Comparte este contenido con tus amigos

Charles BukowskiBukowski: fuera de circulación

En el barrio de mis andanzas infantiles/juveniles, en la jerga estar fuera de circulación era estar en prisión (encanao) o haber muerto. Charles Bukowski murió, pero poco antes pergeñó unas páginas que conformarían un libro póstumo: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco.

Bukowski pertenecía al submundo citadino y como es lógico todo su trabajo literario está impregnado de fuertes olores, prostitutas, chulos, borrachos, malvivientes, sobrevivientes y mujeres hermosas algo desequilibradas. En lo particular, más que las tramas de sus novelas, o esos fritos personajes que pululaban en sus cuentos, me cautivaban los títulos. Tenía un pulso especial para titular sus libros. Así tenemos La máquina de tirar, Cartero, Escritos de un viejo indecente, Cuentos de la locura corriente.

Escritor maldito. Genio a su modo. Peleador callejero. Empleado en algunos oficios como cartero o limpiabotas. Escribir no fue una manera de alejarse del suburbio, sino una forma fría y sin remilgos de realizar un retrato de ese universo que sabía de memoria y que él escribió como era lógico totalmente ebrio.

En El capitán salió a comer... se presenta como un escritor con ordenador. Los excesos y la vejez han hecho sus estragos respectivos. Aquietado y menos febril que antaño ahora vive de los derechos de autor de sus libros traducidos a varios idiomas. El libro pasa revista a su vida cotidiana con cierto tinte idílico. Mucho escenario doméstico para mi gusto. No obstante sigue escribiendo con desengañada ferocidad: “Es probable que haya escrito más y mejor durante los 2 últimos que en ninguna otra época de mi vida. Es como si después de 5 décadas de hacerlo me hubiera adecuado más a hacerlo de verdad!”. “Hoy me han llegado las pruebas del nuevo libro. Poesía. Martín dice que serían unas 350 páginas”. “Bueno, mi 71r año ha sido un año terriblemente productivo. Es probable que haya escrito más palabras este año que en cualquier otro de mi vida”.

Aparte de escribir se dedicaba a visitar el hipódromo como buen ludópata. La lectura de este breve libro nos enfrenta con el Bukowski reflexivo, con el escritor entretejido de crepúsculo, pero no del todo acabado aunque si algo fuera de foco y mortalmente cotidiano.

Lo que me reconcilia con Bukowski es que es un sobreviviente del alcohol, las peleas que protagonizó en bituminosos tugurios, de su vida llena de sexo, poesía y asco. No le gustaba Tolstoi. Como a mí no terminan de gustarme del todo sus libros. Es que siempre me pareció un Henry Miller desencuadernado. Este libro resume en parte su pelea en contra de la existencia o como él lo escribe: “El capitán ha salido a comer y los marineros tomaron el barco. ¿Por qué hay tan poca gente interesante?... Parece como si su único acto posible fuera la violencia. Eso se les da muy bien. Les hace florecer de vida. Flores de mierda, apestando nuestras posibilidades”.

Luego que el viejo indecente dejó el suburbio va apareciendo nuevos nombres en la narrativa norteamericana como Jonathan Safran Foer, Dave Eggers, Jhumpa Lahiri, Chuck Palahniuky sólo nombro a unos escritores que darán que hablar. De Palahniuk he leído un cuento titulado “Tripas” que tiene algo de bizarro, que tiene mucho de esos cuentos de Bukowski donde lo asqueroso se da la mano con el estilo tembloroso de dipsómano. El final de su cuento “Escritores” podría servir ahora: “Chicas, contestaría él si pudiese, esto es la frase simple, sin confusiones, el diálogo realista. Ésta es la forma en que debe hacerse. Y sólo podréis besar mi fea cara con los dientes amarillos en vuestros sueños. Yo ya estoy comprometido. Follawski sacó la última página de la máquina, la unió con un clip a las otras y luego buscó un sobre de papel manila. Ésa era la parte más pesada del trabajo de ser escritor: meter lo escrito en el sobre, poner la dirección, pegar el sello y enviarlo, después, por correo. Y normalmente le llevaba un par de copas de vino rematar una de las formas más bonitas que se han inventado para pasar la noche. Se sirvió la primera”. Decir salud es un topicazo del coño.