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Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 36, del 17 de noviembre de 1997

Sala de Ensayo


Ernest Hemingway con Mary Welsh, su cuarta esposa, en Venecia El enigma Hemingway

Arnoldo Varona Limia

"Abandonamos a todos sin dificultad cuando
la aversión sobrepasa nuestro amor".

Ernest Hemingway, París (1949).

El enigma que rodea la vida de Ernest Hemingway, considerado uno de los mejores escritores de este siglo, quizás jamás se aclare. Treinta y seis años después de su trágica muerte los lectores de sus obras todavía se hacen preguntas que nunca han sido contestadas debidamente. El escritor cuya característica fue el narrar en sus novelas y relatos con nombres ficticios su propia vida y la de los personajes que le rodearon, aplicaba en ellas su propia filosofía cargada del rencor y la melancolía que persistentemente le persiguieron.

Detrás de sus personajes se encondía el escritor bajo un disfraz que algunos de sus contemporáneos señalan ser producto de su propia inseguridad y dudas de sí mismo. Quienes le conocieron por años le vieron diferentemente tímido y ruidoso, bondadoso y diabólicamente cruel, enemigo de las guerras y constantemente armador de peleas, amante de los deportes de sangre. Corpulento y de anchas espaldas, agradable, fascinante sonrisa y descuidado al vestir, la presencia de Hemingway era inolvidable. Abusivo e injusto con las mujeres que le amaron, fue también tierno, sensible y hasta débil con otras que le desdeñaron.

Desde "Padres e hijos" donde relata su primera experiencia sexual con la indita Trudy (en la vida real Prudence Boulton) "sobre los leños de asbestos detrás del campamento" hasta sus historias juveniles, "Allá en Michigan", en que con la amiga de su compañera de colegio Marjorie Bump "logran hacer lo que ambos querían en el frío suelo del muelle detrás del restaurant", todos sus personajes aunque falsos, mantienen el calor de la vida real.

En cada uno de ellos esconde el escritor su peculiar característica y atrevida imaginación. Agnes, una pelirroja y bella enfermera, de buena figura, que conoce al escritor en un hospital donde éste se reponía de heridas recibidas durante la Primera Guerra Mundial fue su primer gran amor y desengaño. Aunque ocho años mayor que Hemingway, éste se enamora de ella en tal forma que hasta comienza a hablar de matrimonio. Después de ser Agnes trasladada a otro hospital Ernest recibe una carta donde ella dice estar enamorada de otro. En su novela "Adiós a las armas", el escritor desahoga en su personaje central, Catherine (Agnes), todo el rencor de ese duro golpe que no olvidaría por muchos años.

Al poco tiempo conoce a Hadley, que sería su primera esposa. Ella también es pelirroja, de buena figura y ocho años mayor que él, lo que deja ver la profunda huella que dejó Agnes en el escritor. Hadley como esposa aporta al escritor uno de los ingredientes que todo intelectual necesita para desarrollar su propia capacidad creativa, ecuanimidad. Con los viajes de la pareja a Europa, ya como corresponsal, comienzan para él sus verdaderos triunfos.

Al mismo tiempo que con la fama su vida se convierte en un libro abierto al público también se torna el escritor hiriente, duro y sarcástico. Aquel fiel amor que Hadley le ofrece no le es suficiente, y aprovechando que ésta tiene que permanecer en París con su hijo enfermo, Hemingway se escapa hacia España con Pauline, una amiga de Hadley. Allí ambos comienzan un apasionado romance que termina con su divorcio de Hadley; los amantes se casan y van a vivir a Cayo Hueso, Florida, donde compran una propiedad y un barco, "El Pilar", con una pequeña fortuna heredada por Pauline.

Aunque no es una mujer bella, Pauline, con su desahogada posición económica, trae a Ernest la tranquilidad de poder concentrarse en sus escritos al tiempo que entrega a éste ese cariño maternal que por tanto tiempo mucho necesitó el escritor.

En aquellos momentos Hemingway es famoso y conocido en todo el mundo, sus fotos aparecen en todos los periódicos, donde no escapan los chismes ...y algunas verdades. En sus viajes de pesca a Cuba conoce a una amiga de Pauline, Jane, quien es casada, de bella figura y es fuerte tomadora (otra debilidad de Hemingway), ambos se convierten en amantes. Llega a ser tanto el escandalo público de sus amores que en una ocasión Ernest tiene que saltar del segundo piso del hotel donde se encontraba con Jane ("Ambos Mundos", en la Habana Vieja) para no ser sorprendido por Pauline que se presenta en el lugar sin avisar. En su novela "La corta y feliz vida de Francis Macomber" el escritor retrata junto a su personaje central la historia de sus amores con Jane.

Hemingway encontró durante esta época de revelaciones públicas y periódicos sensacionalistas el terreno abonado para hacer crecer ante el público una imagen de su persona más grande de la que era en realidad, detrás de cuya sombra, camuflajeada como siempre, escondió su enigmática personalidad. Es cuando llega a su vida Martha, joven, bella e independiente, una "mujer espléndida". Su encuentro con ella en Madrid resulta fatal para su matrimonio católico con Pauline. Por gestiones de Martha compran una casa en las cercanías de La Habana, "La Vigía", vieja casona que se convierte en nido de amor de la pareja y donde Hemingway escribe novelas de la categoría de "Por quién doblan las campanas", "El viejo y el mar" y "Cruzando el río entre los árboles". Martha se convierte en su tercera esposa. Todo es maravilloso por algunos meses hasta que regresan al escritor los períodos depresivos y melancólicos de otros tiempos comenzando así el trato abusivo hacia ella. Cuando Mary llega a "La Vigía" ya Martha ha dejado a Hemingway para siempre.

Mary, que es corresponsal en Londres cuando Hemingway la conoce, se convierte desde su llegada a "la finca" en dueña y señora del lugar, todo rincón conoce de su mano y buen gusto. Se convierte en la sombra del escritor. Es tal su deseo de complacerlo hasta en su más mínimo capricho que con los meses permite dejar venir a otras mujeres a su casa, lo cual acepta con gran humillación para su persona.

Es cuando surge Adriana en la vida de Ernest; ella, una bella condesita italiana de 19 años que los Hemingway habían conocido en uno de sus viajes a Italia, él la invita a pasarse temporadas en la casona de La Habana y ella acepta con gusto. Aunque todos los biógrafos de Hemingway coinciden en afirmar que fueron relaciones amorosas sin ninguna consecuencia, ella logra el milagro de hacer regresar al escritor aquella llama y bríos literarios casi apagados en él.

Hemingway está de nuevo enamorado. En su novela "Cruzando el río entre los árboles", Adriana ocupa el personaje central (Renata) detrás del cual, como siempre, se esconde la ficción del autor y donde retrata relaciones amorosas que quizás nunca sucedieron. En sus memorias, Adriana comenta cómo el escritor llora ante ella desconsolado por no ser correspondido. Ella vuelve a Italia y se casa, él continúa su vida de viajes y estancia en la casona habanera.

En su novela "Islas en la corriente", el personaje central es Liliana la Honesta (en la vida real Leopoldina Rodríguez), una prostituta habanera, mulata elegante y bien educada según algunos que la conocieron. Hemingway, que la trató por años, muchas veces la llevó a "la finca". Cuando Leopoldina murió y a pesar, según rumores, de tener un hijo que ella había ayudado a hacerse médico, un solitario doliente que pagó por el funeral la acompañó hasta un viejo y oscuro cementerio de La Habana. Era un hombre corpulento, de anchas espaldas, tupida y canosa barba, vestía una guayabera de mangas cortas y anchos pantalones estrujados.

El 2 de julio de 1961, Ernest Hemingway introdujo los dos cañones de su escopeta favorita dentro de su boca y apretó el gatillo, terminando su propia vida tal como lo habían hecho su abuelo y su padre. Con todos los actores muertos, el enigma en la vida de Ernest Hemingway jamás será descifrado.