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Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 39, del 19 de enero de 1998

Editorial
Con la Iglesia hemos topado

Una de las mayores vergüenzas históricas de la religión católica es la larga secuencia de prohibiciones y actos de censura en contra de escritores, científicos e investigadores de lo humano, durante la época de la Inquisición. No es que en otros años, anteriores o posteriores, la censura y las persecuciones hayan sido menos crudas, pero la Inquisición fungió de "brazo armado" para la tiránica convicción de que sólo la verdad correspondiente a los entornos católicos era la verdad admisible, y tal organismo sobrevivió gracias a su oficialización por parte de las jerarquías religiosas, políticas y militares de la época.

Así que el anuncio de la apertura de los archivos romanos del Vaticano que guardan las acciones del Santo Oficio, da una idea de las transformaciones que están tomando los conceptos de verdad, mentira y verdad encubierta, a un paso del tercer milenio. Aunque ya desde hace unos años se ha venido dando acceso limitado a algunos investigadores, a partir de enero de 1998 sólo es necesario presentar una carta de presentación de una autoridad académica y otra de una autoridad religiosa, lo que permitirá a una cantidad difícilmente calculable de investigadores revisar procesos que hoy se conocen sólo por referencias históricas, y otros que quizás ni siquiera sospechamos.

En 1992, el que probablemente haya sido el caso más importante de los seguidos por la Inquisición, el que terminó por condenar a Galileo a causa de sus descubrimientos científicos, fue revisado y finalmente el científico "gozó" de una absolución algo tardía. Si tomamos en cuenta que estos archivos cubren un período comprendido entre el siglo XVI y principios del presente (ya que no sólo se dará acceso a archivos de la Inquisición, sino a otros procesos hasta 1903), los tesoros informativos que allí se pueden encontrar tienen un valor sin medida.

Una de las "atracciones" de esta apertura serán los índices de autores prohibidos. Pensadores que en el pasado expusieron sus ideas y que fueron censurados por la Iglesia por ir en contra de los principios que sus jerarcas impusieron durante siglos. Quién sabe cuántos escritores se convertirán, a partir de ahora, en molestos guerreros fantasmales contra el concepto y la aplicación general de la censura de las ideas.

Jorge Gómez Jiménez, editor


Post Scriptum

"Todo en el campo es rudeza;
pero a pesar del insano
tiempo que aviva el desgano,
por el horizonte malva
colgando estrellas al alba
va don Alonso Quijano".

César Rengifo, "Décimas a don Quijote" (1987).