Letras
Tres poemas medievales

Comparte este contenido con tus amigos

El primero, directo al padre

Arrojaron aves sobre su frente

Cruzaron volando sobre la cabeza quedándose ahí, como muertas,
como estrellas pasmadas
ante la ira de dios o la zarza ardiente
del hijo, de sus sombras todas o sus ángeles,
sopesando aún tan nefastas deshonras

 


 

Perdiste el valor
y hasta el espectro de tu difunto padre
te aturdió,
mas no alzaste la mirada.

Yo mismo lo advertí.

Y si ayer ocultaste el acero en oscuro vientre olvidaste enloquecer,
mas de esto nadie puede sorprenderse;
menos aun tú,
para quien todo calla, fantasmal,
envuelto como en oscuro jeroglífico

Y ahora qué, te preguntas.

Sólo a ti corresponde resolver o ignorar los designios humeantes
o, quizás,
tú mismo te tornes en rígido acero
y te adentres con fiereza, esta vez sí,
como guerrero impío
en vidriera de plomo y cristal

 


 

El vaticinio es inclemente: debes caer en deshonra.

Esto por una parte,

por la otra la dura sentencia, tu condenación sin más,
la noche excluyente o la tiranía de tus horas blancas,
el martirio ciego,
decías,
la humillación despiadada ante la cólera de un ciego animal