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¿Cuáles son las mejores horas de trabajo?

Autor desconocido

Para los escritores y artistas, parece que las mejores horas de trabajo son las de la mañana, después del descanso de la noche. De Fleury aconseja que no se deje vagar el pensamiento y que se empiece el trabajo después de levantarse. Así no está fatigada la atención por diversos asuntos y el cerebro puede cumplir inmediatamente su cometido.

En efecto, muchos escritores de mérito trabajan o han trabajado regularmente por la mañana.

Victor Hugo se levantaba a las siete todos los días y en seguida se ponía a escribir las páginas cuya idea había concebido mentalmente el día anterior, en su paseo vespertino.

Michelet se levantaba muy temprano; a las cuatro de la mañana en su primera juventud, antes de las cinco hacia la mitad de su vida, y a las seis al final. Se acostaba pronto, y antes de conciliar el sueño revisaba su programa, es decir, los hechos principales del capítulo que debía escribir al siguiente día.

Alejandro Dumas, padre, trabajaba desde que se levantaba, casi siempre hasta la hora de comer. Volvía al trabajo apenas se desayunaba.

Darwin trabajaba asiduamente tres horas cada mañana.

El más madrugador era Brown-Séquard, que, habiéndose acostumbrado a acostarse a las ocho de la noche, se ponía siempre a trabajar a las dos de la mañana.

Zolá trabaja con regularidad todas las mañanas.

Por lo demás se equivocan los autores que creen que las únicas horas de trabajo de estos genios son matinales; porque después de comer buscan documentos, los estudian y clasifican. En esa tarea invierte Zolá las tardes, y sería un error decir que no puede trabajar más que tres horas por la mañana, de cada veinticuatro. Estas tres horas las dedica a la composición, trabajo que es el más penoso, pero no el único.

Muchos escritores comienzan su tarea a las nueve de la noche. Littré pasaba el día fuera de su casa y no comenzaba el trabajo hasta después de comer, continuándolo hasta las cuatro o cinco de la madrugada. Barthélemy Saint-Hilaire, que trabajaba con más método, deploraba esta manía de su amigo diciendo: "Se acuesta cuando yo me levanto, y se levanta cuando yo me acuesto".

Publicado en El Cojo Ilustrado en su edición Nº 203, del 1 de junio de 1900


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