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Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 42, del 2 de marzo de 1998

Sala de Ensayo


La situación de lo español en Grecia

Apostolos Zoiopoulos

Grupo escultórico, serie: De los oráculos. Bronce. Miguel Sanoja Hace años, en este extremo del Viejo Continente, la palabra "España" hacía referencia a una realidad borrosa de un país situado en el lado opuesto del mismo continente del que sólo se conocían los toros, las corridas y, claro está, el "flamego" (sic): así se llamaba a cualquier tipo de música española reconocida casi a ciegas por el ritmo característico del guitarreo. De todos modos, lo que aquí se reconocía como español resultaba agradable y alegre. Sin embargo, lo más probable, en una época en que la televisión todavía no se había generalizado, es que casi nadie hubiera visto una corrida de toros con sus propios ojos ni supiera tampoco que no toda la música española era "flamego" (sic). En última instancia, en aquella época la circulación de la información era mínima y todavía más limitado y difícil el intercambio cultural.

Así las cosas, las historias de la Grecia y de la España modernas convergieron en unos acontecimientos que han condicionado su existencia social y su desarrollo hasta el día de hoy. Ambos países sufrieron un período de poder totalitario del que ambas se liberaron casi al mismo tiempo. Razón por la cual creció y se afianzó la simpatía de los griegos hacia los españoles. De hecho, a partir de entonces cambiaron muchas cosas en Grecia, que se vió bombardeada de noticias sobre el resto de Europa y el mundo entero. De modo que, evidentemente, todo lo que ocurría en España llegaba a Grecia y quien quisiera podía mantenerse informado y formarse una opinión al respecto. Además, la adhesión de España a la Unión Europea hizo que ambos países, por su condición de mediterráneos y semejante nivel de desarrollo, aunaran reivindicaciones bajo una bandera común. Poco a poco se fueron importando productos españoles, tanto materiales, como intelectuales, y se fue conociendo mejor España. Si se le pregunta actualmente a un griego lo que los españoles representan para él, es bastante probable que conteste que son "amigos, que los españoles son personas amables, alegres y de carácter parecido al nuestro". Esta opinión es general y sincera. Y se deduce de la mucha información sobre España que llega a nuestro país a través de la televisión y de la prensa.

No obstante, es preciso subrayar que, ya desde mucho antes, había una serie de sectores como, por ejemplo, el de la literatura hispánica, que eran conocidos aunque fuera a medias, por la gente culta y el público lector con formación universitaria de nuestro país. La poesía española e hispanoamericana ha tenido siempre mucho éxito gracias a las traducciones de obras mayores. Federico García Lorca, cuya primacía siempre ha sido evidente, destaca entre los poetas más apreciados y entre los primeros que fueron traducidos al griego. Ese interés lo corrobora el hecho de que desde primeros de año ya hayan aparecido en la prensa varios artículos dedicados al Año de García Lorca. También se tradujo a Lope de Vega y a Pablo Neruda y a muchos otros en proporción variable. Ciertamente, el que muchos de esos poetas prestaran sus versos para componer canciones de gran éxito en los años setenta contribuyó en gran manera a darlos a conocer.

Sin embargo, si bien la literatura hispanoamericana ocupó de repente un puesto de honor entre las obras literarias traducidas al griego, no ocurrió lo mismo con la literatura española. Aun hoy, aparte del repertorio clásico, el número de obras literarias españolas contemporáneas traducidas al griego es ínfimo. Sólo recientemente destacan las de autores como Eduardo Mendoza, Antonio Muñoz Molina y otros. Pero quizá ya se hayan superado los obstáculos que impedían la circulación de la publicidad desde España.

La prensa española, por el contrario, tardó en cruzar las fronteras de nuestro país. Al principio, sólo llegaba a Grecia El País, pero hoy en día ya se encuentran en los quioscos el ABC y La Vanguardia y revistas como Cambio 16 y Época o revistas del corazón como Diez Minutos, Gala, Mía y Hola. Asimismo, las librerías empiezan a contar con obras de autores españoles y sudamericanos, tanto contemporáneos, como clásicos. Cabe, pues, suponer que el interesado dispone ya de una amplia oferta donde escoger para informarse sobre la actualidad española y mantener el contacto con el idioma.

Por lo que a otros ámbitos se refiere, tales como el del arte cinematográfico, el único representante del país que da una imagen cabal de la España actual es Pedro Almodóvar. El hecho de que las salas se llenen hasta los topes con sus películas da idea de la preferencia del público griego por el cineasta español. Las bandas sonoras de sus películas se agotan en pocos días.

Por otro lado, a partir de los años setenta a los griegos les dio por aprender español. Por aquel entonces, la sociedad griega estaba más al tanto de lo que ocurría en América Latina que en España. Eran muchos los griegos que consagraban su tiempo a obras consideradas entonces revolucionarias, especialmente, latinoamericanas. Se ponía música del tipo melódico griego a obras de poetas latinoamericanos -si eran exiliados, mejor- y se daban recitales por todo el país. Grecia, recién salida de un período de administración totalitaria y dominada por un fuerte sentimiento de liberación, vivía embriagada por la victoria e ilusionada con todo lo que desprendiera olor de revuelta. Cabe suponer que, antes de que el español se convirtiera en una de las lenguas oficiales de la UE, el interés por el mismo obedecía a este tipo de sentimientos, aunque evidentemente hubo quienes empezaron a aprender el español simplemente por ampliar sus conocimientos o porque ya sabían inglés y francés, cuya preeminencia en Grecia es obvia. Hoy en día, sin embargo, son ya muchos los que han aprendido y aprenden español, que se ha convertido en una de las lenguas extranjeras más estudiadas y conocidas en Grecia. A ello y a la difusión de la cultura iberoamericana han contribuido las escuelas de español. El Instituto Cervantes, financiado por el gobierno español, abrió brecha en el ámbito del contacto intercultural. Al principio con pocos estudiantes, y ahora con más de los que cabía imaginar, se acabó convirtiendo en el principal reducto de la hispanidad. En la actualidad, aparte de los cursos de lengua, civilización, literatura y traducción que ofrece a todos los niveles, el Instituto Cervantes lleva a cabo una multitud de actividades tales como la organización de obras de teatro, conferencias, exposiciones etc. En este sentido obran también las demás escuelas de español: la Sociedad de Estudios Hispánicos "Miguel de Cervantes" fue pionera en la difusión de la cultura hispanoamericana montando obras de teatro, organizando fiestas y publicando libros y revistas sobre temas de cultura hispana y griega. Las demás escuelas se muestran también muy activas en el terreno extraescolar y extradocente.

Al mismo tiempo, ese interés por lo hispánico en Grecia hacía aumentar el número de miembros de la comunidad española en el país, hecho que revertía en el mayor número de actividades de carácter hispánico, principalmente el pase de películas en español. El incremento de dichas actividades obedece a las idas y venidas de quienes acuden a Atenas para cubrir las necesidades docentes de lengua española y de quienes se han afincado definitivamente en el país. No deja de causar extrañeza entre los griegos el que a esos españoles les guste tanto Atenas y que muchos de ellos se ilusionen con la idea de vivir aquí.

Podemos pues afirmar que la cultura española en el sentido más amplio de la palabra se ha abierto camino en Grecia y que comparte una importancia y despierta un interés comparable al de otras lenguas extanjeras. Cabe añadir que el que el español se difundiera tan rápidamente en Grecia resultó fructífero para ambas partes si bien lo griego sigue careciendo de iniciativas serias para conseguir una difusión similar y poder ser incluido entre las culturas conocidas no sólo en España, sino en el extranjero en general.