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Corazón que no siente

Año 1973

El escritor peruano Mario Vargas Llosa publica, bajo el sello Seix Barral, la novela Pantaleón y las visitadoras, encantadora burla que pone en manifiesto la irreflexiva, genuflexa, auto complaciente y corrupta vida militar.

Convencido del nefasto papel de los uniformados en nuestra historia narra las aventuras del capitán Pantaleón Pantoja que, como heredero de las más altas virtudes de los héroes de la República, lleva adelante, “sin dudas ni murmuraciones”, la delicada misión encargada por el “alto mando”: constituir un servicio de “visitadoras” que, amorosas y dispuestas, recorran los aislados cuarteles que el ejército tiene en la selva peruana a fin de “satisfacer” el calenturiento y viril entusiasmo de la tropa, poniendo coto, de esa manera, a las interminables denuncias por violaciones que ya tenían a la Fuerza Armada en una incómoda situación.

 

Domingo 5 de abril de 1992

Alberto Fujimori disuelve el Congreso peruano e instala un gobierno de facto. La derrota del terrorismo y la estabilidad económica son los principales argumentos que lo mantendrán en el poder hasta noviembre del año 2000, en el que, por fax, desde Japón, renuncia al cargo para el cual había sido reelecto por segunda vez en sucesivos comicios que, desde el referéndum constitucional de 1993, fueron cuestionados por la oposición y diversos organismos internacionales, sobre todo, por la injerencia, cada vez mayor, que el ejecutivo tuvo en los medios de comunicación.

 

Diciembre de 1997

La sección “cine” de Caretas (Nº 1.497) anuncia que, entre los muchos proyectos de José Enrique Crousillat, dueño de América TV, se encuentra el de las adaptaciones de best-sellers latinoamericanos que ejecutaría el reconocido cineasta peruano Francisco Lombardi.

 

Mayo de 1998

Mario Vargas Llosa, en su columna “Piedra de toque”, escribe sobre “Los Rasputines”, los hombres detrás del poder. El artículo retrata a los “célebres” Alejandro Esparza Zañartu (director de Gobierno y torturador de bajo perfil al servicio del dictador Manuel Apolinario Odría, que gobernó el Perú entre 1948 y 1956), y Johnny Abbes García (jefe del Servicio de Inteligencia de Rafael Leonidas Trujillo, mandamás de la República Dominicana, inflexible y corruptísimo, entre 1930 y 1961). Luego, se despacha con suma libertad sobre las más oscuras cualidades de Vladimiro Montesinos (“asesor” del Servicio de Inteligencia Nacional —SIN— apadrinado por el presidente Fujimori). La razón del artículo es el “desmarque” que el zar antidrogas de Estados Unidos, el general Barry McCaffrey, hiciera con el ubicuo y casi invisible Montesinos quien, durante la visita del militar norteamericano al Perú, trató de mostrar, a través de una grabación, su cercanía con el Departamento de Estado.

El autor de La ciudad y los perros declara: “Todo el mundo sabe, sin embargo, y sobre todo las víctimas del régimen, que este hombrecito de semblante anodino y calvicie incipiente [Montesinos] ha sido directa o indirectamente responsable de todas las decisiones centrales tomadas por el régimen en los últimos ocho años: desde la articulación del gobierno civil con una cúpula castrense cuidadosamente depurada para dar el golpe de Estado de 1992 y establecer en el Perú una dictadura cívico-militar, como todos los pasos tomados para consolidarla y perpetuarla mediante el control de los principales medios de comunicación, las defenestraciones de jueces no serviles, y las mojigangas electorales”.

 

9 de octubre de 1998

César Hildebrandt reproduce una cinta donde el publicista Daniel Borobio, identificado plenamente con la cúpula Montesinos-Fujimori, instruye a José Francisco Crousillat, mandamás de América TV, sobre cómo debe de ordenar los titulares del noticiero más visto de entonces (ustedes disculpen): “Primero el soldado herido, después lo de Aznar... La marchita de los estudiantes es una huevada” (Caretas, Nº 1.537).

Días después, el mismo periodista hace pública otra conversación, esta vez entre J. F. Crousillat y el mismísimo Montesinos, en la cual el “asesor” instruye al empresario televisivo sobre el trato que debe darle a las informaciones políticas.

 

Octubre de 1998

El diario La República informa: “El cineasta Pancho Lombardi enrumbó el sábado a Estados Unidos para entablar algunos contactos e iniciar lo que sería el rodaje de la próxima serie Pantaleón y las visitadoras, basada en el libro de Mario Vargas Llosa”. Aunque no se especifica cuáles serían esos contactos, es público que el productor de la película (o sea, el que puso el dinero) fue José Enrique Crousillat.

 

Primera semana de octubre de 1999

Se estrena en Lima la exitosa segunda versión cinematográfica de Pantaleón y las visitadoras, donde Salvador del Solar representa a un extraordinario e inolvidable Capitán Pantoja (mientras Angie Cepeda impresiona por sus magníficas siliconas).

 

Jueves 14 de setiembre de 2000

Se difunde el video “Kouri-Montesinos”, en el cual se observa a Vladimiro Montesinos pagándole al congresista opositor Alberto Kouri a fin de hacerlo renunciar a las filas de su agrupación para enrolarlo dentro del bloque parlamentario oficialista.

Este será el primero de una lista interminable de videos donde se observa a militares, jueces, políticos y empresarios vendiéndose a Montesinos por diferentes cantidades de dinero. Entre los videos más difundidos se encuentran los de los directivos de los canales de TV que, a cambio de una mensualidad, accedían a someter la línea política de sus medios al gobierno.

 

Año 2000

Un informe de la Asociación Civil Transparencia hace público que, durante el año 1999, el trato que recibieron los diferentes candidatos a la presidencia de parte de los canales de TV fue absolutamente desigual, por ejemplo, la exposición de los diferentes políticos en los noticieros de América TV fue, en noviembre, 83% Fujimori, 10% Andrade, 6% Toledo y 1% Castañeda, agregando: “El tiempo dedicado a los candidatos de oposición servía para desacreditarlos y difamarlos”.

 

8 de marzo de 2001

Se trasmite un video donde José Francisco Crousillat, vicepresidente del directorio de América TV, recibe un millón ochocientos cincuenta y siete mil nuevos soles (más de medio millón de dólares) de manos de Montesinos. En la cinta, grabada el 14 de octubre del año 98, ambos personajes discuten la manera de manejar la información para mejorar la deteriorada imagen del gobierno e intercambian ideas relativas a desvirtuar la información ofrecida por el periodista César Hildebrandt que revelaba coordinaciones entre Daniel Borobio, J. F. Crousillat y Montesinos.

 

27 de noviembre de 2001

El novelista Mario Vargas Llosa se refiere, en declaraciones públicas, al comentario de César Hildebrandt, que presentó un contrato firmado entre una empresa de la familia Crousillat y la agencia que representa al escritor por el cual se acuerda la suma de doscientos mil dólares por los derechos de adaptación de su novela Pantaleón y las visitadoras.

El escritor aclaró que en la época en que se firmó el contrato (1998) no era público que Crousillat recibía dinero de Montesinos y sentenció: “Si lo hubiera sabido jamás hubiera firmado un contrato con semejantes bribones…”.

 

Jueves 13 de febrero de 2003

Mientras todas las parejas, formales, informales, públicas o clandestinas, esperan ansiosos la llegada del “Día de San Valentín” que les dará la oportunidad de disfrutar libremente de su jornada de amor, Alejandro Toledo, presidente constitucional del Perú, anuncia, en una difundida alocución, que dará una dura batalla a favor de la Ley que “que permita impulsar el cine nacional”.

La promesa surge en medio de una celebración: en el teatrín de Palacio de Gobierno se pre-estrena la película Ojos que no ven, del director Francisco Lombardi.

Producto de la euforia del momento, el primer mandatario de la nación intenta un elogio y declara: “Esta película nos propone quitarnos las vendas de los ojos, en esa década infame, muchos no quisieron ver lo que sus propios ojos veían”.

 

Febrero de 2003

Se estrena en Lima la película Ojos que no ven, cuyo argumento gira alrededor de los últimos días del gobierno fujimorista (1990-2000).

Ciento veinte minutos que transcurren lentos e insufribles, durante los cuales media docena de historias se entrecruzan en el pabellón de un hospital público: dos ancianos enfrascados, al final de sus días, en una polémica partidaria; una muchacha que visita a su abuelo y termina siendo víctima de un abogado corrupto y violador; la ex novia de un arqueólogo forense que se encuentra excavando tumbas clandestinas; un general vinculado a la represión, con cara de arrepentido, que atropella a la “ex novia”; un periodista, superficial e indolente; y, un amanuense del Poder Judicial (el personaje más simpático) que vive fantaseando, enamorado de la insoportable hija de la dueña de la casa donde recibe pensión.

La única mención al papel de la prensa durante el régimen de Fujimori es un diálogo entre el productor del noticiero y el periodista, donde el primero, ante la supuesta sorpresa del segundo frente a los videos de la corrupción, le dice algo como: “qué te sorprendes, ¿de qué crees que comimos en los últimos años?”.

 

Viernes 28 de febrero de 2003

Cierto, esta no es sino una somera revisión de una serie de hechos públicos, pero no deja de ser interesante recordarlos en estos tiempos de “reciclados”, porque por estos lares solemos tener mala memoria.

Recuerden que, por ejemplo, Carlos Ferrero, presidente del actual Congreso por su partido Perú Posible, fue miembro del gobierno de Fujimori (1993-2000), o que el hoy oficialista y moralizador parlamentario Jorge Mufarech fue ministro de Trabajo del fujimorismo.

Esencialmente, nada de eso los condena, pero no deja de ser interesante su infinita capacidad de “autocrítica y transformación”, similar a la de un buen número de burócratas dorados y congresistas que siempre encuentran la manera de seguir cerca al poder, aun a costa de lealtades quebradas y promesas incumplidas. ¿Por qué no revisamos de tarde en tarde los archivos de nuestras hemerotecas? Nos daría vergüenza ver cómo los blancos de ayer son los rojos de mañana y cómo los pálidos de la víspera son los carmines de la próxima tarde.

En fin, estos son sólo algunos datos recogidos de la prensa que de algo pudieran servirle a quienes tengan ganas de investigar (si alguien las tiene).

¿No rezaba el viejo dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”?

Saquen ustedes sus conclusiones.

Lima, 28 de febrero de 2003