Creo que aprender a escribir es igual que aprender cualquier otra cosa.
Sin embargo, como toda actividad humana con visos de espiritual
(artística), la labor del escritor suele idealizarse y sacralizarse.
Sería bueno hacer la distinción entre simplemente escribir y escribir
obras de arte literaria. Creo que cualquiera con un poco de paciencia y
mucho sudor puede sacar de su mente un cuento y hasta una novela; no digo
versos porque de ello dan fe unos cuantos árboles por ahí. Ahora bien, que
sean muchos o todos capaces de crear un K. o un Macondo, bueno, allí
sí hay otra historia.
Creo que para eso sí debe haber algo de especial, una suerte de
confluencia de varios factores entre los que lo genético, la pasión y el
azar deben jugar papeles aún desconocidos. ¿Por qué un Miller maduro decide
enseriar su errante espíritu y comenzar a escribir sus trópicos y demás
luego de 39 años de vida disipada? Antes se tenía una imagen preconcebida
del ser escritor y/o artista: la del bohemio y disoluto, siempre a la
búsqueda de emociones extremas de todo tipo, que luego "resolvía" en su
obra (plasmaba suena mejor). La sicología se ha roto la cabeza desde sus
comienzos al tratar de entender a un Nietzsche, a un Van Gogh, a un
Goethe, y a muchos otros, entre los cuales no son pocos los escritores,
que independientemente de su torturada existencia han hecho de su
creatividad un torrente inagotable de emociones. El mismo Goethe solía
decir que el secreto de escribir estaba en la vida misma (el secreto de
escribir originalmente, supongo). Ciertamente Internet ha materializado
una nueva realidad inmaterial que antes solía ser sólo parte de la
experiencia vital de algunos privilegiados, la conciencia de que no hay
una única realidad y que aun siendo un Salmerón encerrado en un pueblito,
nuestra vida puede estar plena de emociones y experiencias, dependiendo
sólo de cuán atento estemos a ella.
En conclusión, creo que el primer paso es abrirse en todos los aspectos,
como una esponja seca y ansiosa que mira a lo lejos la mano que la llevará
a absorber la humedad de la mesa de enfrente.