La muñequita pensativaLa muñequita pensativa

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No llega a palmo y medio de estatura, ¿quizá dos?, tengo mis dudas, la verdad es que nunca la he medido, es blanda, es de trapo, lleva un delantalito de colegiala rayado en rosa, cuello redondo blanco, y dos diminutos bolsillos a ambos lados de la faldita. Su cabello está hecho con lana marrón y peinado en dos trenzas sueltas que sujeta una goma al nivel de unas invisibles, e inexistentes, orejitas.

Sus ojos, negros, grandes, redondos, son dos círculos de fieltro con largas pestañas dibujadas en los ángulos, la nariz un punto, las mejillas pecosas, y la boquita, una diminuta semicircunferencia en fieltro rojo. Mantiene la cabeza inclinada mientras contempla sus piernas, las puntas de sus pies concretamente, dos extremidades de paño bermellón oscuro que igual son medias que leotardos... y que están terriblemente sucias con un polvo incrustado de años y años porque nunca supimos limpiarlo debidamente.

La muñequita contempla fija sus pies y parece reflexionar profundamente, ¿piensan las muñecas?... ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Es curioso, la muñequita no tiene nombre y ahora me doy cuenta de que nunca se lo hemos puesto, nosotras, tan amantes siempre a hacerlo con cada animal o cosa que entra en casa.

Me la regaló mi madre un día de Reyes, y yo ya no era una niña, me despertó y la puso en mi almohada. Esto sucedió hace muchos años y la muñequita sigue existiendo encerrada en su mutismo pensativo, una presencia muda que parece saber muchas cosas como los personajes inanimados de Andersen, esos juguetes que sólo cobran vida cuando el reloj da las 12 de la noche.

De pequeña yo creía que esto era cierto, pero nunca resistí despierta hasta la medianoche y ahora trasnocho con la tele, el ordenador o leyendo, y la pobre muñequita, en la presente temporada puesta sobre un scanner, no puede despertar a su vida encantada para devolverme a la realidad de mis cinco años; claro que si lo hiciera pensaría yo que me había dormido, porque los muñecos existen pero no tienen vida propia como no sea la que nosotros les regalamos.

La muñequita no envejece, se deteriora lentamente. Le lavamos la bata dos veces al año, e intentamos alisarle el pelo que nuestra gata escarbó hace tiempo, pero no hay remedio, así seguirá hasta el final.