Avalokitesvara se trasladó a vivir al segundo monte Potalaka, atraído por
la belleza de las nubes del estío. El rey Songtsen Gampo, junto a sus dos
esposas, lo recibió en el salón para la meditación. Corría el Año del
Conejo de Hierro y acróbatas y músicos organizaron la bienvenida.
En retribución, Avalokitesvara mostró sus once rostros y abrió el abanico
de oro de sus brazos y definitivamente se instaló en el recinto un brillo que
multiplicaba los tiempos y también los anulaba.
(El aroma de la madera de sándalo fue presencia en el Nirvana y la verdad
budista quiso ser transfiguración y ensayo, unión y separación, honor y
victoria. Sobre las flores de loto merendaron las diferentes encarnaciones de
Sakyamuni).
Luego, se escuchó el estruendo de rayos y centellas y detrás del Palacio
Potala el rey dragón formó un estanque para su morada.