El camión azul “Viento del Este”, recién comprado, arribó
temprano en la mañana y se estacionó muy cerca del “Himalaya Hotel”.
Su colorido toldo mostraba dibujos de luna en creciente y aves y dos soles como
ojos vigilantes y el yin y el yang en perpetuo cambio y esvásticas alrededor,
lo cual demostraba que Buda no andaba lejos.
Cayeron colchones de diseños geométricos del camión y se apilaron a un
lado. Desde la cabina se deslizó de cabeza el chofer y cayó sobre uno que lo
esperaba en la acera. Su mujer protegió su sueño y, mientras tanto, ofertó
los colchones para que se acrecentara la raza tibetana.