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Edición Nº 48 1 de junio de 1998 |
"...yo soy de esos agentes que se corrompen con los crepúsculos, los que creen en la vida".
("Hombre mirando al sudeste", Eliseo Subiela)
Aquella mujer visitaba las huellas de mi cuerpo,
Aquella mujer imposible que todos soñamos desnudos
dentro de otra mujer que hacía lo posible
por cambiar las señales de tráfico
de otro cuerpo de mujer al nuestro.
No queda otro recurso que amarla como lo hace el hijo de un hombre,
con el permiso de los fieles difuntos
que distinguen la vida de una mujer
a la historia de un país.
Sólo los perros difundieron mi difunta muerte,
una mujer zarpaba desnuda desde mi cuerpo a donde yo no sé,
un perro mordía dulcemente los senos
de aquella mujer que desayunaba en su boca
mi última palabra,
La busqué desde todos mis puntos cardinales,
falsifiqué la voz de un árbol y le ofrecí un libro
pero ella no sabía hablar en poesía,
hoy sería un perro si aquella novia se llamara luna,
mis cinco dedos cardenales
todavía recuerdan el monasterio de aquella isla
desde donde un día naufragué a la vida.
Oficios
Uno va dejando puertas y puertos,
palomas y palabras,
sombras y sobras,
hasta que llega el día en que te abandonan,
de amante a portero del culo de tu última mujer
que se mueve y aleja diciéndole adiós a Dios.