Las hermanas Cardona Gamio

Predestinación

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Pocas veces se da el caso, ¿alguna vez se ha dado?, de tener una fotografía en la que el novelista aparezca acunando a su editor recién nacido. Mas por digno que parezca de la literatura de Lewis Carroll, esa fotografía puede existir y yo doy fe de ello.

Es una historia curiosa que me gustaría mucho no tuviera precedentes, y en la que concurre el hecho de una, llamémosle casualidad, la casualidad no existe, que incluso tiene nombre. Me explico:

Dos semanas antes de que naciera mi única hermana, fuimos al cine mi madre, mi tía y yo, una tarde primaveral. A las tres nos gustaban mucho las películas y por parte de mamá fue una temeridad el ir a punto de dar a luz, ya que se exponía a que el parto se le adelantara. Pero fuimos. Era un cine de barrio, de sesión continua y se anunciaban dos films. De uno me acuerdo el título, del otro no, yo tenía once años y me impresionó muchísimo la historia, fue la primera vez que me enteré de que en Inglaterra existieron tres hermanas apellidadas Brontë y que habían sido novelistas. Empecé a escribir novelas a los 8 años y a los once seguía emborronando papeles, lógicamente, las Brontë me fascinaron, y su historia. La película se titulaba Predestinación y estaba realizada en blanco y negro lo que acentuaba el desolado paisaje. Me impactó de una manera especial sin que llegase a comprenderlo, no obstante, mucho después sí que lo he relacionado, porque aquel bebé que estaba a punto de nacer y yo, con el tiempo, años más tarde, estábamos predestinados a vivir una aventura literaria, bien es verdad que un poco tardía, pero completamente real.

En la foto me podéis ver con mi hermanita en brazos, si alguien me hubiera dicho entonces que aquella frágil criatura iba a ser mi editora un día muy remoto, no hubiera podido creerlo, y si me hubiesen dado la noticia cuando tenía 18 años, mi respuesta habría sido, “¿tengo que esperar tanto todavía?, ¡no, no puede ser!”, y, sin embargo, fue. Tuve que esperar.

Durante años le conté a mi sufrida hermanita, cuentos e historias que me iba inventando, y ella me escuchaba pacientemente sin pestañear. Entonces vivíamos en el campo, y recuerdo cierta noche de verano, sentadas bajo los árboles, en que me dio por contarle sobre la marcha una aventura de ovnis y extraterrestres que al final nos asustó a las dos, y levantándonos del santo suelo, nos marchamos corriendo a casa porque ya veíamos hasta alienígenas.

Pasaron los años y entonces le relataba novelas que ella continuaba escuchando en silencio y sin interrumpirme, pero nunca hacía comentarios posteriores, cosa que no me importaba grandemente ya que lo que yo quería en realidad era tener público.

Cuando empecé a escribir, podríamos decir “en serio”, la abandoné como oyente, puesto que iba a la caza y captura de editor, ¡y pensar que estaba bien cerca y que ni ella ni yo lo sabíamos!

Trascurrió mucho tiempo y yo seguía escribiendo, enviando a editoriales y llevándome los consabidos disgustos, desilusiones, depresiones y rabietas. Pero no debo silenciar que hubo pequeños éxitos, como que a los 15 años me premiaron un cuento en una revista juvenil, y mucho más tarde, mucho, mucho, mucho, un relato policíaco que entró en una antología del género, pero, claro está, no bastaban sino que a la larga entristecían, llevándote a la conclusión de que el camino era muy difícil, demasiado.

Seguí escribiendo y mi hermana siguió creciendo, pasaron muchos años (en mi pequeña historia el tiempo tiene papel de protagonista) y cierto día, en octubre de 1996 para ser más exactos, un ordenador entró en nuestras vidas, y con el ordenador, un poco más tarde, Internet...

Mi hermana comenzó a hacer prácticas (es autodidacta vocacional y de ser lega en ordenadores ahora es una excelente webmaster, blogmaster, maquetadora, tipógrafa, etc., etc.), pidiéndome cosas mías escritas, relatos, alguna novela, para pasarlas en limpio de la ya arcaica máquina de escribir. Y sucedió el milagro, me dijo: “Oye, esto está muy bien, vamos a publicarlo en Internet”.

Creo que ya lo he dicho todo, el resto es historia. Nació C. Cardona Gamio Ediciones, concretamente en 1999 a finales, los escritos tuvieron una gran acogida elevando mi maltrecha moral, y con el advenimiento de la impresión bajo demanda, la editorial se convirtió de hecho en una realidad al uso, que ahora, de la mano de Amazon Kindle, amplia horizontes.

Predestinación, esa es la palabra. No somos las hermanas Brontë pero somos las hermanas Cardona Gamio, e incluso ha habido quien nos ha comparado con los hermanos Van Gogh, salvando las obvias diferencias, como es lógico.

Desde aquella primaveral, y muy lejana, tarde de cine de barrio hasta el momento presente, ha llovido bastante, y lo inconcebible se hizo realidad: Alicia celebrando una fiesta de no cumpleaños mientras el lirón duerme, ¿acaso esta historia personal nuestra, de María Concepción y mía, no pertenece también a la materia de la que están hechos los sueños?