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Edición Nº 58 2 de noviembre de 1998 |
Resulta imposible abstraerse de la historia. Esta verdad ineludible debería bastar para arroparnos a todos, en momentos en que España, Inglaterra y Chile mantienen al mundo hispano en vilo ante la posibilidad cierta de que Pinochet, uno de los dictadores emblemáticos de Latinoamérica, sea juzgado y sentenciado como muchos de nosotros esperamos.
Dado el primer paso para quebrar el piso sobre el cual se sostiene el senador Pinochet, esperamos en la Tierra de Letras que se haga realidad la posibilidad de un juicio por los crímenes cometidos. Pinochet representa para los americanos una suerte de vergüenza y, a la vez, una enorme interrogante: ¿es admisible la ruptura de los más básicos derechos del hombre en aras del desarrollo económico? ¿Se puede disculpar al responsable de tantas "desapariciones" con el argumento de que la estabilización de la economía requiere un orden férreo?
En la Tierra de Letras creemos que no. Y citamos a Cortázar, quien en alguna oportunidad escribió:
Región de manos sucias de pinceles sin pelo
de niños boca abajo de cepillos de dientes
Zona donde la rata se ennoblece
y hay banderas innúmeras y cantan himnos
y alguien te prende, hijo de puta,
una medalla sobre el pecho
Y te pudres lo mismo.
Hasta nuestros amigos chilenos, y a todas aquellas personas que han sufrido el rigor de los regímenes inhumanos, un estrecho abrazo desde la Tierra de Letras.
"Frente a mí, antes de escribir, la confusa alquimia: gato de escasa
pelambre, colmillos horizontales, ojos de lechuza, garras. Su cuerpo avanza
en trozos inconexos. Se contorsiona. Hay algo de femenino y mordaz en sus
artes más carnosas. Exhibe un rosado maloliente que relame con gusto. Se
bebe en la efervescencia. Se mastica glorioso. Relame en lentitud
satisfecha las frases escritas".
Jacqueline Goldberg, "Carnadas" (1997).