Magister
Augusto Monterroso
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Decálogo del escritor

Augusto Monterroso
Suministrado por Francisco Rodríguez-Ruiz

Eduardo Torres es un personaje ficticio que Monterroso inventó hace 40 años. A través de ese nombre Monterroso ha escrito varios artículos que representan una sátira para el gremio de los escritores. Eduardo Torres es irreverente, se equivoca a menudo, posee una amplia cultura, y la vida de él está contada en la única novela que ha escrito don Tito: "Lo demás es silencio". El estilo de escritura de Torres es siempre burlón y sus textos están plagados de citas falsas que frecuentemente son absurdas. Don Tito insiste, aún ahora, que Eduardo Torres existe en la realidad y que vive en la ciudad de San Blas, San Blas, en México.

El estado de San Blas no existe en México. Como el propio personaje, Eduardo Torres, mencionó en alguna parte, que en su ciudad había metro, se especula que Torres vive en realidad en México, Distrito Federal.


Primero.

Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.


Segundo.

No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.


Tercero.

En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: "En literatura no hay nada escrito".


Cuarto.

Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamas escribas nada con cincuenta palabras.


Quinto.

Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.


Sexto.

Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.


Séptimo.

No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.


Octavo.

Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.


Noveno.

Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.


Décimo.

Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.


Undécimo.

No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.


Duodécimo.

Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecera tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratara de tocarte el saco en la calle, ni te señalara con el dedo en el supermercado.

Tomado de La Cultura en México, suplemento de Siempre!, número 404, 5 de noviembre de 1969. Al final de la nota introductoria de éste y otros textos de Eduardo Torres recogidos en ese número, se lee: “Por último, hay que aclarar que el Decálogo, según comunicación del propio Torres, tiene doce mandamientos con el objeto de que cada quien escoja los que más le acomoden, y pueda rechazar dos, al gusto. ‘Si la raza humana’, añade, ‘ha rechazado siempre la ley de Dios, ésta es una precaución hasta cierto punto ingenua’ ”.


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