El sueño me invade como la pleamar. Y no puedo resistirme.
Es un sueño profundo, sin límites; ni el timbre del teléfono
ni el ruido
de los coches que pasan por la calle llegan a mis oídos.
No siento dolor ni soledad. El mundo del sueño es cuanto existe.
B. Yoshimoto
1
Un microclima literario establece su abordaje en el éxito que se instala en un tema que en Japón ha comenzado a ocupar espacio: el cansancio de una juventud que tiene en el vacío una forma de mirar el mundo.
La muerte, ese liviano fardo que el pasado instala en el presente, mientras un cuerpo se aleja bajo tierra. O ya hecho polvo se disemina sobre el mar, tranquilo, atado a su silencio. La muerte, voraz señora que altiva se mece en un columpio bajo un árbol. Y más adelante, en alguna página, Terako la recuerda en la mirada de Shiori: un mundo que se desmorona o parece desaparecer ante los ojos de tres jóvenes que viven experiencias vitales, tortuosas, dolorosas, en los tres relatos que le dan cuerpo al tomo Sueño profundo(Círculo de Lectores, Barcelona, España, 2007), de la narradora japonesa Banana Yoshimoto (Tokio, 1964), seudónimo de Mahoko Yoshimoto, autora también de Kitchen, libro que ganara el Newcomer Writer Prize en 1987. Un año después se alzó con el Izumi Kyoka para el mismo título. Además de estos libros ha publicado las novelas Tsugumi, N.P. y Amrita.
Terako duerme en el sueño profundo de la derrota, del desgano, a la espera de un amor que no llega, del hombre, Iwanaga, que a su lado no puede atarse a su deseo por no creer en compromiso alguno. Para completar esta realidad, vive el dolor de la muerte de su amiga Shiori. La desolación en el suicidio de esta mujer que practicaba el oficio de prostituta, especie de geisha moderna, actualizada por la mirada dulce y hasta ingenua de una narradora que flota sobre las palabras que reúne para vivir lentamente.
Dormir para olvidar, para borrar la soledad. “Únicamente me siento sola en el instante de despertar”. Y, en efecto, al despertar, aparecen preguntas, “un escalofrío que me recorre la espalda”. Terako, el personaje que ocupa parte de la historia, afirma para develar su desolación: “Ha muerto una amiga mía”. Shiori, la suicida. A pesar de existir “el hombre”, de estar con él, se siente sola, y así saber que llega al “fin de la noche”.
2
Sueño profundo es una historia donde el paisaje no existe. Los personajes se mueven entre sus reflexiones. Se trata de una narrativa sin ningún tipo de rebusques. Es decir, voz y cuerpo de la narradora conforman el referente más visible: quien habla construye el paisaje donde se desplazan los personajes. Diálogos y monólogos se ensamblan con las sombras de ese sueño del cual no quiere salir Terako: una metáfora del desapego, del desgano, de una generación que se agotó frente a la tecnología (habría que mirar hacia el lugar donde ocurrió el terremoto, así como el fondo marino donde comenzó el tsunami). ¿En qué sueño se despierta el personaje y se da cuenta de que ha desaparecido el motivo de su angustia, la vida en su entorno?
A veces, mientras piensas que no debes dormirte, te amodorras y tienes unas pesadillas terribles. Surrealistas. Sueños donde pierdo las monedas que he ido reuniendo poco a poco, sueños donde las tinieblas entran por la ventana y me atenazan la garganta..., y el corazón me da un vuelco y me despierto aterrada. Tengo miedo...
Miedo a despertar al lado de alguien que duerme. He allí “la visión tan desolada, angustiosa y salvaje”, afirma Terako.
Shiori entra y sale del espacio vital de Terako. Muerta, regresa: la viva despierta asustada. La muerte se burla, se lleva a Shaori. Ya no está, entonces. Mientras tanto, con los ojos puestos en el techo, hace el amor y sigue el curso del sueño, el de la pesadilla: “Me di cuenta de que la cabeza se me iba hundiendo poco a poco en el respaldo del sofá. Me desperté de un sobresalto e intenté hojear una revista, pero me di cuenta de que leía una vez tras otra el mismo párrafo...”.
Terako duerme, entra en el sopor de las sombras. Flota entre hojas y algodón, en el negro de la inconsciencia. No obstante, algo le dice que aún era posible la vida: “Lo que deseaba, en aquel momento, era recuperar el amor vivo que antes sentía por aquel hombre alto que estaba de pie a mi lado. Por aquel hombre al que adoraba (...). Me siento como si acabara de despertar: es todo tan bello, tan límpido, que casi me asusta. Hermoso de verdad (...). Que todos los sueños del mundo sean apacibles por igual”.
Frente al río, que podría ser el mar que recién se alzó con olas de veinte metros, los dos, Terako e Iwanaga, ven caer del cielo el fuego de artificio de un tiempo que ya no regresará.
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En “Los viajeros de la noche” Shibami narra parte de la vida de Yoshihiro, el hermano muerto. Hace de su recuerdo un relato en el que Sarah, una joven norteamericana forma parte de la existencia de un fantasma. Las dos mujeres sufren la ausencia del muchacho. Unas cartas abren el pequeño mundo de esta historia, en la que los tres personajes tejen sus experiencias. Una voz deja la afirmación: “El problema es la parte sucia de la vida”. La que les ha tocado, la que pasa y no se detiene, porque la muerte es un viaje en la memoria de los vivos. Otra afirmación abre un tajo: “Total, los grandes amores siempre acaban mal”, lo que prefigura la corta pasantía de Yoshihiro por la tierra. Dos mujeres que lo amaron, dos mujeres que formaron parte de ese Japón en el que las sorpresas de las tradiciones hacen parte de lo cotidiano.
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El último relato, “Una experiencia”, es la historia de Fumi-chan, quien no puede dormir si no consume alcohol, que lo lleva a imbuirse en una música extraña que lo conduce a una nueva realidad.
Cada noche, al dormirme, únicamente pienso en esto. Por supuesto, sé que bebo demasiado y que no debería hacerlo, y siempre, durante el día, decido que beberé menos por la noche, pero cuando ésta llega, con el primer vaso de cerveza todo se acelera y ya me es imposible parar”.
Así, dice sin esconder nada, si bebe duerme. Y una vez dormida, puede escuchar la melodía que siempre llega para salvarla. En el fondo del sueño, allá donde la borrachera forma parte de ella misma, discute con alguien, con una mujer, suerte de rival que estuvo un tiempo en medio del camino por donde venía el hombre que amaba. A quien ya no recuerda.
Pues bien, se trata de un libro donde impera la tristeza, el paso de un vacío que se hace estado de ánimo en el lector. Personajes etéreos, casi gaseosos, lo que nos impulsa a afirmar que están inmersos en una profunda depresión.
Descripción interior de los personajes, porque el exterior casi no existe. Y así, pasivos, atmosféricos, parecen sombras que deambulan en el aire. Todo el libro construye un poema casi inasible.