El término epigrama procede del griego, derivado del verbo epigrápho (inscribir).
Empezó como una escueta inscripción en un monumento y terminó como burla ingeniosa y mordaz. Esa mordacidad, sin la cual pierde toda gracia el epigrama, se origina con el poeta Valerio Marcial (40-104 d. C), un hispano que, para sobrevivir en Roma, aduló vergonzosamente al emperador Domiciano y a cuanto ricachón pudiera otorgarle beneficios.
Marcial no ignoraba que sus epigramas pertenecían a un género menor pero, al mismo tiempo, se enorgullecía de haber contribuido a insuflarle naturalidad, desenvoltura, claridad, sobriedad, espontaneidad y estremecimiento vital a una literatura entumecida de solemnidad.
Valiéndose de dísticos, obligó al epigrama a reservar para el final el rasgo cáustico e inesperado: “Thaís tiene los dientes negros. Lecania los tiene de nieve. / ¿Por qué? Ésta los compra; los de la otra son propios”.
Entre los clásicos españoles, si bien el género no gozó de un cultivo específico, ofreció muestras interesantes, como este “Contra Lope de Vega”, de Luis de Góngora:
Dicen que ha hecho Lopico
contra mí versos adversos;
mas si yo vuelvo mi pico
con el pico de mis versos
a ese Lopico lo pico.
Dos siglos más tarde, el español Ventura Ruiz Aguilera (1820-1881) escribió algún epigrama entre poemas de notoria mediocridad didáctica:
Aceptando una cartera,
el político don Luis
jura que hace un sacrificio.
Y es verdad..., el del país.
En Argentina, los poetas del grupo “Martín Fierro” (Borges, Marechal, Girondo), durante la década del 20, hicieron alardes epigramáticos de publicación anónima y, los que se cebaron en Leopoldo Lugones, pueden figurar en la cima del género. En el número 14 de la revista homónima, figuraba el siguiente epitafio:
En aqueste panteón
yace Leopoldo Lugones,
quien, leyendo La Nación, murió entre las convulsiones
de una autointoxicación.
En el número 43 volvieron a la carga con ferocidad menor, aunque con mayor gracia:
Fue don Leopoldo Lugones
un escritor de cartel
que convertía el papel
en enormes papelones.
Murió no se sabe cómo.
Esta hipótesis propuse:
Fue aplastado por un tomo
del diccionario Larousse.