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Made in Sweden

Desde hace un par de semanas, una intensa polémica se viene desarrollando en la sección cultural del principal periódico sueco, teniendo como protagonistas a representantes de la vida cultural y política del país. El tema que ha estado en el tapete es la suspensión del subsidio que el Estado proporcionaba para la traducción de escritores suecos a distintos idiomas extranjeros. Este subsidio, proveniente del Departamento de Cultura y canalizado a través del Instituto Sueco, podía solicitarse dos veces al año por traductores o editoriales extranjeras con el fin de traducir y publicar autores nacionales en el exterior. El año pasado, el subsidio alcanzó a los dos millones de coronas (unos 300.000 dólares), que hicieron posible 120 traducciones en 25 idiomas distintos.

Mientras traductores, periodistas culturales, escritores y otras personalidades califican la medida de desacertada, estrecha de miras, carente de perspectiva a largo plazo, en resumen: catastrófica para la difusión de la literatura sueca de calidad en el exterior, los representantes del nuevo gobierno (conservador) se defienden diciendo que esa medida ya había sido decidida por el gobierno anterior (socialista). Los socialistas, por su parte, callan. Un funcionario se ha atrevido a opinar que quizás fuera hora de que las mismas editoriales suecas apostaran un poco más por los autores de calidad y no solamente por los best sellers, y apoyaran su traducción a idiomas extranjeros. Nuevo aluvión de protestas, ahora de parte de los editores, los traductores, etc etc. Un editor independiente postuló un fondo destinado a esta finalidad, pero hasta ahora no hay respuesta. La cuestión sigue debatiéndose. El tema va a tratarse en la próxima reunión del Consejo Nórdico. El subsidio, en todo caso, ya no existe, ni el Instituto Sueco recibe más solicitudes de apoyo a la traducción.

No es éste el espacio para debatir si la mejor manera de difundir la literatura de un país sea a través de subvenciones estatales, pero lo cierto es que los escritores de un país tan pequeño, tan alejado geográficamente de los centros de difusión y de las grandes capitales del libro como Suecia, cuya herramienta de trabajo es un idioma hablado por apenas unos nueve millones de personas (a comparación del inglés, con casi 600 millones, o el español, con 500 millones) necesitan, más que la ayuda del Estado, un milagro del Todopoderoso para que sus obras sean conocidas en el exterior. Inclusive con el apoyo estatal, se puede fácilmente constatar que muy pocos autores suecos son conocidos y apreciados en el exterior. De la literatura sueca actual no se sabe demasiado, sobre todo fuera de Europa. En España, México y Argentina, circulan bien las policiales de Henning Mankell, autor ciertamente interesante, aunque de perfil bastante irregular, prolífico productor de una novela al año. También se conoce algo de Jean Guillou, periodista brillante e inteligente autor de novelas históricas, o de Liza Marklund, otra estrella del género detectivesco, muy vendida.

Lo cierto es que más allá de estos nombres, que venden bien, existe una cantidad de autores interesantes que los lectores latinoamericanos seguramente apreciarían, de existir una buena traducción. Vayamos a algunos ejemplos, como inspiración quizás para los traductores y las editoriales de nuestro vasto continente, afortunado por la dicha de poseer uno de los más importantes idiomas del planeta.

 

De cofradías religiosas y vampiros

Hay muchos escritores interesantes en el panorama actual de las letras suecas. Como muestra, mencionaremos aquí a algunos de los más destacados narradores (la poesía queda para otra oportunidad) representantes de distintas generaciones y distintas orientaciones literarias, por ejemplo: PO Enquist (Per Olov Enquist, 1934), Carl Johan Vallgren (1964) y Jonas Hassan Khemiri (1978). Como una figura especial podemos agregar a John Ajvide Lindqvist (1968).

PO EnquistPO Enquist (Bureå, 1934): narrador y dramaturgo consagrado, es considerado un veterano de las letras nacionales. Ha escrito novelas excepcionales, entre las cuales podemos mencionar especialmente Livläkarens besök (1999), con la cual ganó el Premio August (el premio de narrativa más prestigioso de Suecia) ese año. Este libro, en español algo así como La visita del médico de la corte, está traducido al francés y ganó el premio a la mejor novela extranjera en Francia en 2001. Esta obra fascinante recrea una de las épocas más oscuras y dramáticas de la historia danesa, la del rey Christian VII, a finales del siglo XVIII, quien, víctima de un desequilibrio psíquico y un ambiente de crueldad y ambición, delega el poder en su médico de cabecera, el alemán Johann Friedrich Struensse. Otro de sus libros es Lewis resa (El viaje de Lewi), publicado en 2001, sobre la historia de vida de Lewi Pethrus, quien difundió en el norte de Suecia el movimiento religioso de los Pentecostales. Con un lenguaje arcaico y cautivador, Enquist sumerge al lector en el mundo inhóspito y aislado del norte de Suecia, de donde él mismo es originario. Algunas obras de teatro de este autor están traducidas al castellano, pero no así sus novelas. Gracias al apoyo estatal que mencionamos anteriormente, ha sido traducido, por ejemplo, al turco.

Carl Johan VallgrenCarl Johan Vallgren (Linköping, 1964), más joven, es un escritor talentoso y un músico destacado. Ha escrito novelas excepcionales, como Den vidunderliga kärlekens historia (2002) algo así como Historia del amor maravilloso, que también ganó el Premio August ese año. Una especie de realismo mágico escandinavo, lleno de sucesos extraños, inexplicables, crueles y bellos. El significado doble de la palabra “vidunder” define de alguna manera su obra: puede significar tanto “monstruo” como “maravilla”. Una manera de bucear en lo diferente, lo chocante, quizás a veces también único y maravilloso. Que sepamos, no está traducida al castellano. Vallgren es además, como dijimos, un músico muy activo y talentoso, además de periodista y conferencista. En la actualidad se dedica exclusivamente a la música. Una semblanza más completa puede apreciarse en su página web.

Jonas Hassan KhemiriJonas Hassan Khemiri (Stockholm, 1978) es un exitoso representante de las nuevas generaciones de escritores con raíces inmigrantes (hijo de madre sueca y padre tunecino). El joven Jonas HK ha revolucionado el idioma sueco, redactando una prosa juguetona, poética y llena de rarezas gramaticales, que reflejan los cambios idiomáticos que las jóvenes generaciones de inmigrantes están imponiendo en el idioma sueco. Autor de una novela exquisita, Ett öga rött (2003), en castellano Un ojo rojo, hasta ahora no traducida al castellano (y gracias al subsidio estatal sueco, traducida al serbocroata). El año pasado publicó la novela Montecori, que fue nominada al Premio August, pero no lo ganó. Joven inteligente y carismático, seguramente seguirá dando que hablar en el futuro.

John Ajvide LindqvistJohn Ajvide Lindqvist (Blackeberg, 1958) es, por su parte, algo tan inusual como un escritor sueco de novelas de horror. Cómico, mago, guionista de televisión, narrador. Escribe sobre vampiros, almas en pena, muertos en vida, zombies. Sus personajes muestran una obsesión por la muerte, tema que logra encajar con habilidad en ambientes cotidianos donde el lector puede identificarse. Ha recibido muy buena crítica y es un autor muy interesante, para quien disfrute del género. Ha escrito dos novelas: Låt den rätte komma in (2004), en castellano algo así como Deja entrar al indicado, cuyos derechos ya se han vendido a once países —esperemos que esté España entre ellos— y Hantering av ofödda (2005), Manejo de los no-nacidos, de tema similar al anterior, con derechos vendidos a ocho países según la prensa. El año pasado publicó un libro de cuentos: Pappersväggar (2006), Paredes de papel. Las dos novelas están en proceso de filmación y se estrenarán el año próximo.

 

La traducción del año

Invirtiendo ahora el razonamiento, podríamos preguntarnos ¿cuántos escritores latinoamericanos actuales se traducen al sueco? La situación es, en este punto, exactamente la misma que para los autores locales. Las editoriales más poderosas económicamente y de más prestigio, no apuestan a otros escritores que a aquellos que, con relativa seguridad, sepan que pueden vender, y vender bien. Ser muy vendido no significa, como ya sabemos, ser un autor de calidad, aunque tampoco lo contrario. Lo cierto es que la jugada más arriesgada y más elogiable de este año en el mercado editorial sueco (en cuanto a literatura latinoamericana) ha tenido como protagonista a una pequeña editorial de calidad: Tranan Förlag. Esta editorial, con un director visionario e idealista, y un equipo de personas a su alrededor que muchas veces trabaja sin remuneración, ha costeado la traducción y publicado una fantástica edición de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Esta edición es remarcable en varios aspectos: un escritor de primera calidad, una novela de culto, una traducción admirable (Lena E. Hyman capta a la perfección el ritmo y la cadencia de la prosa de Bolaño) y un resultado exquisito en cuanto al diseño gráfico del libro. En resumen, una bella edición de calidad para un libro excepcional.

Por lo demás, son algunas otras pequeñas editoriales que, con mucho empeño y con un gran amor a la literatura, dan a conocer a los escritores latinoamericanos actuales, como la editorial Boca/Pocky, que ya ha presentado traducciones del mexicano David Toscana y del guatemalteco Rodrigo Rey Rosa. Esperamos que muchos más títulos sean accesibles al público nórdico en los próximos años.