Harto difícil es escribir sobre un tema que no gusta. Pero más arriesgado
aún es darle la espalda a la verdad que brota de nuestros poros. ¿Y para
qué? ¿Para pasarnos la vida deambulando sobre el tan deleznable terreno de
la falsa expectativa, de la esperanza infantil, aun cuando ya en la
postrimería de nuestra juventud advertimos que la creatividad se nos escapa
como el agua entre las manos?
La tan manida técnica
Considero que inútilmente se complica el hombre asumiendo que para el
dominio de tal o cual oficio y, en nuestro caso, del buen escribir,
comparecen como indispensables elementos de acción el aprendizaje y estudio
académicos y la técnica rigurosa. Es cierto, no obstante, que tales
factores no dejan de tener su importancia a la hora de construir
formalmente un motivo literario.
La observación
Pero, ¿quién puede poner en tela de juicio que la mejor entre las mejores
fuentes de enseñanza es la lectura ávida y obstinada de todo cuanto llega a
nuestras manos? Es lo que más o menos pasa con el músico, que para crear su
obra se sumerge en el análisis de toda partitura a su alcance para de ella
extraer el sumum.
Sin embargo, todo es relativo. Triste suerte
Claro, me olvidaba. Podremos aprender todo lo que necesariamente puede
aprenderse para llegar a ser un mediano o buen escritor, y leer, leer,
leer; pero si no se tiene aquel halo misterioso que unos cuantos, sólo unos
cuantos poseen desde que son simples embriones, jamás llegaremos...