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Lady Hamilton, en uno de los retratos de George Romney
Lady Hamilton, en uno de los retratos de George Romney.

La vida a través de la imagen ajena

Es un poco difícil de explicar aunque sea fácil de ver. La otra vida está en las fotografías, en las fotos fijas de las revistas, y florece cada semana en sus brillantes portadas y dentro, en ese álbum de grandes páginas satinadas que nos muestra las vidas de los otros, auténtica biografía por capítulos de aquellos privilegiados que son protagonistas de historias maravillosas de auténtico color de rosa, yates de lujo, playas paradisíacas, ciudades increíbles, jets, limousines, la Torre Eiffel como símbolo de un París que teóricamente sólo vive para el amor, los grandes desfiles de la moda, los anuncios a toda página que sólo muestran sugestivos labios pintados de rojo, párpados con sombras azules orlados de largas pestañas de curvatura imposible, cabelleras luminosas que no parecen pertenecer a este mundo real, jardines de los que emergen ninfas bellísimas, mitad vegetales, mitad humanas, promocionando perfumes que se encierran en frascos de cristal tallado en forma de diamante... El poder de la imagen, el dominio de la imagen, la vida a través de la imagen, esa vida que hace soñar a muchas personas, mujeres en su mayoría, o bien a adolescentes de ambos sexos, ellos el reloj, el coche, la Harley-Davidson, ellas los manolos, siempre que sean Blahnik, la casual wear, los abalorios-joya, los maquillajes que trasforman al patito feo en cisne, las operaciones de cirugía estética que harán de ellas muchachas admiradas y deseadas... El poder de la imagen, el poder de la seducción, un euro, dos a la semana, y te conviertes en aquello que quisieras ser... y que nunca serás, pero que mientras dure te hará feliz.

Después vienen las posturas, copia de la imagen, desde luego, las sonrisas que pretenden ser fascinantes, los mohines, los trajes que sientan fatal pero que la imitadora cree que ha nacido para vestirlos, los zapatos modelo centurión que las convierten en una especie de ridículos Gatos con Botas, los cabellos afro, o cabellos muy cortos o largos, los tintes con reflejo de perla o de claro de luna, y estas niñas, muchachas, mujeres (cuanto más mayores más patéticas), se trasmutan por obra y gracia de su imaginación, en el distorsionado reflejo de aquello que pretenden ser, sólo les falta la segunda parte, traspasar la barrera del papel y ser a su vez protagonistas de un álbum que sale a la venta cada semana en diferentes reencarnaciones, el mismo contenido en fotografías diferentes bajo el título de revistas diferentes.

Lo curioso es que ya viene de antiguo, cuando no había revistas de este tipo, pues se cuenta que lady Hamilton, la amante del almirante Nelson, fue famosa por sus “posturas” con las que quedó inmortalizada en muchos cuadros de Romney, y era admirada y envidiada por ello en sociedad, ¿por saber posar?, no exactamente, sino por saber armonizar posturas clásicas con la modernidad de su época en una alianza de posado artístico, danza y teatro... Que no creo sea tan difícil de entender en nuestra época si reflexionamos acerca de las posturas, gestos y mohines de las ávidas y juveniles adoradoras de la prensa rosa; no hay nada nuevo bajo el sol y las posturas, gestos y mohines que las modelos imponen bajo imperativos de una moda que no rigen poetas sino empresarios, pueden parecer actuales pero no lo son. En el fondo siempre es lo mismo, el ansia de emular, de ser diferentes, de escapar de la vulgaridad, de convertir los sueños en realidades, en pocas palabras, la vida a través de la imagen ajena.