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Grabado de TagliacozzoBellezas clonadas

Hace muchos años, las televisiones de todo el mundo empezaron a emitir una serie, que luego a lo largo de las décadas se ha venido repitiendo, presentada por Rod Serling y que aquí en España se tituló como La dimensión desconocida. Iba de relatos de ciencia-ficción en blanco y negro y por los 80/90 Steven Spielberg hizo de ella una nueva versión esta vez en color, que, todo hay que decirlo, pese a la técnica y los grandes medios empleados, fue muy inferior al original.

Las historias, basadas en relatos de excelentes escritores, causaron un impacto mediático imborrable, y todas, aparte de espeluznarte, que era lo que se pretendía, encerraban siempre una lección muy acertada, aunque en algunos casos lo hayamos comprobado más de veinte años después. Me explico.

Podría dar muchos ejemplos pero voy a quedarme con uno de máxima actualidad: cuando la coquetería femenina padece no sé qué tipo de síndrome que induce a las mujeres de todas las edades a clonarse para ser más atractivas... Lo de atractivas es un decir, por supuesto, ya que visto lo visto llegas a maravillarte de que la estupidez humana pueda alcanzar tan altas cotas.

El relato que hace al caso, y que nos presentaba Rod Serling en su día, iba de un mundo futuro, ¿futuro?, en el que sólo privaba la belleza y que cualquier persona que fuese fea o de rasgos imperfectos tenía obligatoriamente que pasar por el cirujano plástico para cambiar, naturalmente que el cambio se hacía extenso al resto del cuerpo según puede comprenderse, y el resultado una humanidad físicamente sin tacha. No obstante, y para que el argumento pudiera escribirse, salía un patito feo contestatario que se rebelaba a que la transformasen ya que quería conservar su personalidad, la única que permanecía intacta dado que el resto habíase operado. Entonces todo el mundo quiso convencerla, sus padres, sus amigos, la sociedad entera, sin conseguirlo claro. Así duró el tira y afloja unos cuantos minutos televisivos y finalmente, a la fuerza, la operaron para integrarla en el rebaño, pues desentonaba.

El golpe de efecto consistía en descubrir al aterrado espectador, que cuando ella se levanta de su cama hospitalaria y sale al mundo, todas las chicas con las que se cruza son exactamente iguales las unas a las otras. Ya está integrada, ya no se diferencia de las demás, ya puede ser feliz.

En su momento me pareció una historia, aparte de muy desagradable, poco creíble, fantástica, absurda, original pero inviable, vaya, lo que se dice un cuento para no dormir, eso sí, muy ingenioso y digno del programa... Hoy, de unos años a esta parte, ya no sustento la misma opinión.

Soy mujer pero nunca me desgraciaría la cara, o el cuerpo, para convertirme en una “belleza irresistible”, clon de top model o de actriz de cine... o de esquelética Barbie, y simplemente me remito a las pruebas que podemos ver a través de los medios de comunicación: labios hinchados hasta perder la sensibilidad, narices recortadas que no encajan con una construcción ósea del rostro, pómulos brillantes de puro tensos y que semejan rodetes totalmente anormales propios de cara de muñeca de papel maché... Lo inconcebible es que ellas se vean guapas después de haberse deformado el rostro o haberse creado otro que no les pertenece, destruyendo así su belleza y luego su personalidad. Y esto viene a colación de que muchas y muy bonitas actrices de cine, no diré sus nombres, se han hecho verdaderas barbaridades en la cara, o el cuerpo, creyendo que así están mucho más seductoras, y no vale la excusa de que les salen arrugas porque a las que me estoy refiriendo, no les hacía falta pasar por el cirujano ya que son jóvenes y, eran, verdaderamente hermosas.

Que una mujer con defectos faciales, o físicos, pretenda arreglarlos, es cosa que encuentro lícita, pero recortarse la nariz por capricho o inflarse los labios hasta parecer una caricatura, por no hablar ya de los senos, lo considero incluso delictivo, y lo que no acabo de entender es cómo los maridos, novios o amantes, no protesten al encontrarse con alguien que, recién salida de la clínica embellecedora, no encierra ningún rasgo de semejanza con la mujer que les enamoró. ¿Podría esto constituir en el futuro causa de abandono?

Luego vienen las excentricidades como el caso auténtico de la ex esposa de un millonario, divorciada o viuda, que se operó la cara una infinidad de veces hasta parecerse a un felino —seguramente pretendía ser la mujer pantera—, y la verdad es que la señora daba horror, pero ella se veía preciosa.

El rostro de cada uno es como su letra, va con su carácter y le refleja, si se distorsiona la letra o se la falsea, se lesiona la personalidad; esos cientos de caras “lindas” hechas en serie son como cientos de borreguitos, sin más.

Me acuerdo ahora de una fea ilustre y muy famosa, Barbra Streisand, que precisamente obtuvo el éxito siendo joven y que impuso las irregularidades de su rostro sin inmutarse y triunfó como mujer, como cantante y como actriz en el tan competitivo medio que es Hollywood. Me parece que esto quiere decir algo, ¿no lo creen ustedes?