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Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 34, del 20 de octubre de 1997

Las letras de la Tierra de Letras


Cuentos

Alirio Gavidia

El pozo

Al caminar, en mi recuerdo, por el bosque de mi infancia, encontré borrosos detalles de un pozo. Todo hubiese quedado allí de no ser porque soñé esa noche con el mismo, un perro y un niño que jugueteaban alrededor. No sería importante a no ser lo repetitivo del mismo, noche y noche.

Como ha de esperarse aquí me encuentro; no ha cambiado mucho, la diferencia es quizás como la que hay de una estación climática a otra. Los olores me inundan y refrescan poco a poco los recuerdos en mi mente.

Fui un necio, quizás por ser niño, quizás por ser curioso. Me asomé al pozo, trate de atrapar a la lagartija, un ladrillo se movió y yo resbalé. Cuando volví a conciencia me vi, o he de decir, vi mi cuerpo con la cabeza doblada de una forma inverosímil. Yo estaba muerto. Me elevé cada vez más rápido ascendiendo por el túnel del foso, vi la luz cada vez más fuerte y la figura de mi perro asomado al pozo. Llegué a la orilla y fui frenado, atrapado y traumatizado. El golpe me dejó inconsciente por unos minutos.

Ahora bien, por qué recuerdo todo. Es bastante malo saber que no siempre fui el perro de la familia.


17/11/39

Ese día, 17 de noviembre de 1939, John Wood Campbell* Jr. leyó una historía muy particular que le había sido sometida unos días antes. En principio él creyó que el escritor era un payaso. Se ofendió, realmente se ofendió, al ver que el nombre del protagonista de la historia era el de él. Este realmente era un truco muy barato para congraciarse con él. Entonces, así de pronto, llegó al final de la historia. Se acabó. Eso fue todo. Campbell entonces apartó la mirada del papel. Reflexionó. Pensó que al menos la idea parecía original. De principio la historia estaba rechazada. Así que tendría que escribirle algo al autor, para que éste no se desanimase. Volvió la vista al texto. Ahora el texto era más largo. Y la última línea decía:

"Campbell volvió la vista al texto. Ahora el texto era más largo. Y la última línea decía:...".

No siguió. Soltó el papel y salió, mejor decir huyó, a beber agua.

* John Campbell (1910-1971) fue editor de Astounding Stories, luego renombrada Astounding Science Fiction. Regresar.


Sí, acepto

—Bueno, Sara, veamos qué te pasa —Sara estaba inconsciente, no me escuchaba, pero igual me gustaba hablarle. Procedí a acercar el equipo de medición hasta su pecho.

Continué mi monólogo:

—No sabes cuántas veces he querido tenerte así, en esa posición horizontal, aunque por supuesto algo más dispuesta y consciente —ajusté los terminadores sobre la piel de su pecho y encendí el equipo: nada se detectaba.

—Por lo visto, amiga, estás eléctricamente muerta. No te preocupes, te reactivaré pronto, creo que tu problema es de batería —acto seguido introduje una sonda hasta la cámara de la batería principal. La batería no funcionaba. El paso siguiente fue con un láser.

Corté, coloqué el succionador para los líquidos que se derramaban y continué comentando: —Bien, Sara, allí está la batería; se quemó y tienes una bala sobre uno de los conectores. Pronto te colocaré un repuesto.

Mientras buscaba a un lado de la sala entre pelucas, brazos, huesos y baterías pensaba en los días pasados de Sara. Siempre me gustó como quedó cuando la reconstruimos, fue terrible su accidente. Perdió el 40% del cuerpo y el otro 35% ya no hacía falta con las prótesis. Pero nunca perdió ese encanto de niña. Realmente no sé si era tan bella antes del accidente pero sinceramente lo dudaba en ese momento y lo dudo aún hoy en día.

Reemplacé la batería y reinicié los procesos de arranque. La computadora reportó un reinicio normal y las partes humanas de Sara, antes aisladas dentro del subsistema mínimo de supervivencia, tomaron control de su cuerpo protésico. Abrió los ojos. Ella recuperó la conciencia sin saber dónde estaba, luego reaccionó al recordar y entonces con el inicio de un lagrimeo en los ojos me miró decirle:

—Entonces, Sara, ¿te casas conmigo o te disparo de nuevo?

...Y bueno, Geraldo, así fue como yo la convencí y tuvimos este feliz matrimonio.


El incidente Golistone

—Vaya, yo sabía que esto iba a pasar y hoy tenía que ser el día. A ver, Hernández, digame qué ocurrió.

Hernández dudó un poco, me miró con miedo y yo refuté: —Hable, no me lo voy a comer.

Tomó confianza y dijo:

—Bueno, señor, hoy teníamos pautada una visita de mantenimiento de ese señor odioso, Golistone. Y bueno, le hicimos el registro...

Lo corté: —Vaya al grano. —Desvió la vista y continuó:

—Bueno, hicimos todo como dice el manual, lo desactivamos, lo verificamos con computadora, colocamos su parte humana en la sección de soporte como es debido y desemsamblamos las partes de recambio de las prótesis. Usted sabe, filtros, algunos tendones desgastados, arterias sucias. Y lo volvimos a armar sin la parte humana y lo colocamos en prueba.

—Hasta allí, bien. ¿Qué más? —pregunté impaciente.

—Como usted sabe, mi esposa está embarazada, y recibí una llamada y dejé la unidad de prótesis del señor Golistone en prueba y atendí el llamado de mi esposa. Cuando volví, la unidad iba caminando hacia afuera del edificio, se despidió de mí amablemente, cosa que Golistone nunca hacía. Verá, señor; pensé que alguien había terminado de ensamblar a Golistone y le había despedido. No me enteré sino hasta hace unos minutos cuando encontré la parte humana del señor Golistone en la unidad de soporte.

Me llevé la mano derecha a la cara. Maldije suavemente, y pregunté:

—¿Sabe alguien dónde está la unidad protésica de Golistone?

Nadie contestó. Luego de dos semanas averiguamos que la unidad estaba en Hawaii disfrutando con la esposa de Golistone. La policía trató de atraparlo pero la unidad se autodestruyó antes de dejarse atrapar. Nunca nos devolvieron más que unas piezas. Golistone nos demandó y tuvimos que darle un nuevo cuerpo de la serie "Alpha". Por orden judicial más nunca se construyeron cuerpos protésicos con índice de inteligencia superior a dos por ciento y capacidad de aprendizaje.