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Las películas de vaqueros

“Westward the Women”, de A. Wellman
Westward the Women, dirigida por A. Wellman, 1951.
 

Mi papá es amante de las películas de vaqueros, a su lado vi los clásicos de este género. Sus producciones favoritas: Centauros del desierto, El bueno, el feo y el malo, El tren de las 3.10, Los siete magníficos, entre otras encontraron también cobijo en mi corazón.

Desconozco la razón de su afición a las películas del oeste, mi teoría es que, por nacimiento, se siente arraigado a los paisajes desérticos del Oeste. Nació, mi abuela me perdone, bajo los huizaches en un rancho cerca de Caborca, Sonora, y vivió al norte de México, en la frontera con los Estados Unidos de América, cuyo territorio es semidesértico con clima árido. Así surgió, creo yo, su inclinación por los bandidos, pistoleros y pioneros de los Estados Unidos.

El desolado paisaje del desierto, las adversidades de la vida y la lucha contra la injusticia son algunos de los elementos de las películas del oeste. Usando como escenario: fuertes, misiones abandonadas, ranchos en medio de la nada, pueblos de una calle con cantina, tienda de abarrotes, banco, y oficina para el alguacil, con la cárcel, casas, todas con porches y amarradero para los caballos.

Generalmente hay dos tipos de personajes, los emigrantes de las ciudades que van a buscar suerte en tierra de indios con la intención de asentarse, formar una familia y vivir en paz. Y los bandidos que viven fuera de la ley, aprovechándose de los débiles. Ambos viven bajo la constante amenaza de un ataque de los indios y soportan estoicamente las circunstancias climáticas.

Si tuviera que elegir mi película de vaqueros favorita escogería: Westward the Women (Caravana de mujeres), dirigida por A. Wellman en 1951. En la trama 138 mujeres con fines matrimoniales viajan en caravana desde Chicago hasta el Valle de California, estas mujeres se enfrentan a la rudeza del desierto, son atacadas por los indios de la región, sufren pérdidas humanas y las inclemencias del clima, sin embargo todas soportan impertérritas el viaje. Estoy segura de que, de haber estado en su lugar, yo también me hubiera lanzado a la aventura en busca de otros horizontes.

Yura Luna
7 de agosto de 2011