Hay personas que sin duda alguna se pueden calificar como contundentes. Personalidades tan intensamente fuertes que resultan inolvidables, independientemente de si los sentimientos que han generado en uno sean positivos o negativos; sencillamente son seres inolvidables por el temple de su carácter. Este absolutamente es el caso de Diego Silva Silva, un ser humano íntegro, frontal a morir. Inspirador de grandes afectos y grandes rechazos. Apasionado, vehemente. Con Diego somos amigos desde hace casi veinte años y si algo he admirado de él toda la vida es el hecho de ser la persona que mantiene más consonancia entre su pensar y su hacer y decir. Diego lo que hace y dice es porque realmente así lo piensa y cree. No es hombre de doble discurso o cosas así, la integridad y franqueza de su carácter es realmente admirable y eso lo confirma al describirse: “Yo soy un hombre sincero de donde crecen las palmas... o, me gusta comer con hambre, tomar agua con sed, hablar con el que me escucha y mirar a quien me ve”. Como su personalidad, su hablar es preciso, parco, contundente, no se pierde en tonterías o palabras superfluas. Y como antes dije, su consonancia entre pensar, decir y hacer quedó demostrada fehacientemente cuando en la época de la revolución sandinista se marchó a Nicaragua a luchar en una guerra en la que creía aunque ese no fuera ese su país de nacimiento, fue su país de corazón, de ideales, de creencias. Ese es Diego, un hombre real que lucha por sus creencias y las sostiene y defiende ante quien sea y donde sea. Un ser de los que hay muy pocos, de esos cuya entereza y dignidad inspiran un profundo respeto y una gran admiración: “Soy una sola persona, lo que hago y vivo forman parte de un mismo ser”.
Para Diego el amor junto con la amistad es el invento o sentimiento más grande de la humanidad. De Dios piensa que puede ser un buen amigo. Pero de su aspecto espiritual dice: “Lo que hago es intensamente espiritual, pero no en el sentido religioso, sino de esa parte desinteresada que tanto convocamos y pocos realizamos”.
Este reconocidísimo músico venezolano es de todo: compositor, investigador y como instrumentista aparte de guitarrista y violinista se ha desempeñado, entre otros, en 1974 como cofundador de la Camerana Renacentista de Caracas donde fungió de codirector, laudista, vihuelista y percusionista. Hizo producción de radio. Y entre los años 1982 y 1989, tiempo en que estuvo residenciado en Nicaragua, trabajó como asesor nacional del Departamento de Investigaciones, Fomento del Arte del Ministerio de Cultura, bajo la dirección de Ernesto Cardenal. Como compositor ha presentado desde 1974 obras que incluyen: música de cámara, sinfónica, además trabajos que contienen tecnologías de síntesis electrónica, computación y manifestaciones étnicas grabadas in situ. También ha realizado música incidental para danza, teatro, cine y video documental tanto nacional como internacionalmente. En este renglón ha recibido una gran cantidad de premios: en tres oportunidades ha obtenido el Premio Nacional de Composición Bienal Antonio Lauro, 1990, 1992 y 1994; en 1992 se alzó con dos premios más, el “Caro de Boesi” y el “Lino Gallardo” más la mención de honor en el “Juan Bautista Plaza”. En 1996 fue el primer finalista en el Concurso Internacional de Composición “Rodrigo Riera” y el premio más reciente, en 2004, el Premio de Composición “Casa de las Américas”. Pero si bien se siente orgulloso de sus logros y sabe cuál es el lugar que ocupa en el ámbito musical, no por ello pierde su sencillez, así que resulta por demás lógica su filosofía de vida: “Compartir, fraternizar, debatir, hermanar”. Actualmente está ocupado en componer, hacer trabajo social, estudio, crítica y apoyo del proceso de transformación que vive Venezuela.
Para él no existe la musa inspiradora, de hecho exclama: “¿Hay musa..? Preséntenmela”, cree y practica el trabajo constante, el perseverar en la investigación. Lo motiva la vida, la muerte le da coraje, pero no lo desmotiva. Para él la poesía no es la que está en crisis sino el hombre. “Habría que repensar el concepto de élite. Un creador se entrega con honestidad a su trabajo, la sociedad es responsable de que los códigos puedan ser comprendidos, descifrados... finalmente disfrutados como propuesta estética. Han sido las clases sociales favorecidas las que han aislado a los pueblos de la comprensión de estos códigos”.
Diego es un hombre para quien su hijo es el amor más grande y hasta de cierta manera el centro de su vida. Para el los domingos sagradamente pertenecen a su hijo y espera que siga siendo así durante un muy largo tiempo. Su familia en general es factor fundamental en su mundo; la describe como bella, complicada y sencilla.
No cambiaría nada de su vida pues entonces dejaría de ser quien es, esa idea pudo ser posible cuando tenía quince años, ya no. En cuanto a sus ocupaciones, le preguntamos qué sería si tuviese el chance de cambiar y su respuesta fue frontalmente sencilla: “He tenido esa oportunidad, o necesidad, pero sigo de necio en lo que ando”.
Así es Diego Silva Silva, un hombre de carne y hueso, real, auténtico. Sin subterfugios, caretas ni poses. Es quien es, simplemente lo toman o lo dejan, no más. Un hombre sensual y apasionado para quien el lugar de sus sueños está en los brazos de ella. Y cuando le inquirimos por algún lugar donde quisiera volver su respuesta fue: “Siempre el lugar en donde las caricias de ella sean posibles”... Bueno sería saber quién es la mujer que lo hace sentir así, lo que sí queda claro es que Diego es una interesante y seductora mezcla de sensibilidad y pasión.