Comparte este contenido con tus amigos

Bicentenario

Bicentenario de la Independencia de México

A punto de cumplir doscientos años del inicio de la Guerra de Independencia y después de veinte horas de vuelo llegué a la Ciudad de México. Venimos a México para festejar, en pleno zócalo capitalino, el Bicentenario de la Independencia.

Hace 21 años cuando, por televisión, vi los festejos con motivo de los doscientos años de la toma de la Bastilla, caí en cuenta de que a mí también me tocaría celebrar dos siglos de Independencia. El 14 de julio de 1989 en Champs Elysées, y en toda Francia, había una verbena popular; esta fiesta quedó grabada en mi memoria. En aquellos días el año 2000 quedaba muy lejos, y qué decir del 2010. Sin embargo el 2000 llegó y lo mismo sucedió con el Bicentenario.

Me encargué de los preparativos para mi viaje y estancia en México. Pero justo una semana antes de volar nos llegó la noticia de que Mexicana se había declarado en bancarrota, y que nuestro vuelo Hong Kong-San Francisco-México se cancelaba. A 10 días de la esperada celebración estaba del otro lado del mundo sin boleto de avión, me preguntaba si no era una señal del cielo para suspender mi viaje. El patriotismo me ganó: varias horas de búsqueda intensiva, un par de modificaciones en el itinerario, y con dos mil dólares menos en el banco teníamos nuevamente un boleto a la fiesta nacional.

Mi decisión de ser parte de esta celebración sorprende a propios y extraños, lo entiendo, en México se vive un momento de desilusión y apatía, esta celebración no cambia en nada la lamentable situación de nuestro país, pero es un momento histórico y único, el ver la bandera y escuchar el himno nacional me conmueve y me inflama el pecho.

Hace una década que no vivo en mi tierra natal, pero este país me formó y me dio las herramientas para ser una mujer de bien. He procurado, con mi conducta y mi trabajo, poner el nombre de México en alto, y lo seguiré haciendo. Ahora México me recibe con olores y sabores de infancia y me trae recuerdos gratos, es simplemente mi país y mi gente. Y por esto sé que todo el 15 de septiembre daré el grito de Independencia con el corazón en la boca y al día siguiente, con lágrimas en los ojos, veré el desfile militar.

Sé que a donde vaya seré feliz y querré al pueblo que me albergue, pero México es y siempre será mi patria. ¡Viva México!