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Edición Nº 56 5 de octubre de 1998 |
a J.C.
por abismos repletos de hojas amarillas
nos queda esta vida andada y desandada
con agónicas certezas
Somos dueños de dolores seculares
grietas inmensas que empezaron
en paredes anteriores a las nuestras
de una razón cavilante que no cesa
fluyendo de mi mano a tu mano
y viceversa
y de un amor intacto
rebelde y filibustero
que se desvela resucitando mundos homicidas
que siempre sueñan volver distintos
mientras el cuerpo se nos va cubriendo
con pétalos de bandoleras
hemos reinventado la vida de un pájaro
que mientras llora
vuela.
Valencia, 1998
Carta a mi padre
¿Con cuál miedo te digo
que no me detengo?
¿Con cuál palabra?
¿Con cuál voz?
Si el que habla
se forjó en el silencio
Pero
encontré tus signos
tus huesos
hechos de papel, saliva y viento
y le puse a mi alma de yelmo
un caracol
Te leí
escondido en los espejos
y llegué
repleto de lluvia
con un pájaro en la mano
Dispuesto a continuar de nuevo
Tengo la memoria atada a un colibrí
y un corazón entre dos aguas
que bracea
con caracoles amarrados en los pies
Se hunde
respira
Se vuelve
a hundir.
Quién tuviera un alcatraz
un cóndor
algún ave de rapiña
para haber visto desde arriba
en el mar de los recuerdos
la resaca.
(Sin título)
Estoy de pronto
agolpado contra el cielo
como esa lluvia que no termina de caer
esperando el último trueno
para desplomarme en furia
sobre las áridas cárcavas
sedientas de aguacero
Corazón de agua
vertiéndose silencioso
en la arboleda azul
Gigantes grises con raíces
encajadas en mi sien
Este bosque que soy
esta lluvia que soy
esta tierra que seré.
(Sin título)
Cómo puede
una cabeza que gira
a velocidad de tornado,
alcanzar el sueño imperturbable
de los hombres buenos
Los que tenemos corazón de mercurio
damos vueltas sobre el mismo eje
vueltas y vueltas
sobre una almohada en desvelo
Manía violenta de tener los ojos abiertos
tan abiertos que duele
tan cerrados que abiertos
los párpados caen
la sombra les pesa
y comienza otra vuelta de tuerca