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Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 31, del 1º de septiembre de 1997

Sala de ensayo


Verso vs. Verso*

Mariángela Petrizzo

El oficio de escribir se convierte, a veces, en una verdadera carrera de resistencia. Es difícil comenzar a escribir y plasmar una idea en un papel, sobre todo si se presenta en la mente como una avalancha de caracteres sólo entendibles por una suerte de extraño sortilegio de compiladores electroquímicos, cosa que ocurre con bastante frecuencia.

Pero es que, como dice un amigo, es fácil pensar cosas malas, pero ¡cuánto cuesta escribir un buen poema!, ¿cuánto se tarda en desarrollar medianamente una buena idea para una novela?, y en contraposición, ¿cuántas noticias llenan las páginas rojas diariamente? En fin, escribir no es cualquier cosa, y escribir bien es una suerte de milagro renovable, cuyo cultivo está en estos días en proceso de desarrollo en nuestro continente.

Pero, ¿quién es el que dice que un escrito esté bien hecho?, ¿quién es el que se considera amo y señor de tal facultad y testaferro del "juicio popular", como para determinar si un poema, un cuento o una novela, valen el ser publicados? Las editoriales. Porque resulta que el vicio de escribir no sólo está reservado a unos cuantos (¿pocos?) afortunados, sino que se encuentra mediatizado por el "poderoso caballero" como diría Zorrilla.

Admitámoslo o no, no es tan fácil publicar lo que escribimos como quizás sí pudo serlo para los grandes de nuestra literatura. No dudo que los archiconocidos grandes escritores hayan tenido sus tropiezos al iniciarse en la dura tarea de publicar, pero confío en que no fueron tan excluidos del círculo de los "publicables" como lo son hoy en día los noveles escritores (creo que puedo incluirme en ese grupo).

Hoy en día ser escritor parece ser casi tan malo como ser un violador, curiosamente no parece ser tan socialmente condenado el ser corrupto como el ser poeta o escritor de cuentos, ensayos o novelas. Además, los escritos sólo llegan a ser publicados si se es conocido en el medio (léase si se puede presionar a alguien para que se publiquen las cosas), o si se ruega mucho y no se tiene amor propio suficiente como para rechazar un "favor", porque cuando se publica el trabajo de un autor novel, casi siempre la cosa queda como un "favor" para con él, por consideración o "pena ajena".

Ahora, especialmente en el genero poesía, se publica a través de concursos o del pago de la publicación. Esto último no sería tan inconveniente si hubieran mecanismos para financiar las ediciones, que son "convenientemente" costosas para las editoriales. Resalto esta palabra, pues mi naturaleza desconfiada me lleva a no creer en el "desinterés" de una editorial cuando propone una coedición.

En cuanto a los concursos, por experiencia propia y adquirida por referencias de otras personas, sé que son una suerte de "lotería" (para no entrar en detalles, y resaltando todos los malos comentarios que giran en torno al funcionamiento de las loterías, como bolas marcadas y premios conocidos con antelación), y en los últimos tiempos han resultado ser una estafa, gracias a la cual se insulta la inteligencia de los escritores, ofreciéndoseles premios ficticios y luego "premiándoles" con COEDICIONES que no son tales; claro, esto en aquellos casos en los que se participa a los concursantes el resultado del certamen.

Pues bien, resulta que por si fuera poco el trabajo para un escritor, el cual deviene en arte luego de superados obstáculos tontos como el de no poder vivir de lo que se escribe y tener que hacer otras cosas para comer (vender seguros, periódicos, o cualquier otra cosa que nos permita nuestro nunca bien ponderado sistema capitalista basado en la acumulación de capital), y el de la superación del reducido círculo de los "notables" en la escritura que hace imposible escribir bien sin ser agredido por otro escritor (aunque sea para NADA conocido), el escritor novel, salvo que esté conectado (es decir, apoyado por alguna persona influyente en cualquier editorial) debe resignarse a mostrar sus escritos a un reducido número de amigos y conocidos, los viernes por la noche, o en fechas célebres como los cumpleaños.

La otra solución posible es escribir, claro, escribir. Ir al supermercado a hacer las compras y mientras tanto componer una "Oda al escepticismo", o regresar del taller mecánico con el carro a medio componer y el bolsillo vacío y escribir un ensayo titulado "El breve instante en que cambiaría mi producción literaria por un cargo en la Schlumberger", o algo por el estilo. Hablando en serio, dado que esto es una carrera de resistencia, he de suponer que hay un final —en algún lado, aunque por aquí no lo veo :-) — pero, ¿quiénes llegan al final de una carrera de medio fondo?, ¿los que sólo se quejan?; no, creo que también los que corren, es decir sólo esos llegan, aunque cansados, pero llegan. Entonces, ¡a escribir!, que hay muchas cosas por descifrar en este universo que conocemos (alguien ha contado las que podrían haber en el que no conocemos?), y al menos tenemos la net para publicar.

* Es bastante conocido el hecho de que en el sur de nuestro continente, suele utilizarse la palabra "verso" como sinónimo de embuste, mentira, engaño o gitanería. Regresar al inicio.