Eugène Ionesco
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El poeta y el escritor sobreviven en la medida de su capacidad mítica
Entrevista por Giorgio della Rocca (1973)
Eugène Ionesco: Dramaturgo de origen rumano, nacido en
Slatina, Rumania, el 26 de noviembre de 1912, y nacionalizado francés.
Licenciado en Letras por la Universidad de Bucarest, en 1936 fue nombrado
profesor de francés en un instituto de dicha ciudad. En 1938 se trasladó a
París para realizar su doctorado, pero renunció a presentar su tesis y se
estableció definitivamente en Francia. Relacionado con el grupo literario
reunido en torno a la revista Cahiers du Sud, decidió dedicarse al
teatro. Su producción dramática —iniciada con La cantatrice chauve
(1948), La leçon (1951), Les chaises (1951)— se impuso
rápidamente y le convirtió en uno de los autores más representados
mundialmente. Su obra se caracteriza por un hábil juego escénico en
conexión con un diálogo descoyuntado que expresa grotescamente la situación
absurda del hombre contemporáneo. Títulos suyos muy representativos son
Jacques ou la soumission (1953), Tuer sans gages (1958),
Le Rhinocéros (1959), Le piéton de l'air (1962), Le roi
se meurt (1963), La soifet la faim (1964) y Jeux de
massacre (1970). De interés para descifrar sus concepciones literarias
son los volúmenes Notes et contrenotes (1960) y Journal en
miettes (1967). Son también dignos de mención su volumen de narraciones
La photo du colonel (1962), el de ensayos y crítica Nu (1934)
y su novela Le solitaire (1973).
Los movimientos culturales de vanguardia no son un fenómeno típico de la
actualidad, sino que, por el contrario, son tan antiguos como la
civilización. En última instancia, son la demostración del pálpito de los
hombres en sociedad. Puede afirmarse que una de las características de la
humanidad es el ansia de renovación cultural, y en ese sentido los
movimientos vanguardistas son su producción más acabada, a pesar de lo
efímero de su vida. Acerca de este tema iniciamos nuestra entrevista con el
dramaturgo francés, de origen rumano, Eugène Ionesco.
¿Qué opina usted de la gran variedad de movimientos de vanguardia y de la
efímera vida de la mayoría de ellos?
En mi opinión es bueno que exista una gran cantidad de movimientos
vanguardistas y también que tengan una vida efímera. En realidad, no son
más que corrientes literarias que simplemente cambian su nombre, una vez se
han introducido e insertado en la cultura de la que forman parte. Una de
las primeras vanguardias conocidas surgió en el siglo XVIII y ocasionó una
polémica muy importante entre lo «antiguo» y lo «moderno». La historia nos
habla de esta polémica. Tengo aquí un diccionario que lo explica muy bien.
En él puede leerse: "La querella entre los «antiguos» y los «modernos», que
ha existido en todas las épocas y en todos los países, en cada
civilización, constituye una tradición estética que ha dado lugar a formas
poéticas y géneros literarios que hoy son reconocidos como clásicos, pero
para ello ha tenido que darse esa oposición entre los defensores de lo
antiguo y la tradición y los partidarios de la innovación". Es decir,
siempre han existido querellas entre antiguos y modernos, y estos últimos
han constituido las vanguardias, los movimientos de vanguardia, opuestos a
lo que han considerado lo clásico, o sea, la retaguardia.
Después de la polémica del siglo XVIII ha habido otras muchas
controversias. Todo el mundo conoce el carácter vanguardista del
romanticismo, con sus célebres batallas en Alemania, la obra de Victor
Hugo... Felizmente surgen siempre impulsos renovadores. La literatura
necesita esa renovación. La historia de la literatura no es más que la
expresión de esa renovación continua, de los nuevos lenguajes. La
literatura puede ser cualquier cosa menos algo estático y muerto...
¿Es usted un autor vanguardista?
A menudo se ha dicho que escritores como Damague, Du Villard, Engartenne y
yo mismo éramos vanguardistas, y que, como tales, rompíamos con las
tradiciones. Pero, en nuestro caso, se trata de algo distinto. Es decir,
nosotros estábamos precisamente a la búsqueda de rescatar las tradiciones
más puras y antiguas. Fuimos algo nuevo con caracteres viejos. ¿No es el
teatro de los boulevards algo que arranca de Racine? ¿No existe ya
el amor en Racine? En Fedra aparecen ya el amor, el marido y el
amante y, naturalmente, Fedra. Fedra es el prototipo de toda la
literatura de los boulevards. Se puede afirmar que toda esta
literatura es una literatura inspirada en Racine o, mejor aun, una
literatura subraciniana. En Fedra se da el triángulo del
boulevard, en el cual nada es grave ni tremendo. No hay muertos. No
hay pasiones. Todo finaliza bien y felizmente.
Yo creo que hicimos bien en intentar romper con ciertas tradiciones, que,
por otra parte, constituyen un teatro muerto.
¿Cómo situaría usted las corrientes romántica y realista?
Es evidente que el romanticismo fue un movimiento de vanguardia, y el
realismo también, precisamente de oposición al romanticismo, ya que buscaba
volver a lo real, a lo que los partidarios del realismo consideran que es
lo real, la realidad. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que en toda
cultura, en todo arte, en toda literatura, de cualquier época, se ha
intentado siempre buscar lo real. Lo que cambia es el significado de esa
realidad, su contenido, ya que evoluciona con la sociedad, con el paso del
tiempo, con los nuevos descubrimientos científicos, con las nuevas
corrientes del pensamiento. La realidad está en permanente mutación.
¿Y el simbolismo?
Frente al realismo establecido brotó un simbolismo antirrealista, que
presuponía un tipo de retorno a cierto romanticismo. En el momento de su
nacimiento, ese simbolismo realista se convirtió en un movimiento
vanguardista, y aunque se llamaban simbolistas no eran todavía tales... El
simbolismo propiamente dicho surgió a posteriori. Escritores
simbolistas fueron Rimbaud, Verlaine, Baudelaire. Por otra parte, a fines
del siglo XIX surge con gran fuerza una nueva vanguardia: el naturalismo,
cuyo representante más conocido es Emile Zola.
A principios del siglo XX asistimos de nuevo a un cierto retorno
simbolista, y luego se produce un nuevo brote de realismo, el llamado
"nuevo realismo", que tomará finalmente el nombre de "realismo socialista".
El surrealismo fue y se sigue considerando como un movimiento vanguardista.
Y el expresionismo también es otro movimiento vanguardista, relacionado con
el realismo socialista. Yo mismo, al parecer, hice un teatro de
vanguardia.
Sin embargo, quisiera aclarar que los movimientos de vanguardia son la
expresión más auténtica de los movimientos literarios. Una vez que un nuevo
estilo se ha instaurado, se ha consolidado, deja de tener carácter
vanguardista: por ejemplo, hoy no se puede afirmar que Victor Hugo sea un
escritor de vanguardia, y en su tiempo, en cambio, sí lo fue. Lo mismo
puede afirmarse de André Breton: él fue un vanguardista, pero su obra ha
dejado de ser ya vanguardista, y el surrealismo se ha integrado en la
cultura, se ha institucionalizado. De todos modos, cualquier oposición hace
progresar la historia. La protesta, la contestación, la revolución: todo es
historia. Historia del hombre, del humanismo, de la literatura, del arte.
Las vanguardias son necesarias para el progreso de la historia, pero lo
efímero de su vida se debe al hecho de que rápidamente dejan de ser
vanguardias. Como acabo de decir, son muchos los autores que fueron
vanguardistas y dejaron de serlo rápidamente. No es posible olvidar a
Corneille, a Victor Hugo, a Baudelaire, a Breton, a Becket.
¿Cómo explicaría el divorcio entre los "ismos" literarios y el gran
público?
Bien. Tenemos al naturalismo, al realismo y al surrealismo, definiciones
poco apreciadas por el "gran público" y plenamente aceptadas por las
minorías. Las etiquetas definidoras son el resultado de la gestión de la
crítica literaria. Los "ismos" sirven para definir, para conceptualizar. En
este sentido, el movimiento en el cual se me sitúa ha sido llamado "del
absurdo", el vanguardismo del absurdo, el teatro del absurdo. A mí me
parece una simple etiqueta, por otra parte falsa, y en última instancia
diría que estúpida. Sin embargo, esto ya no tiene vigencia. La tuvo hace
unos años, pero ahora ya no. En cualquier caso, es inevitable esa
colocación de etiquetas. El progreso requiere continuamente nueva
savia...
Toda esa diversidad situada en las coordenadas de las crisis históricas
de entreguerras, ¿no es una manifestación externa de una crisis artística
latente? ¿Los vanguardismos son una búsqueda apasionada o un manifiesto de
impotencia?
Creo que este tema ya lo hemos tratado más arriba, pero intentaré
explicarme más ampliamente. Es indiscutible la existencia permanente de una
crisis artística. Y es muy bueno que exista esa crisis. De no existir esa
crisis todo estaría yerto, muerto. El hombre es un animal en crisis
permanente. La crisis histórica que arranca del período de entreguerras no
indica con suficiente profundidad la existencia de una crisis artística
especial. Y si no, veamos a los grandes fundadores de las nuevas formas de
pensar, de los nuevos estilos, de los nuevos sistemas de expresión. Los
grandes escritores del siglo XX son tan importantes como los de los siglos
pasados considerados clásicos. Estos autores de nuestro siglo son Joyce,
Kafka, Proust... Igual ocurre a nivel de la esfera artística de la pintura,
de la pintura no-figurativa: Picasso, Kandinsky, Modigliani, Matisse...,
hombres que comenzaron antes de 1919, pero que hasta el período comprendido
entre 1920 y 1940, es decir, entre las dos grandes guerras, no aparecieron
como auténticos innovadores, creadores de un nuevo estilo, un nuevo estilo
no literario, naturalmente, pero sí artístico. Hemos de tener en cuenta,
por otra parte, que una gran época se manifiesta por la unidad de su
estilo, y esa unidad la podemos encontrar en la arquitectura, en la poesía,
en la literatura, en el teatro, e incluso también en el terreno del
pensamiento. Hay filósofos de la cultura y filósofos del arte, como Oswald
Spengler, por ejemplo, el cual afirmaba que en las grandes épocas, en las
épocas más brillantes de la humanidad, esa unidad de estilo era su
característica, unidad que se daba en todas las manifestaciones de la
época, a nivel artístico, científico, filosófico. Entre 1920 y 1940 no
solamente hay grandes poetas. No todo es movimiento surrealista. No sólo
existen grandes pintores. En otros campos surgen con fuerza nuevos
elementos. Freud es también un exponente de esa fuerza.
Recuperando el tema de su pregunta, puedo afirmarle que la diversidad
vanguardista, situada en el marco de la crisis histórica de entreguerras,
no significa necesariamente la existencia de una crisis artística. Por otra
parte, hablar de "manifiesto de la impotencia" no parece reflejar la
situación con claridad. Las épocas de crisis histórica presentan a veces
una riqueza cultural extraordinaria. La crisis histórica, repito, no
necesariamente debe engendrar una crisis artística. Las mejores obras de
Sófocles provienen de la época del hundimiento de Atenas. En todo caso,
puede hablarse de ausencia de arte, ausencia de cultura, ausencia de
espíritu creador. Cuando esto ocurre, entonces sí puede hablarse de crisis
artística. Cuando se crean condiciones para que se produzca esa ausencia,
entonces sí puede hablarse de crisis. La persecución de la literatura
provoca una crisis, por ejemplo. En la Alemania nazi, en la Rusia
stalinista, y sin duda también en la China maoísta se produce esa
persecución, y ello provoca la ausencia creadora a que me refería antes.
Las crisis históricas han provocado siempre un extraordinario florecimiento
de la cultura, ya que son momentos de ruptura...
¿Cree usted que existe una relación directa entre las corrientes
irracionalistas del pensamiento y los movimientos de vanguardia?
Bien. Al hablar del irracionalismo supongo que debe de tener in
mente a Nietzsche y a Kierkegaard. Si es así, le diré que en mi opinión
hay mucho de nietzschiano y kierkegaardiano entre los ensayistas y poetas
de nuestra época. Pero tanto Nietzsche como Kierkegaard, además de ser
maestros del pensamiento, eran por encima de ello escritores, filósofos que
escribían al mismo tiempo que otros, y que, por consiguiente, se sitúan en
el mismo retablo material que otros autores, formando parte de la esfera
vanguardista que tan rica diversidad ha tenido en el siglo XX.
El escritor trabaja para expresar sus sentimientos
Acerca del concepto de arte popular, sobre diversos géneros del campo
literario, como la ciencia ficción, la literatura de mensaje, y sobre la
deshumanización de la literatura, reanudamos nuestra entrevista con Eugène
Ionesco.
¿Qué entiende usted por arte popular, es decir, el tipo de arte que nace y
vive del pueblo, en el pueblo?
Bueno, creo que es necesario extenderse un poco sobre esta cuestión. Se
habla a menudo de "teatro para el pueblo" y "teatro no popular". Pero, ¿qué
es "pueblo", y qué es "no-pueblo"? Yo no creo que la burguesía tenga una
mentalidad de clase que la diferencie radicalmente de la mentalidad del
proletariado, que es otra clase. El proletariado, superado su estadio
social de pobreza y situado en un nivel de bienestar material, se
transforma en algo muy parecido a la burguesía. Por otra parte, hay
problemas que son comunes a todos los hombres, y entre ellos destaca el del
malestar existencial. Es el problema de la muerte, el problema de la
existencia, el problema del fin último del hombre... Se trata de problemas
universales y extratemporales. Problemas que se expresan una y otra vez en
épocas dispares y siempre, por ejemplo, que se produce una renovación de
cualquier tipo en la esfera de la cultura. El frescor con que se replantean
es lo nuevo. La esencia del problema permanece en el tiempo. Lo que cambia
es su expresión, su manifestación externa. De nuevo, la expresión pone de
relieve una condición humana permanente, y esto es precisamente lo que da
valor a una producción.
Volviendo al tema del teatro popular, tenemos el caso de Jean Vilar,
director muy preocupado por popularizar el teatro, que montó múltiples
obras de autores nuevos, clásicos y, naturalmente, obras de Bertolt Brecht.
Sin embargo, las gentes que asistían a los espectáculos montados por Vilar
eran abrumadoramente de extracción intelectual, en general izquierdistas.
Lo que se entiende por "pueblo" no asistió. Entonces yo no sé exactamente
qué es el pueblo. Si el pueblo es el obrero, el artesano, habremos de
concluir que no asiste al teatro. ¿Adónde va el pueblo? El pueblo va a los
bares, el pueblo va al teatro de los burgueses, va a los espectáculos
revisteriles, va en busca de lo fácil. Sin embargo, creo que es necesario
profundizar más en la cuestión y concluir que no a todo el mundo le agrada
la literatura. Ni todo el mundo siente predisposición por la música, o por
la matemática, pongamos por caso. Yo creo que hay "pueblo" en la burguesía,
en la aristocracia, en el proletariado y en todas las categorías sociales.
En ellas hay gentes que aman o desechan la música, gentes que se inician y
gentes hipercultivadas. Además, considero que hay gentes situadas muy
arriba en las escalas del poder, como Breznev y como la fallecida ministro
de cultura soviética Ekaterina Fusteva, que no comprendieron ni comprenden
jamás el hecho literario. Y en cambio, hay otros, como Giscard d'Estaing,
como los fallecidos Pompidou y De Gaulle, también muy arriba en la escala
del poder, que están impregnados de literatura. Es una cuestión de
educación escolar. Es decir, a veces es muy importante la forma en cómo se
ha dirigido la educación de un niño. Yo tuve correspondencia con una
campesina. Sus faltas de ortografía eran numerosas, pero su estilo
literario era hermoso, creador. Me escribía cartas muy bellas, tan bellas
como pudieran ser las redactadas por un escritor de fama... Hay gentes que
están negadas para el hecho literario, gentes que en el fondo tienen cierta
enfermedad. El que no comprende el arte es un enfermo. Yo también tengo una
enfermedad, no crea, No comprendo en absoluto la economía política. La he
estudiado, pero un estudiante de primer año o un obrero especializado con
conciencia sindicalista seguro que conocen mucho mejor que yo las
cuestiones de la economía política. ¿Quiénes son el pueblo? ¿Ellos o yo?
Todos presentamos una faceta de enfermedad moral. No amar el arte, no amar
la literatura no es otra cosa que una enfermedad moral, es en el fondo una
deshumanización. Afortunadamente, la mayoría de hombres políticos de
occidente aman la literatura y el arte. Es por eso que son más sensibles,
más tolerantes, porque en el fondo ellos mismos son escritores. No ocurre
lo mismo con los políticos que dirigen los regímenes de terror...
Por otra parte, se ha llegado a decir que la literatura es un fenómeno de
clase, y que la literatura burguesa impone un cierto tipo de lenguaje que
es falso. Sin embargo, los que utilizan lenguajes populares se instalan
también en la literatura burguesa, como Georges Simenon. Céline es otro
caso muy típico.
Se puede afirmar que el arte popular es en realidad un arte mítico. Se le
encuentra en los mitos, en los arquetipos, en cualquier época, pero
raramente expresado en poesía.
¿Asistimos a la deshumanización de la literatura, a lo que Foucoult
llama "la muerte del hombre"?
En cierto sentido he respondido ya esta pregunta cuando he insinuado que lo
que empobrece a la literatura, en realidad empobrece al hombre. El que
reprime el arte, reprime al hombre. Y eso es una forma de deshumanización.
Y eso es justamente lo que hace el realismo socialista, el realismo
racionalista. La literatura está amenazada por esas tendencias y no por los
mitos. En realidad, todo está amenazado. La cultura, la humanidad, están en
grave peligro. La deshumanización de la humanidad será su destrucción. Sin
embargo, no es la primera vez que esto ocurre en la historia humana, y
siempre en los momentos más agudos de la crisis es cuando han surgido las
soluciones superadoras. En eso estamos...
¿Cómo ve usted la literatura actual? ¿Cuáles son las tendencias
predominantes?
La literatura actual se encuentra en diversas encrucijadas, y ello ocurre
en todas partes, pero existe, e incluso existe en la Unión Soviética, en la
cual, por encima de las presiones, se levanta una generación de escritores
muy interesante. La literatura se encuentra también en los poemas de la
vieja China, en los nuevos mandarines que dirigen hoy al pueblo de China,
como Mao Tse-tung. Son los viejos mandarines, elitistas que se autoafirman
populistas y revolucionarios... La literatura no morirá jamás. Puede pasar
por momentos de silencio, de muerte aparente, pero reaparecerá.
¿Qué opina de la literatura de ciencia ficción?
La masificación y la tecnificación son un peligro real. La tecnificación
excesiva es un peligro para el ser humano, y también lo es la masificación.
Justamente, el rol social de la literatura es el de humanizar. A menudo, a
través de la literatura se han hecho llamadas a la realidad y al realismo.
Sobre la cuestión del realismo existe una enorme confusión, ya que se
tiende a creer que la literatura y el arte son realistas en tanto que
reales, y sin embargo la verdad es que la realidad en sí no es realista. El
realismo no es más que una convención, el realismo es un estilo, como el
romanticismo, como el clasicismo, etc. Es decir, cada estilo intenta
encontrar la verdad, quiere la verdad, pero el realismo no es más que una
vía para buscar la realidad. No es la única. La realidad se encuentra en la
imaginación. Todo lo que el hombre imagina es verdadero y posible. Y aquí,
en este punto, encuentra su lugar la literatura de ciencia ficción. Repito:
la verdadera realidad es imaginaria. Sabemos que a veces una mentira es más
reveladora que una verdad simple. No podemos mentir más que a partir de
nosotros mismos. La imaginación, la ciencia ficción no son mentiras, sino
que abren vías a las posibilidades infinitas de la imaginación...
¿Qué opina de la literatura con mensaje?
Existen gentes que no quieren constreñirse a hacer simplemente literatura,
y que se empeñan en lanzar al mundo un mensaje, hacer propaganda de algo.
Por otra parte tenemos también a los mártires y santos de la literatura,
como los actuales escritores que viven en la Unión Soviética y que son
protestatarios, y que a pesar de las cortapisas a que están sometidos
existen. Existe su obra literaria, porque, en definitiva, la obra literaria
es una forma, es una estructura que vive en tanto que forma, en tanto que
estructura, en tanto que monumento, expresando una humanidad ancha y
profunda. El escritor trabaja para expresar sus sentimientos, su visión de
las cosas. El caso de Pirandello es muy clarificador. Pirandello escribió
porque quería sobre todo expresar sus ideas acerca del hombre, quería
expresar su concepción de la psicología humana, demostrándonos que en
nosotros mismos existen varios hombres. A pesar de que su obra, o sea, la
psicología pirandelliana, ha sido superada por el tiempo, por las nuevas
teorías del psicoanálisis, por las nuevas ideas y el nuevo teatro, sigue
resistiendo. Pirandello resiste porque sus obras tienen una estructura y un
equilibrio dinámico que palpita, que vive; el poeta y el escritor
sobreviven en la medida de su capacidad mítica, y lo mítico es lo que
resiste y pervive.
En: Giménez Frontin, José Luis: Movimientos literarios de
vanguardia. Salvat Editores, S.A., Barcelona, España, 1973.