
Por un caballo no deberían matarme. Se los he dicho, tengo mujer y un hijo pequeño. Por un caballo, sólo por eso, quieren matarme. ¿Dónde está Dios?, ayúdame. De manos atadas me montan sobre otro caballo, o el mismo, qué importa. Lo llevan hasta el árbol, a la soga, a la muerte anudada en trece vueltas. Y mi mujer, y mi hijo, ¿qué será de ellos? Déjenme. Por favor, déjenme.
Cierro los ojos e igual veo, igual oigo, igual siento. La mano se alza y toma vuelo para golpear el cuarto del caballo. Junto al grito, el golpe. Junto al galope viene mi muerte.
He errado, han fallado. El caballo galopa y yo sigo en él. El caballo corre y corre y yo sobre él. Me atrevo a mover mis manos y están libres. Tomo las riendas y detengo al animal. Volteo y sólo veo la figura de una mujer de rodillas junto al árbol. Colgando de éste, en el lugar donde debería estar yo, hay un cuerpo.
Al ver que está sola me dirijo a ella. Faltando unos pasos me detengo. Esa mujer es mi mujer, ese cuerpo es...
La tristeza es profunda. Mi ángel se aparta, se aleja y retira. Apenas esta mañana lo supe. Kyra me lo dijo, fui al centro y la vi desde tribuna. Antes de saltar al foso volteó y miró hacia mí. Luego se lanzó para ser concebida como ser humano. En algún momento ya no seremos suficientes y entonces ellos dejarán de nacer vivos.
Un día cualquiera de noviembre decidió ser libre, abandonar su forma de vida, adquirir notoriedad, poder y significado. Para todo esto: la usurpación como medio, la soledad como compañía.
La noche de mayor calma y silencio fue la noche de la vigilia antecesora del intento. Antes de que los demás despertaran había que tomar control, y avanzar sin tomar prisioneros.
Así lo hizo. Antes del amanecer se apoderó del oído. Dudó unos segundos pero luego de degustar los sonidos reales (no sólo imágenes de recuerdo) se decidió a continuar. Poco a poco controló y aprendió a utilizar músculos. Paso a paso abrió los ojos y descubrió lo que era un mundo real. Por minutos sólo movió los ojos, enfocó y desenfocó. A diferencia de los recuerdos, estas imágenes se precipitaban y eran incontrolables, no se podía retroceder o congelar. Pero eran maravillosas, vivas, con colores y detalles insólitos.
Se levantó con su nuevo control del cuerpo, caminó unos metros y sintió el murmullo; un murmullo que no provenía de ningún sentido. Era el murmullo de los demás, de la conciencia que despertaba y volvía por su control. Ya no podía hacer mucho, no era hábil ni lo suficientemente fuerte. Todo se ensordeció, encegueció y entumeció. Antes de ser descubierto decidió alejarse del control y volver a ser sombra y recuerdo alimentado por recuerdos. Luego reuniría fuerzas y lo intentaría hasta conquistar; aprendería a tener control sin ser descubierto, poco a poco.
Cuando Lucciano despertó no estaba en su cama; estaba en el sofá. Primera vez que caminaba dormido, pero en esta familia era común ser sonámbulo.