Letras de la Tierra de Letras - La poesía y la narrativa de Hispanoamérica
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Edición Nº 56
5 de octubre
de 1998

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El supremo

Ricardo Iribarren


I. Descripción del supremo

El castillo del supremo
se levanta en los confines del mundo
Nunca salió de allí,
aunque lo han visto desdoblarse
y batirse a duelo en Singapur
alternar en el medio isabelino
o contestar a entrevistas periodísticas.

Desde la distancia,
cuando se llega a sus enormes extensiones
puede verse entre almenas
su figura pequeña y poderosa.
Parado entre dos bastos
sostiene un mundo entre sus manos.

A veces
el supremo se vuelve a aquello que ha creado:
seres que hablan de Dios,
que elaboran proyectos;
seres que aparentan ser crueles
que se sientan a escribir sobre troncos quemados
que transcurren entre ríos
formados por la saliva del supremo.

Pero casi siempre
el supremo mira a la distancia
las enormes marmitas
que nadie ha colocado
que nadie quitará
Los ojos del supremo
se pierden en hervores a lo lejos
(Sólo él sabe
que los lejanos pucheros
están afuera
están adentro
bullendo detrás de sus costillas)

Su planeta, su imperio es diminuto
pero es suyo.
Debe mostrar sus garras,
defenderlos.
Hay enemigos fuera
en los recónditos poros
del aire de junio
Hay enemigos dentro.
Cada risa de uno de sus súbditos
puede ocultar un llanto,
un grito de terror,
un insulto...
Cuando ve más de cuatro conversando
los separa con un gesto de su dedo.

De vez en cuando
—siempre con la mirada perdida en la distancia—
se escucha el grito furioso del supremo.
"Deben saber quién es el amo,
quién ha trabajado más que nadie
para fundar un universo".

Sólo el propio supremo
se sabe tan pequeño,
tan débil
que hasta podría matarlo
el roce de la espina de una rosa.


II. Intimidades del supremo

El supremo emite diariamente
decenas, cientos, miles de sus clones.
La réplica de uno de sus índices
se aloja en el virtual mundo que sostiene
parado eternamente en la terraza
de su palacio colosal.

Él habla por la boca del supremo

Él se dice su dedo ejecutor
y dirige a los inquisidores
ante cualquier provocación. En tanto
muestra su sonrisa,
su camaradería
en la blanca araña que no existe
y sin embargo permanece
en los poros del alba.

Lo cierto es que el supremo
desparrama sus clones por el mundo. Casi siempre
con corbatas,
finos trajes,
celulares.
Hacen convenios con universidades,
se estresan
y tienen conexión telepática
con Él que espera solitario
(un poco triste)
en la azotea del castillo.

Cuando atardece
los gritos de los guardias
ordenan elevar los puentes,
alimentar a las fieras en los sótanos
y el supremo
—agotado por una jornada de trabajo—
va a su cuarto.
Elige una bella muchacha
y la obliga a mirar sus expresiones.
Él es la ira,
el odio,
la alegría,
el terror fantasmal,
el dolor del mundo.
Por eso es el supremo
porque pasan por sus ojos y su rostro
todas las emociones.
Hasta la última
La que llaman la expresión-espejo
en donde la muchacha
ya en el colmo del miedo
se encuentra con las profundidades de sí misma
en un rostro que se convierte en aire,
en vidrio que refleja,
anuncios de futuro.
Cuando el supremo ensaya la expresión espejo
diez pájaros mueren en las ramas
y a lo lejos
un barco se encalla
y la muchacha
enloquece o muere
y esbirros con túnicas negras
retiran el cadáver o el rostro sin conciencia
a las mazmorras.
A alimentar las fieras.

Entonces el supremo
se duerme como un niño
con sus manos blancas,
casi sin líneas de futuro
a pesar del trabajo grotesco,
pesado
insidioso e ingrato
de uno de sus días
que ahora cuelga blanco y descarnado
de su pálida noche.


III. Atributos del supremo

Rhamakrasatamanta
hace ya muchos siglos
predijo la llegada del supremo
y enumeró sus atributos
SUAVE.
INTENSO.
CALMO EN SU IRA.
SILENCIOSO EN SUS GRITOS.
SERENO EN SU ODIO.
BLANCO.
NEGRO (por exceso de luz, no por ausencia).
QUEBRADO EN SU INTEGRIDAD.
SANO EN SU ENFERMEDAD.
y sobretodo
CLEMENTE EN SU CRUELDAD SIN LIMITES.


IV. El supremo castiga

Fue cierto descuido; quizá algún brillo
quizá la noche
en que frente a su expresión espejo,
una muchacha —la más hermosa del palacio—
se quedara impertérrita
y besara los labios de viento
de la mirada del supremo
Después se desvaneció en el aire
El supremo envió a todos sus clones
que no pudieron encontrarla.
En tanto,
alguien había conjurado
iniciando reuniones,
conciliábulos
en la sólida noche de las virtualidades.

En su furia del amor despechado,
el supremo se volvió hacia su mundo,
ordenó las cosas
moviendo hábilmente sus dedos
y tomó al cabecilla
Lo encerró en una casa
sometido a su fiel dedo-araña
El prisionero
se asombró al ver que le hablaban,
que alguien se inclinaba, se postraba
que le llevaban sus libros preferidos...
hasta que un día
aquello terminó.
Sólo un plato de arroz debajo de la puerta,
y las miradas frías
de una sirvienta china.

Después de varios días,
un grupo de soldados
lo sometieron a brutales golpizas.
Diariamente,
a cualquier hora,
le clavaban agujas,
cortaban sus costados
con piedras afiladas,
simulaban fusilarlo
con balas de salva...
y luego
súbitamente,
el afecto, el rendirle homenaje,
el montar un altar en su nombre.

Y así pasaron las semanas.
Cariño.
Indiferencia
Castigos feroces
que se alternaban como las estaciones.
Una noche
el prisionero se quebró.
Lloró,
llamó a los gritos
pidiendo ser llevado ante el supremo.

"Mi voluntad es tuya
—clamó—
"haz de mí lo que quieras"
Dedo-araña miró al supremo con inteligencia.
Ambos comprendían
que el hombre estaba destrozado,
que había llegado al punto
en que su mente y sus afectos
navegaban como naves sin brújula,
que tormentas indecisas,
feroces,
se desataban por todo su cuerpo
mientras retorcía sus manos y sus piernas.


Discurso del supremo

"La cultura espectáculo
es para unos pocos
que la disfrutan en escaso tiempo.
Todo llega hacia mí.
El joven, el viejo,
el canto de los pájaros,
los ruidos de los trenes...
van pasando por calles solitarias
por ideas erradas
y culminan en mí como pequeños arroyos
que acaban en un río.
Te levantaste contra mí
sin saber que tu odio
era la cara de tu amor,
de tu sumisión
de tu devoción.
Todo el que me persigue
me ama profundamente,
porque su férreo cauce
es ser uno conmigo"

El hombre lo miró.

"Supremo —dijo— has hecho mucho por mí"

"No es así —dijo el supremo—
Lo que vale
es lo que quiero hacer
lo que haré
lo que sientes que siento hacia tu hambre,
hacia esa pena que se abre
y te recorre las arterias.
Mis intenciones que son las del supremo
son sólidas como las rocas del palacio.
Yo no te he dado nada y todo te lo he dado.
Ahora volverás con los tuyos
y me vivirás cuando salga la aurora
y pedirás por mí
cuando se pongan los soles"

El hombre
con sus hombros cargados,
vacío por adentro
miró por un momento
el rostro del supremo
que iba llenando sus costillas.
Se alejó custodiado por los guardias
sin pensar en conjuras.

En tanto el supremo
volvió a la azotea del castillo
tomó su imperio tan pequeño
que cabía en una de sus manos
y siguió mandando ejércitos de clones
a todos los rincones de la tierra.


       

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