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Letralia, Tierra de Letras Edición Nº 80
18 de octubre
de 1999
Cagua, Venezuela

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Letras de la Tierra de Letras

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Crónica posmoderna de una historia ciudadana

Guzmán Bañales


Personajes

Un periodista (Jorge). Soltero, conservador, que no tiene pareja y le es difícil enamorarse por no confiar en sus propios sentimientos.

Una prostituta (Roxana). Se enamora del periodista, pero con gran desconfianza sobre el amor, dada la coraza creada para sobrevivir.

Un peluquero (Regis). Es gay. Posee una faceta de actor reprimida, y la loca esperanza de encontrar alguna vez a alguien que lo ame a través del mismo amor que él puede llegar a sentir.

Roxana y Regis conviven en un cuarto de pensión.


Idea a desarrollar

El periodista va a entrevistar a Regis y conoce a Roxana, quien comienza a gustarle y a seducirlo muy lentamente. Aunque se niega a aceptarlo, o acercarse a ella por ser una prostituta.

En una de las últimas entrevistas, Regis no llega a tiempo y Roxana recibe al periodista, pues conoce bien a su amigo como para responder algunas preguntas sobre su vida.

Sale entonces con el periodista a tomar un café. Terminan en el apartamento de él, contándose cada uno su vida. Es una noche de verano muy calurosa.

Ella está muy sensible. El periodista le prepara un té y le pregunta sobre la cantidad de azúcar que desea. Ella se afloja y empieza a llorar ante tanta atención brindada sin existir dinero de por medio.

Duermen juntos.

A la mañana siguiente el periodista no acepta lo sucedido y la hiere para alejarla de su lado, porque siente miedo, o algo parecido.

Ella se va indignada, mandándolo al demonio.

Tras esto Roxana decide apartarlo (a Jorge) porque no quiere abrirse a esos sentimientos desconocidos y tan cautivadores.

Él (Jorge) lucha en su interior contra la propia contradicción cultural.

Pero luego toma conciencia del amor incipiente que está sintiendo y acude a Regis, para que lo ayude a recuperar la atención de Roxana.

Regis lo ayuda solamente para volver a ver a Roxana feliz. Escribe entonces una carta (como la que a él, Regis, le hubiera gustado recibir, como receptor femenino), para que Jorge se la entregue a la muchacha.

Tras esto ella le cuenta a Regis lo emocionada que la dejó la misiva conciliatoria, sin imaginar que su amigo es el autor de la misma y que también (Regis) está enamorándose del periodista. Le pide que la ayude a redactar la respuesta. Regis la contempla feliz, y decide dictarle una carta que habla de los dos amores juntos, el suyo (que Regis está sintiendo por Jorge) y el de Roxana, sin que se note la intromisión de un tercero.

Pasa el tiempo y las cartas van y vienen, con el mismo autor siempre.

Roxana se va prendando cada vez más del hombre que le escribe esas palabras tan anheladas, pasando casi a un segundo plano el periodista real.

Jorge finalmente percibe que no es a él a quien ella ama sino a Regis, pero no puede decírselo porque sería absurdo.

Regis a su vez se da cuenta de la contradicción y no escribe más cosas.

Ella entra en crisis por haberse abierto por primera vez ante alguien y sentir que pierde pie ante el abrupto silencio epistolar.

Él (Jorge) se desespera porque siente que la pierde de nuevo y le vuelve a pedir ayuda a Regis.

Regis lo escucha y le cuenta sus propios sentimientos pero proyectándolos en ella, asegurándole que no la perderá.

Jorge asume plenamente el amor por la mujer que Regis le describe.

Tras eso Regis se encuentra con Roxana y le cuenta de la belleza subyacente en ese hombre que teóricamente le ha escrito tantas cartas.

Ella al oír a su amigo hablar así se siente segura y acepta también todo su amor por ese hombre que Regis le menciona.

Se reconcilian.

Finalmente la noche en que ella está por mudarse con Jorge, están en la habitación de la pensión los dos de pie, uno frente al otro sin saber qué decirse. Regis la abraza y como despedida repite un párrafo de la obra de teatro que hicieron juntos, en un tablado, el carnaval anterior (Cyrano de Bergerac*, y que fue el motivo de la aparición del periodista en la vida de ambos, investigando al protagonista de esa parodia que trascendió lo barrial).

Ella llora y le pide que le desee toda la suerte del mundo.

Regis le da todos sus ahorros. Ella se niega al principio pero los toma, pues ya casi no tiene dinero porque hace mucho tiempo que no ejerce en las calles.

Roxana se marcha.

Jorge esa noche la lleva al mismo café donde fueron la primera salida, y comienza a contarle lo que descubrió sobre el largo diálogo amoroso escrito.

Pausado, en un monólogo que ella al comienzo se niega a escuchar porque está completamente feliz; pero lentamente las palabras van salteando su frontera de plenitud y comprende lo sucedido.

Le da la verdadera dimensión a Jorge, y la inmensa a Regis.

Comienza a llorar al darse cuenta que él no es el hombre al cual ama realmente, conjugando la frustración de descubrirse amando al sector masculino que resta en Regis.

Jorge no sabe qué decir.

Le propone seguir con la idea de la mudanza para su departamento, porque confía en que lleguen a conocerse y a amarse en realidad.

Ella le dice que quizás sí, porque quiere que él la enamore por lo que ella realmente es, pero esa noche no, ni las siguientes.

Ya que en ese momento tiene algo que hacer.

Se levanta y se va.

Llega hasta el cuarto de la pensión y antes de entrar escucha que Regis tose adentro. La luz está apagada.

Roxana entra y se desviste completamente.

Regis la reconoce por el perfume que él le regaló para la primera noche del comienzo de su felicidad. No dice nada.

Ella se acerca a la cama de él y se mete entre las sábanas, abrazándolo.

Regis comienza a llorar en silencio liberando la terrible angustia encerrada en su pecho desde tanto tiempo atrás.

Se abraza a ella, y así están toda la noche sin moverse, sintiéndose la única mujer y el único hombre, bajo un cielo estrellado a más no poder.

Se aman como una sola persona.

Ella abraza al hombre que no puede ser, y él a la mujer que nunca será.


Fragmento tentativo

Situación: Jorge está entrevistando a Regis por primera vez, en su cuarto de pensión.

Roxana está presente.

—...No, no soy actor. Remplacé a un amigo que cayó enfermo. Él había venido tantas veces a ensayar aquí que me aprendí el libreto de memoria.

—Cuando te vi por primera vez no me agradaste. Me mirabas raro —lo interrumpe Roxana.

—Era por culpa de la nariz postiza, me hacía mirar de costado —se ríe.

(Jorge quedó excluido del diálogo, y los escucha sin decir nada).

—De mi personaje tomé el nombre de Roxana.

—Te queda mejor que el verdadero.

—Regis, que malo sos.

—Es una broma, sabés que te quiero muchísimo. No te enojes. ¿Te acordás cuando me hacías creer, por unos minutos, que me amabas? —pregunta mientras le extiende la mano.

Roxana se acerca a tomarla, cierra los párpados y recuerda.

—Sí... a ver...:

    "...Cyrano...
    De nuestra niñez, el suave
    recuerdo me da valor.
    Escuchad: yo siento amor
    por un hombre...".

Regis endereza el porte y responde, comenzando un diálogo fluido:

    "—¡Ah!...
    —Que no sabe
    que yo le ame...
    —¡Ah!...
    —Mas saberlo
    debe pronto, si lo ignora.
    —¡Ah!...
    —Es un joven que hasta ahora
    me amó sin osar hacerlo
    ostensible, ni aún hablar...".

(Regis retira la mano de entre las suyas)

    "—¿Por qué retiras la mano?
    ¡Pero estáis febril, Cyrano!
    Su amor he visto temblar
    en sus labios... ¡Mi alegría
    calculad!".

Están completamente olvidados del periodista. Recitan sus letras sonriendo, mirándose intensamente. Regis pregunta:

    "—¿Sí?
    —¡Mi contento..!
    ¡Sirve en vuestro regimiento!
    —¿Qué..?
    —¡Y en vuestra compañía!
    De amor y de gloria ansioso
    el genio brilla en su frente
    es noble, audaz y valiente
    es joven y hermoso..."**.

Sobreviene un silencio. Se rompe la magia. Regis ríe con ganas.

—Sigues haciéndolo bien, Roxana... Y no me mires así que me olvido que soy Regis y no Cyrano.

—Es que yo me enamoré de tu Cyrano, realmente. Aquí entre nosotros te cuento que Cristián, mi pretendiente en la obra, me importaba un pepino. Estaba esperando que llegaran nuestros parlamentos. Cada frase de Roxana era mía. Fue tan lindo..., el poder pronunciar esas palabras de amor mirando a los ojos a un hombre y saber que no estaba mintiendo... —vuelve a vestirse.

El periodista carraspea, incómodo por la exclusión sufrida...


Fragmento tentativo

Situación: La mañana siguiente a la primera pelea entre Jorge y Roxana.

Regis ya escribió la primera carta.

—Roxana... ¿Aún duermes, Roxana?

Era ese, al menos, el pequeño gesto de solidaridad que podía tener con ella, y evitar decirle que su llanto apagado por la almohada, durante horas, le había espantado el sueño.

Eran amigos desde hacía tanto que cada uno conocía el momento para acercarse, abrazar, preguntar y escuchar.

La luz y los ruidos habituales de la pensión oficiaban como límite entre aquella oscuridad triste y el prometedor día.

—Roxana —repitió—. ¿Estás despierta?

—Sí... —su voz llegaba desde el fondo del abismo. Pocas veces la había escuchado así en todos los meses de convivencia.

Olvidándose de la estrategia planeada, salió de su cama yendo a sentarse al costado de la muchacha, que no se movió.

Ella miraba la pared, no se había desvestido y su cabello estaba revuelto. Por sus mejillas notó los surcos dejados por el llanto y el maquillaje.

Él conocía de esos dolores, o por lo menos parecidos.

—Mi Roxana... —murmuró mientras le acariciaba la cabeza—. ¿Qué te han hecho, mi muchachita mágica?

Fue como haber abierto una compuerta, porque bruscamente ella giró en la cama y escondiendo el rostro en su regazo comenzó a llorar como si no lo hubiera hecho antes.

Ante tanta tristeza se le cerró la garganta, y tuvo que concentrarse en los recortes pegados en la pared, en las fotos de seres sonrientes a prueba de las penas encerradas en aquel cuarto de pensión.

Cuando los sollozos se calmaron, ella comenzó a hablar como para sí misma, pero sabiendo que él la oía.

—No puedo, no puedo hacerlo. No sé hacerlo. La vida con amor no es para mí, duele demasiado. Nadie me había dicho que pretender quererme traería esta tristeza. Jorge no tiene la culpa, soy yo... Fui quien hace mucho tiempo tomó este camino que no conduce a ningún lado, y ahora debo retomarlo olvidándome todas las tonterías que quise creer. No es él, no es nadie, soy sólo yo la que debe regresar a la oscuridad de la noche, a los ojos que no miran, a los labios que no besan y al cuerpo que no siente. No sé hacer otra cosa, nadie me enseñó, y ya es tarde... No tengo fuerzas para subir la montaña que se presenta frente a mí. Él me hirió al decir lo que me dijo. Me dolió de una manera, Regis, de una manera que no sé explicarte. Pero sus palabras no fueron erradas, simplemente dijo las cosas como son. Nunca seré alguien como para que él me respete. No me merezco nada... Regis, me quiero morir... —y el llanto llenó de nuevo la habitación.

Con un profundo suspiro, y eligiendo con cuidado las palabras le respondió de igual manera, como hablando consigo mismo, pero sin dejar de acariciarle la cabeza.

—Recuerdo una vez, hace tiempo, cuando una noche en una reunión me enamoré del hermano de una amiga. Yo aún no me conocía bien, y aquel sentimiento me dio miedo y desesperación porque no era lo que yo creía que debía sentir. Lo miraba sin que él lo notara, aterrorizado porque alguien más pudiera leer mis ojos. No llegué a hablarle porque me sentí totalmente indigno de mí mismo. Estaba fallando con lo que se suponía que debía de sentir cualquier hombre. Me sentí un monstruo que merecía morir debajo de un puente, porque la felicidad y la vida no eran para un tipo tan despreciable como yo. Aquella noche lloré de regreso a mi casa, porque en el espejo del baño me vi a mí mismo y no tenía nada diferente. Me asustó tanto ese impulso que había percibido y que había logrado vencer a duras penas: las ganas de decirle de frente que estaba enamorado de sus ojos y de su sonrisa. ¿Te imaginas lo que hubiera sido?

Hizo una pausa, Roxana lo escuchaba.

—Pero el tiempo pasó, y más adelante logré comprender que la esencia del ser humano está más allá del entorno, de la apariencia y del uniforme que llevemos. A los meses me lo encontré, a este primer amor platónico, en pareja con otro amigo.

Roxana sonrió, olvidándose por un momento de sus lágrimas.

—¿Le dijiste que te habías enamorado de él, en aquella reunión? —preguntó.

—¿Estás loca, Roxana? ¿Querías que su pareja me sacara los ojos? Era un tipo de unos dos metros y cuadrado como un ropero.

Roxana rió con ganas durante algunos segundos, y girando su cuerpo miró a Regis a la cara.

—Sos tan bueno conmigo, "Re", tienes el poder se sacarme de los pozos más hondos, solamente con tus palabras, pero esta vez aprendí la lección, voy a olvidar a Jorge y...

—Roxana —la interrumpió, mirándola a los ojos—, anoche él vino hasta aquí, antes de que llegaras, y te dejó una carta.

Fue como si aquel cuerpo acurrucado hubiera recibido una descarga eléctrica. Una catarata de palabras salió por sus labios ahora sonrientes.

—Regis, Regis. ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Qué te dijo? ¿Cómo estaba? ¿Quiere volver a verme? Regis...

—Espera, Roxana, espera. Ve a cambiarte de ropa, lavate la cara y cuando vengas del baño te la daré, porque así me lo pidió. Sus palabras fueron: "Quiero que Roxana la lea cuando esté tranquila, con tiempo para entenderme".

La muchacha levantó su mirada al techo y un suspiro profundo espantó el último vestigio de llanto.

—Está bien, de acuerdo, pero esta demora te costará cara, "Re" querido... Qué suerte que te conozco.

Y sin agregar más tomó ropa limpia de una silla y salió feliz hacia el baño.

Regis, solo, sacudió la cabeza y maldijo una vez más al periodista por haberle causado tanto dolor a su amiga. No le molestaba mentirle un poco a Roxana, si era para su bien, pero el tener que protegerla de esa manera, de tanto daño externo, lo enojaba.

Con el cuidado de siempre preparó el desayuno para dos y colocó el sobre blanco frente a la taza de café con leche tibio.


Fragmento tentativo

Situación: Jorge está ebrio escribiendo en su ordenador sobre la contradicción que sufre en su interior.

    Si buscara la verdad a la vuelta de la esquina
    o escondida tras un árbol,
    quizás no tuviera valor de mirarla a los ojos
    y diciendo que no la conozco
    continuara mi camino

    Quizás lo oculto detrás de las estatuas
    en tristes parques vacíos,
    quizás lo que ocupa los bancos
    las frías tardes de lluvia,
    quizás el sonido a hojas secas,
    o el aullido de los truenos...
    sean tan sólo un telón —grande y afelpado—
    ocultando el misterio de este amor que aún no es.

    Y lo peor es que yo sé,
    profundamente lo sé,
    con la certeza que da el silencio
    que estoy solo en este amor, marchito...
    maldito... por tantas voces "justas"
    a los días de nacer.


Fragmento tentativo

Situación: Primera carta escrita por Regis a nombre de Jorge para Roxana.

La herida sangra más cuando permito que el silencio dejado por tu ausencia abra las puertas, atraviese los cuartos vacíos y espante con sus gestos de piedra nuestras nubes de mariposas azules, que escapan a través de las ventanas por no morir de tristeza.

No te pediré perdón, porque no sé cómo hacerlo.

Las palabras que dije viven, aunque yo no lo quiera.

Y ahora todo es absurdo, esta grisura en mi piel, y las terribles ganas de abrazarte para dar, juntos, un salto hacia atrás, hasta el comienzo de la primera noche, cuando ambos confiábamos en la complicidad de nuestros dedos enredados con las sábanas que aún no llegaban.

No te hablo a ti, Roxana, le hablo a tu vientre, a tus ojos y a tus labios..., porque ellos conocen lo que yo no sé escribir.

Para ti, todo lo que guardan mis manos.

Jorge


Reflexiones personales

sábado
11:45 pm

Ayer perdí un Concurso de Fotografía que esperaba ganar; anoche hicimos el amor con mi esposa llamando con silencios y caricias a un hijo que nos es esquivo, y ahora tendría que sentarme a trabajar en el proyecto de un hotel de veinte habitaciones y no tengo ganas. Es el ánimo perfecto para comenzar a relatar una historia...

jueves
18:15 pm

La desesperación de sentir las voces de tantos personajes, pidiendo que los deje nacer, que les dé vida, que sus palabras den lugar a otras palabras y sus ideas se desprendan de mi silencio. Por las noches, unos momentos antes de dormirme escucho sus susurros implorantes, sus gritos de furia, sus palabras de amor, cada uno con sus penas y alegrías, llorando a veces porque no terminan de venir al mundo que es esta página en blanco.

Oigo nombres, situaciones y rencores, pero aún los envuelve la bruma de lo incierto, de lo falaz.

En fin..., ya llegará el día.


Fragmento de respuesta a un crítico amigo sobre el relato en cuestión

...sobre el hecho de que todo esto parece un "esquema"... lo dejo para el final.

Sobre la debilidad técnica de que el periodista no sepa escribirle una carta a una mujer..., pues lo he pensado y no es tan sencillo como luce.

Jorge sabe escribir porque es su profesión, es cierto; y "labia" mal que bien todos los hombres tenemos como para "versear" a una "ninfa" cuando las circunstancias lo hacen posible y nos tentamos.

Pero lo que le sucede a este sujeto es más complejo: ella no es una mujer cualquiera, es una prostituta, lo cual lo enfrenta (a él) con un sector propio y subconsciente (recuerda que menciono que es conservador), es decir con aquella parte que le ordena rechazarla por todos los prejuicios culturales que tiene arraigados por un lado, pero por el otro siente el enamoramiento de la mujer que ella es.

Ando por terrenos difíciles, lo sé, pero allí está el meollo de la cuestión.

Ante esta paradoja, el hombre no logra acceder al sector de su ser desde el cual salvar los escrúpulos que lo bloquean y escribirle a ella con la fluidez que da el amor pleno.

Entonces, ¿a quién acude?

Pues a un gay.

¿Por qué un gay y no cualquier otro?

Creo que el motivo se vincula con lo subconsciente mencionado antes.

¿Qué es un gay sino un hombre que tras una mayor o menor dificultad asumió lo que sentía como su propia naturaleza contraviniendo los modelos "tradicionales" de sexualidad social, y de lo que debe y no debe ser?

Recuerda la crisis que el periodista sufre por enamorarse de alguien que "no debe ser".

Es decir que ese sujeto que es gay, accede directamente al terreno de los sentimientos sin problemas demasiado grandes.

¿Por qué Regis y no cualquier otro gay?

Pues porque éste convive con la muchacha en ese estrato de los desclasados, en ese mundo paralelo de la noche donde los códigos entre los participantes del juego son diferentes al mundo de los diurnos. Entonces este gay es especial, porque es de alguna manera el único vínculo que el periodista posee para acercarse a Roxana sin agredirla.

Además fíjate que el periodista acude a Regis para que lo ayude; es idea del segundo el escribir una carta porque de alguna manera canaliza así lo que nadie le ha escrito a él.

¿Por qué Regis es peluquero?

Por varias razones.

Veamos...

  • tenía que darle un medio de vida,

  • tenía que ser algo donde su naturaleza gay no le hiciera sufrir más que Roxana, para poder ayudarla cuando fuera necesario,

  • tenía que conocer bastante de la manera de ser y sentir femenina.

Me dices que el periodista podría "pedirle al peluquero" que le comunique algo a la mujer...

Pero no lo hice así, porque la esencia de mi planteo es el rol de la palabra escrita, algo que me fascinó desde niño.

Te cuento una anécdota de mi infancia:

Teniendo diez años, en la escuela, no recuerdo cómo comencé a "trabajar" para mis amigos escribiendo cartas de amor para que se las entregaran a las niñas del año superior al nuestro.

Al comienzo me copiaba a mí mismo, pero luego con los meses logré un estilo particular para cada una de las destinatarias, o por lo menos eso creí yo.

Ellas las respondían y los noviazgos prosperaban (por supuesto noviazgos epistolares ya que ni tomarse de la mano era bien visto).

Todo fue bien hasta que ellas, las muy amigas, se mostraron las cartas respectivas y notaron que si bien diferían las palabras, la esencia de todas era la misma.

Investigaron..., y me descubrieron.

Su actitud fue notable vista ahora con los años.

Niñas de 11 años, pero mujeres en su esencia, me arrinconaron un recreo, en el patio, y me dijeron que no escribiera más para todas por dos motivos:

  1. porque querían saber realmente cómo escribían los presuntos autores y pretendientes,

  2. porque esas cartas eran para que las recibiera una sola de ellas y no todas (esto segundo en su momento no lo entendí).

Pasaron los años y conocí Cyrano de Bergerac, de Edmund Rostand.

Pasaron más años, más amores y más vida y decidí hacer lo que leíste.

A lo que voy es que procuro plantear cómo la esencia del amor trasciende las formas, y no conoce reglas a cumplir.

Por eso no encontré válido que la trama amorosa y virtual se desarrollara de manera verbal.

Era más anónimo y menos dificultoso para que una relación progresara de manera viable que las cartas fueran y vinieran, agregadas a los encuentros físicos; estando siempre ausente y silencioso quien en verdad daba vida a ese amor: Regis, el gay... un hombre que aún mantiene algo de su esencia masculina, pero desea que otro hombre lo ame por su lado femenino.

No tengo mucha idea si la cosa es tan así pero invento un poco.

Pasado un lapso sin poder darle forma al relato, guardé muchos fragmentos olvidándolos durante años, hasta hace unos días en que se me ocurrió hacer lo que leíste.

¿Y qué es eso?

Pues bien, como sabes ando investigando el proceso del Pensamiento Moderno y Posmoderno por estos Occidentes accesibles. Y me encontré, una vez que me adentré en el Posmodernismo, con que esta "postura filosófica" (?) basa su planteo en una recurrencia a elementos originalmente significativos, pero vaciándolos de contenido, por aquello de que la "memoria colectiva" los reconoce. Pero de manera simultánea "promueve y permite" darles a estos elementos la interpretación que se desee, siempre dentro de una estructura armónica fragmentaria.

Algo muy efectivo al momento de combatir el modelo del Pensamiento Moderno, donde se procuraba encontrar la raíz esencial de la existencia teniendo como centro al hombre con todos sus derechos y virtudes en conjunción con el prójimo.

Me pregunté cómo sería esto en literatura, y me propuse hacer la prueba.

Por eso utilizo diferentes tipo de letra, porque lo que leíste no es solamente un esquema básico (si bien originalmente lo era la primera parte), sino que le adjunto párrafos que son una especie de hechos reconocibles de manera autónoma pero insertables en una lógica "virtual" mayor y más compleja: la historia que da lugar al cuento en toda su dimensión.

¿Y qué hice entonces con esto?

Un experimento.

Quien me lea percibirá el todo, pero en verdad le faltan partes que debe imaginar para comprender lo que ve.

El guión básico está porque es la idea madre, digamos la función básica propuesta por el ordenamiento de palabras que determinan el cuento, pero es solamente eso: una guía referencial.

Las "partes significativas" que uso son contemporáneas pero antiquísimas también: el juicio y condena social a la prostitución y a la homosexualidad, la separación entre lo que "se debe sentir" y lo que se siente en realidad, etc.

Por último, las notas personales que coloqué al final surgen por el siguiente motivo:

Como epílogo en el excelente libro Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, hay toda una serie de anotaciones de la autora, registradas durante el proceso de creación del libro. Algunas me resultaron muy buenas, como ser las reflexiones personales ajenas a la obra.

Por lo tanto lo que hice cuando manejé este argumento fue imitarla, al registrar fragmentos de mis pensamientos para desdibujar mi ausencia como creador (deseo oculto de todo escritor).

Incorporo parte de mí como autor, para darle este carácter diferente.

Yo, quien relata, desaparezco cuando los personajes hablan, pero en realidad nunca dejo de estar porque poseo el poder de corregir y modificar un producto que aparentemente no está terminado.

En fin, como verás, ando experimentando un poco.

Resumiendo: en todo este análisis justificativo de tal "Estructura Posmodernista", hay un componente muy acentuado de ironía y burla por todos los filósofos y teorizadores que pretenden validar una postura tan alejada de la esencia humana como lo es la mal llamada "Posmoderna" y/o "Tardomoderna".

Lo que hago en verdad, y queda entre "nos", es demostrar cómo, ya sea utilizando la estructura clásica (y moderna) de hacer un cuento, o llevando a los extremos máximos la fragmentación y la disgregación, adjuntándole además un manual para comprender cuál fue la idea que generó ese desparramo aparentemente caótico de partes vacías de significado, llegamos siempre a lo mismo: al Ser Humano, y a todo el amor que entre dos seres puede desarrollarse.

Es decir, que procuro invalidar, a través de una demostración por el absurdo, su pretendida voluntad de alejarse de la postura filosófica que coloca al Hombre imperfecto pero perfectible como centro del Universo, que es en resumen la esencia del Pensamiento Moderno.

Reléelo con esa óptica y contame.

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* Cyrano de Bergerac de Edmund Rostand. Regresar.
** op.cit. Regresar.


       

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