerca, definitivamente,
lo poco del mundo que de verdad nos premia.

 

44.

Maduro el sol de la mañana
corta horizontal las sombras del tejado.
Desvisto, dentro de la habitación, mi cuerpo de su exilio,
tu nombre flota entre mis piernas
y repta a la intemperie
como otro sol
que estalla ofuscado en mis ojos.