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Vladimir NabokovNabokov y Laura

Después de 31 años se han decidido por fin a publicar The Original of Laura, novela póstuma e inacabada de Vladimir Nabokov, pese a que éste, en su lecho de muerte, ordenó a sus familiares que destruyesen la obra. Vera, su viuda, no se vio con corazón para hacerlo y el hijo de ambos, Dimitri, después de dudar, durante todo ese tiempo, se ha decidido por fin y en breve saldrá editada la novela incompleta, cosa que a su padre no le habría hecho ninguna gracia.

Como novelista me indigna que la voluntad de un escritor, la última voluntad además, haya sido desestimada olímpicamente; nadie más que un novelista sabe cuándo debe estar lista su obra, ya que escribir una novela no es lo mismo que redactar una carta, una novela no camina en línea recta sino en base a muchos retrocesos, y avances, que de nuevo se convierten en retrocesos. Se realizan los primeros borradores y luego viene la labor de pulido, de quitar muchas cosas y trasformar otras, e incluso hasta de eliminar personajes e introducir nuevos, de repasar los diálogos buscando la palabra exacta que todo lo diga de una manera concisa y al mismo tiempo elocuente; a veces una pausa tiene más fuerza en un diálogo que diez páginas descriptivas.

Escribir no es una tarea fácil si se pretende hacer bien, y, según se afirma, Vladimir Nabokov era un novelista muy puntilloso y concienzudo, por lo tanto, coger su obra inacabada, que para más inri está repartida en un montón de fichas en plan puzzle, y pretender darle el acabado final sin saber exactamente cuál era la idea unitaria de su autor, me parece una herejía, un crimen de lesa literatura. Primero no se respeta su última voluntad y después, más o menos encubiertamente se pretende hacer negocio a costa de su nombre, aunque en este caso se trate de su propio hijo. ¿Es que ya no dejan beneficios todas las novelas, y otros textos, que escribiera Vladimir Nabokov?

Yo he leído dos novelas póstumas escritas por dos autoras de renombre cuya identidad no voy a revelar porque a ellas les hubiera dado vergüenza saber que con dos esbozos inacabados se habían perpetrado sendos bodrios que han pasado con más pena que gloria al mercado literario. En ambos borradores, no se les puede llamar de otra manera, se advierte todo lo que falta por completar, ideas que quedan a medias, personajes no definidos por contradictorios e incoherentes, cuando ambas autoras se distinguían precisamente por todo lo contrario.

Pero, eso sí, salieron las novelas al mercado y al menos las primeras ediciones se vendieron, luego, silencio, o, mejor dicho, un piadoso olvido... o un avergonzado olvido, pero eso poco importa cuando lo que le interesa a la editorial, o a los herederos, es ganar dinero.

Y ahora que menciono todo esto me viene a la memoria un caso curioso que tiene por protagonista al escritor Wilkie Collins a propósito de una de sus novelas, Las hojas caídas, que él, aunque dio por terminada en un primer volumen, pensaba continuar en un segundo ya que, a su parecer, quedaban en la primera muchos cabos sueltos.

A tal efecto de continuidad se puso a desarrollar una larga sinopsis que encuadraba la descripción de capítulos enteros de la nueva novela incluyendo su desenlace... Y así quedó, en un esbozo no precisamente pequeño de lo que pudo ser una novela que, por el momento, ningún avispado editor ha podido mandar escribir, ya que en este caso el material está todo dado, sólo hay que rellenar un poco sin esforzarse demasiado y a publicar libros. Lo extraño es que todavía no se haya hecho, porque en este supuesto los herederos de Wilkie Collins, si es que existen, poco podrían objetar a menos que alguno de ellos conserve en su poder el manuscrito detallado del argumento.

Pero dejemos tranquilo a Wilkie Collins y volvamos a nuestro siglo XXI que si en algo se caracteriza es en su desaforada carrera por alcanzar metas que a veces no conducen a ninguna parte como no sea a llenar el bolsillo de sus promotores...

Cantidad, cantidad y ninguna calidad, parece ser el lema de esta época cuyos ídolos de papel apenas nacen ya son arrebatados por el viento sin dejar recuerdo.

Una cosa es segura, sin embargo, Laura nunca desbancará a Lolita, de eso estoy plenamente convencida.

Es curioso, estaba a punto de dar por concluido el presente artículo cuando me he enterado de una noticia que de alguna forma viene a refrendar mi opinión sobre las publicaciones póstumas de obras inacabadas, dice así:

El novelista Noah Gordon ha hecho pública su decisión de que ya no va a escribir ninguna otra obra, pese a que continuamente se le ocurren argumentos nuevos, porque, próximo a cumplir en noviembre los 82 años, tiene miedo a fallecer sin haber terminado cualquier novela que estuviese escribiendo, habida cuenta de que sus libros suelen contar entre 500 y 700 páginas, “sería enojoso morir cuando voy por la página 250” afirma con un excelente sentido del humor.

Y yo agregaría que es una disposición muy inteligente que no precisa comentario alguno.