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Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 32, del 15 de septiembre de 1997

Sala de ensayo


Rómulo Gallegos: México y Cuba, dos novelas

Arnoldo Varona

El privilegio de contribuir a hacer historia no pertenece tan sólo a los revolucionarios como muchos en nuestras agobiadas sociedades parecen creer. Un hombre de moderación, de sentir pacífico puede influir enormemente en el destino de su pueblo. Es el caso del novelista, maestro y político venezolano Rómulo Gallegos, una de las más recias y conocidas figuras del criollismo latinoamericano.

Como novelista, Gallegos sentó los principios estéticos del regionalismo hispanoamericano. En sus novelas hay una comprometida confrontación, una fiera lucha, entre la barbarie y la cultura, la civilización misma. En sus obras describió costumbres, tradiciones y el duro bregar del hombre en el medio donde existe. Una de sus reconocidas novelas, "Doña Bárbara" (1929), que le hiciera famoso internacionalmente, traduce en expresión aquel simbolo de barbarismo que Venezuela sintió debía llegar antes del despertar de sus ansias dormidas de liberación. En sus novelas "Cantaclaro", "El forastero", "La trepadora", "Pobre negro", "Canaima" y "Reinaldo Solar", la fuerza de la jungla, la guerra civil, el poder del salvajismo y la lucha del hombre ante la naturaleza humana son temas centrales.

En febrero de 1948 es elegido Rómulo Gallegos a la Presidencia de Venezuela por un periodo legítimo de sólo 11 meses al ser derrocado por un golpe militar en noviembre de 1948. Después de un corto período en la cárcel se le envía al exilio, llegando a Cuba el 5 de diciembre. El país le dispensa una calurosa bienvenida; el pueblo cubano honraba a una personalidad singular, maestro, político y escritor. Su presencia llenó de orgullo a la nación gobernada en ese entonces por un gobierno civil democrático. Como hábil escudriñador de realidades, en pocos meses, el novelista comienza a recoger datos de las particulares circunstancias cubanas de aquel entonces.

Su novela cubana, "La brizna de paja en el viento", usó como tema central la desviación hacia el pistolerismo de parte del estudiantado cubano despues del derrocamiento del dictador Machado. A la huida de éste hubo jóvenes que no pudieron adaptarse a la paz, se habían enviciado en la tensión que representa el peligro de jugar con la vida y con la muerte. Tremendas contradicciones entre ideales de justicia social y manifestaciones de caudillismo y totalitarismo político que han durado hasta nuestros días y fueron producto de esa etapa que tan bien narró el novelista venezolano. Principales personajes en la novela cubana de Gallegos son Justo Rigores, "El Caudillo", ex combatiente de los grupos de acción antimachadistas, adherido a la universidad y en el que no existía ya espíritu ni propósito noble y justiciero; Juan Luis Marino, hijo de guajiros honrados que ingresa en el centro de estudio creyendo en él necesario sacrificio. Rigores se propone usar con fines bastardos el ansia de justicia y la sed de sacrificio del estudiante guajiro. Hijos de la realidad cubana surgen en la novela un buen número de personajes; la rumbera Clorinda, que vuelca en la santería sus confusas aspiraciones sentimentales; el profesor Rogelio Lucientes y los Azcárate, familia latifundista entre cuyos miembros se destaca Florinda, de quien Juan Luis se enamora; a éste le corresponde en la novela el título "brizna de paja en el viento". El autor en su novela cubana insiste en la eterna lucha entre el bien y el mal. Como en todas sus novelas, al final triunfa el bien quedando el idealismo del profesor Lucientes como un simbolo de renovación.

La novela mexicana

Durante su exilio en México, en la misma forma en que lo habían tratado en Cuba y otros países que visitó, sus autoridades y pueblo en general hubieron de entregar a Rómulo Gallegos el reconocimiento pocas veces dispensado a un político extranjero; buenos amigos mexicanos contribuyeron a este merecido honor. Numerosas conferencias en universidades del país elevaron su figura no sólo ante la élite política que lo consideró uno de los suyos, sino ante la juventud mexicana que llegó a admirarlo en toda su dimensión intelectual y humana. Algunos de los estudiosos de las obras galleguianas han mostrado un cierto sentido de misterio por la cancelación en varias ocasiones de su última novela sobre la realidad mexicana, "La brasa en el pico del cuervo", pospuestas según conocedores por sentirse entraba de lleno dentro de temas y conflictos mexicanos relacionados con la Reforma Agraria en aquel entonces.

La obra finalmente fue publicada después de su muerte; ésta, su novela póstuma, expone de nuevo la lucha encarnizada entre la civilización y la barbarie, esta vez en la cotidiana experiencia del campo mexicano. Al igual que otros personajes en sus narraciones como Marcos Vargas o Demetrio Montiel, los Orozcos y los Gracián, éstos vuelven a brotar, esta vez en los campos agrícolas y haciendas de Michoacán y Morelia. El autor reafirma lo que había observado en Cuba y otros lugares; que la realidad de Venezuela, con alguna que otra variante, era la misma que la del resto del continente.

Gallegos se da cuenta de que somos el todo de un mismo drama, realidad tan cruda y atropellada que a veces desborda la capacidad y la fe de nuestros sufridos pueblos. En muchas de sus novelas, el escritor, con su visión magisterial, civilista y paciente, sueña a través de sus personajes en la realización de grandes obras. Una y otra vez trata de ordenar el caos.

Reinaldo Solar, uno de los personajes de su novela "El último de los Solares" —al igual que numerosos de nuestros amigos y compañeros cubanos en la vida real que todo lo han sacrificado por el bien común— despierta una mañana para darse cuenta de que la hora de los suyos ya ha pasado. A ratos se excita ante una aparente posibilidad de un despertar nacional, pero la euforia revolucionaria carece de continuidad. Se espera más de "un milagro" que de la ardua tarea de todos los días. Carencia de una voluntad paciente. En la novela, Reinaldo, que llega de un inútil y largo camino, escucha de una nueva revolución en marcha y exclama: "Este mal es incurable, está en la sangre, somos incapaces para la obra paciente y silenciosa. Queremos hacerlo todo de un golpe; por eso nos seduce la forma violenta de la revolución armada. La incurable pereza nacional nos impulsa al esfuerzo violento capaz del heroísmo, pero rápido, momentáneo. ¡Todo o nada! Pueblo que sabe arriesgar la vida, pero que es absolutamente incapaz de consagrarla a una empresa tesonera. Al fin nos quedamos sin nada".

En la novela y, a pesar de la contradicción, Reinaldo se lanzó a la lucha armada.

Como un espejo de nuestras realidades. ¡Se quedará sin nada!