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Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 31, del 1º de septiembre de 1997

Las letras de la Tierra de Letras


Poemas

Javier Espada

Huyendo del vértigo de un tiempo plano

Huyendo del vértigo de un tiempo plano
resbaladizo
emanaciones del pasado de la tierra
enterradas
para que por su boca hable un dios
¡oh sibila!
anunciando el futuro oscuramente
designios vagos contra el azar
sueños como laberintos
presagios cargados de razón
oráculos que te atañen.

El minotauro acecha y tu serás Teseo
oirás el canto de las sirenas
atrapándote
la esfinge te destruirá porque te eres extraño
aunque Apolo te avisó: Conócete a ti mismo
pero tu destino y hasta tu presente ignoras
y no has llegado a comprender quiénes eres.

Déjate guiar por el tirso de Dioniso
y encontrarás tu claro en el bosque
creado para que goces en los brazos de ella
mientras invisibles bacantes danzan rozándote.

  Los misterios inviolados son todavía recientes
  y te aguardan
  para que tu destino sea insigne.


Se hizo el bronce

Se hizo el bronce para ser carne inmortal
y fuego de pasiones anudadas al destino
contra las cenizas del tiempo.

Se creó para darle un cuerpo a los dioses,
para que se cumplieran sus designios
y tú, oh mortal, supieras de la eternidad.

Yacían los metales enterrados
hasta que un fuego prometeico los despertó
y alguien los transformó para ti.

Quien pudiera volver a tejer las estatuas divinas
y elevar nuevas columnas con el humo de la piedad
mientras las libaciones se derraman
y vuelve a la tierra el fruto de la tierra.

El mar devuelve a veces lo que ya no nos pertenece:
sucios trozos de bronce
sumergidos en una noche.


Una cadena de días y noches

Una cadena de días y noches
como el tablero de ajedrez
donde nos la jugamos
la vida.

¿Qué espacio es ese?
estático, mágico, confuso
Como un sueño congelado
la carne.

El sentido que desgranan los días
se pierde por las alcantarillas de la noche
Ambigüedad de ser desde antes
el alma.

Las miradas se queman en ceniza
y de los espejos fragmentados
rebrotan los gestos
y se encienden los fuegos
y se te convoca.

La música más elemental suena,
escucha como susurra tu pecho
latido tras latido
como si fueras arena en un reloj


Porque hay piedras

Porque hay piedras que guardan un sentido
aunque son formas rotas, antes fueron ideas
y luego fluyeron llenas de sangre
en la carne de los modelos
y por las venas de los maestros.

No hay ruinas,
solo los efectos del ácido del tiempo
los avatares del olvido
obras hundidas en un mar totalmente negro.

La luz, la vida, vuelven.

Hay un retorno de estaciones
de silencios
de miradas
de otros labios que dicen las mismas palabras
de otros cuerpos que repiten los mismos gestos
todo dentro de un espejo a la deriva
como un pozo
contra las ruinas
desde otras ruinas
espacio sin mas dimensiones que las del tiempo
solo memoria y luz.


Desde la bruma

Desde la bruma
ese espacio hecho con desierto
y rotos cristales sucios

En la distancia inverosímil
que mide el reflejo doloroso
de un espejo de carne enamorada

Hay silencios de verbos
porque carecen de sentido
porque son la cárcel del presente

Miradas que llegan desde dentro
cargadas de futuro
signos de un enigma compartido

Fluyes en un imán que me sostiene
como una roca mágica
contra las aristas de la bruma

Talismán que vibras en medio de la noche
lanzando los gestos que más me conmueven
surgiendo desde dentro de mí mismo

ERES

Contra los desiertos
tu invocas al alba que me aguarda
mientras sueñas dentro de mis sueños
y huyen los negros cristales
como pájaros
y seguimos enamorados
luchando sin derramar una palabra


Antiguas alquimias

Antiguas alquimias de plata viva
amalgamas de mercurios y azufres
sobre rostros carcomidos
¡oh distancia de lo elemental!

Parpadeos de llamas oscuras
sobre papeles manchados
secretas plegarias
palimpsestos sobre los que reescribirnos

Azufre ardido en el sulfuro de lo negro
mercurio roto de los espejos blancos
sales perfectas para congelar al tiempo

De las miradas polvorientas surge el fuego
y se esparce por el aire como el amoníaco
ahogándonos para siempre
en un coágulo de luz visceral

La mirada es esa sangre lechosa imperceptible
rodeando desde su centro los limites porosos
ávida
derramando cuanto absorbe
sin parar


Va rotando el tiempo

Va rotando el tiempo
espiral arriba
espiral abajo
hoja a hoja
se nos caen los aniversarios

por tu piel las huellas
como hojarasca
de mis labios

un viento nuevo por los rescoldos

ascuas en los labios
en la mirada ardores
y por dentro
el eco de mi cuerpo
en llamaradas
desbordado

en tu mano el mundo
en la mía sólo tu mano
en tu pecho mi corazón
en tu corazón mi canto

silencio
todo en silencio
como gestos insinuados
bajo nuestro mar
encendido


Sé que nunca olvidarás

Sé que nunca olvidarás el fuego
entre mis brazos

Sé que habrá otros amaneceres
y otros abrazos
y mi corazón se derramará
entre la ternura de tu cuerpo

Sé que fluye el tiempo como una herida
luminosa en la noche
heridos por los místicos puñales lunares
y mi mano entre tu mano
y mi pecho contra tu pecho
y mis labios hacia tus labios
conteniendo la vida
sosteniéndonos
pronunciando una palabra mágica
mientras somos elementales
como el vidrio
como el trigo
como el cuerpo
aliento y luz
bajo nuestras estrellas


El dolor

Todo se vuelve pequeño cuando nos habita el dolor
y todo y todos se alejan
mientras la distancia se nos impone como la soledad
como la ausencia
como una muerte.

Todo y todos se nos mueren mientras se nos caen los párpados
azules.


Apolo o quizás Dioniso

Apolo o quizás Dioniso
luces comedidas o formas vagas
silencios de piedra sobre el ruido de un cuerpo
como una noche apagada lentamente
como un renacer de miradas que están en nosotros
imprecisión de contornos desgastados
huellas de unos hombres atrapados
sometidos por el azar y la fuerza de la necesidad.

Una mirada puede ser más que una mirada
y unas ruinas algo más que escombros
porque en nuestra memoria está contenido su olvido.

Habitamos un espacio impreciso
un escenario voluble
enmarcado entre días y noches
quemados por el amor o el deseo
nos elevamos como una plegaria
y revivimos gestos ancestrales de la carne
sin saber que renovamos antiguos misterios
y que a veces los dioses son por nosotros.


La aurora perdió sus rosáceos dedos

La aurora perdió sus rosáceos dedos
entre las grises nieblas de nuestro tiempo
las columnas se horadaron para ser chimeneas
y caídos los muros de las ciudades
el ágora se extendió por el mundo
y ya todo lugar es un posible mercado.

Remoto y oculto tras el fasto de los cultos
y el griterío de nuevas hordas
y la guerra inmanente y plural
el altar erigido a Zeus en Pérgamo
cifra toda la memoria de la destrucción
o el dolor humano.

¿Acaso las ambiciones de un tirano
merecen una sola gota de sangre
o las lágrimas de una madre?

Para qué servís oh dioses con vísceras humanas
sumidos en los museos del olvido,
qué aguardáis aún...