“El asunto es el riesgo y el riesgo es el asunto”, dice Cabrujas en alguna parte y Francisco Rojas Pozo lo toma como epígrafe del primer estudio de su libro Cabrujerías, editado por la Universidad Pedagógica Experimental Libertador de Maracay a través del Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias “Hugo Obregón Muñoz”. Y tanto fue el riesgo que Rojas Pozo lo convirtió en asunto. Un asunto que transitó en años de indagaciones, estudios y aprendizaje, y que emergieron, asunto y trabajo, a la superficie de un texto de altísima factura intelectual, donde el teatro, o mejor, la dramática de Cabrujas, consigue su exacto valor y espacio.
II
Francisco (Franco) Rojas Pozo, desde aquellos años iniciales del Pedagógico de Maracay, siempre ha demostrado un excelente ritmo crítico, desmontador de esquemas, viajero a través de los hilos invisibles de una obra. Es por eso que no nos extrañó saber y luego leer este trabajo de nuestro investigador teatrista, porque lo sabíamos capaz de escribir un hermoso pero a la vez profundo libro sobre uno de los dramaturgos más completos de nuestro país.
Cabrujerías es, como lo dice la elipsis manejada por Franco, un juego donde José Ignacio Cabrujas es una suerte de imán que traduce lo que la tribu tiene como lenguaje, como escena y filosofía de la estética teatral. Y es más, Franco entra con un ritmo excelente en los canales de un sonido que va más allá de las inflexiones del parlamento. Estudia la hondura de la palabra de Cabrujas como signo inequívoco de un comportamiento y una filosofía. Comparto la opinión de quien dijo —quizás el mismo Cabrujas— que se trata del mejor estudio realizado sobre la obra del autor de Profundo y otras piezas fundamentales, bien estudiadas por Franco en este libro que apunta a convertirse en un verdadero pozo de sorpresas para investigadores y artistas.
III
El cuerpo (corpus) crítico de Francisco Rojas Pozo tiene fundamento en la poética de Cabrujas. Poética es la estética de un trabajo siempre atento al mismo punto: el actor dueño de un lenguaje que transita la ironía, el humor, la comedia y la tragedia de una cotidianidad sustentada en el vacío. Los actores, como dice Rojas Pozo de Cabrujas, tienen que ser especiales. Porque los personajes son sonidos, espectros, actos de habla que se desplazan a través de espíritus concebidos para desentrañar la trampa dentro de la misma obra. En este sentido, el autor retoma el concepto de metadrama, la matriushka dramática, el tejido circular donde el ciclo es el reflejo en un espejo de reiteraciones, para recordarnos un poco el distanciamiento brechtiano. Es decir, para Cabrujas el teatro tiene un teatro interior. Teoría que Rojas Pozo trabaja con acierto y claridad.
Para este autor la obra de Cabrujas tiene un fondo idiosincrásico, es decir, el teatro de Cabrujas existe gracias a su perfil nacional. Los personajes de Cabrujas atienden a una estructura, a un espíritu venezolano que nada fácilmente a través de la recreación de atmósferas del pasado traídas al presente. “La imaginería popular se conecta con la manera arcaica de dar forma al mundo, tal vez un encuentro con lo que una vez se designó como lo maravilloso” (pp. 79-80). Juego de instancia en la que magia diaria de la palabra se empalma con el sentido “doméstico” de una ironía propia de este país, o ancestralmente arraigado en la tierra de los orígenes castellanos. No es extraño, entonces, que tengamos un dramaturgo concebido como un individuo intelectualizado desde el conocimiento existencial hasta arribar a la tesitura de una obra cuyos iconos están, precisamente, en la envoltura de un tono muy particular, en el que los personajes y el texto constituyen la médula de su presencia.