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La mística de la Nochebuena

miércoles 23 de diciembre de 2020
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La mística de la Nochebuena, por Salvador Montoya
Toda mística de la Nochebuena venezolana tiene el perfume de la nueva vida que supera el veneno de los escorpiones de la realidad histórica.
Para Albany Gutiérrez y para Mathías, por todas nuestras noches buenas

El gran maestro sufí Bahaudin escribió: “Quienquiera que consiga perfumar a un escorpión, no por ello escapará a su mordedura”. Por tanto, toda mística tiene profunda conciencia del perfume y del veneno de la vida. Por eso el francés Michel Hulin, en su libro La mística salvaje: en las antípodas del espíritu (1993), propone ejercitar una “mística salvaje”: experiencias que surgen de manera inesperada y súbita, de aquello que no ha sido domesticado, es salvaje y se encuentra en zonas inexploradas, más allá de lo religioso y de lo ideológico. Es lo que manifiesta también Juan Martín Velasco en su libro El fenómeno místico (1999): toda mística se vuelve disruptiva porque en lo común descifra lo improbable. Con razón Raimon Panikkar en su libro De la mística (2008) explora que el fin total de la mística es la experiencia plena de la vida por encima de los caos y de las catástrofes. Es la imaginación del espíritu y de la esperanza en medio de las hecatombes como el Ángel aquel de las tesis de Walter Benjamin.

Y en el caso venezolano, desde la vía cristiana de la Nochebuena ha sido tejida de forma marginal su semántica mística que nos invita a explorar nuestra identidad espiritual como nación desde lugares epistémicos echados de lado por muchas élites y clases dirigentes a través de toda nuestra historia. En primer lugar, tenemos al negro Juan Pablo Sojo con su novela fuera de serie Nochebuena negra (1943). Allí con música y erotismo afrovenezolano nos descubre una fuente inesperada: toda mística nuestra es fiesta mestiza rompiendo colonialismos mentales. Es la Nochebuena negra que quebranta opresiones y racismos. En segundo lugar está el cuento clásico de José Rafael Pocaterra “De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús” (1922). Es la Nochebuena que desata orfandades culturales y establece una identidad de poder y de superación. Orfandad de las ideas, orfandad de la visión, orfandad del desarrollo. Es la mística del rostro, parece decirnos Pocaterra. Y por último, nos encontramos con el cuento “La misa de gallo” (1949), de Arturo Uslar Pietri. Es la Nochebuena de la paternidad y de la familia y de la reconciliación. Es una mística de la restauración de las relaciones personales, es la sanidad de los quebrantados. Eso es lo que viven aquellos personajes campesinos al son del furruco en la Nochebuena. Porque toda mística de la Nochebuena venezolana tiene el perfume de la nueva vida que supera el veneno de los escorpiones de la realidad histórica.

Salvador Montoya
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