De editores y tontos útiles
(A propósito del Fondo Editorial del Caribe)

Fondo Editorial del Caribe

Si esa actividad de escribir libros está coqueteando con el manicomio, editar libros no dista mucho de ser una locura más sistematizada. Por supuesto no me refiero a esas enormes editoriales dedicadas a ganar dinero con la publicación de libros, apunto más bien a esas editoriales alternativas donde el oficio de editor se encuentra más inclinado hacia la fe por la letra impresa que a otros cálculos más triviales y mundanos.

Eso de editar libros en tiempos de Internet y comunicación globalizada posee el tufo inconfundible de andante romanticismo. Fidel Flores, poeta, ensayista y bohemio de la inteligencia consecuente, tiene algunos años al frente del Fondo Editorial del Caribe, que en un recorrido de 20 años ha editado alrededor de 200 títulos, sin mencionar la calidad estética y el cuidado esmerado de los libros impresos. Aparte de algunas revistas publicadas con la misma laboriosidad artística. Como es lógico, Fidel Flores ha realizado esta menuda hazaña sorteando todos los obstáculos, las miserias humanas y esos eternos molinos de la burocracia cultural y de la estupidez política en proporciones inimaginables.

Fidel Flores
Fidel Flores.

Fidel es el vivo ejemplo de una estirpe de individuos empeñados en editar libros y siempre nadando en contra. Para editar libros más que dinero se requiere de pasión y de un amor inquebrantable por el libro en papel y por los sueños en tinta impresa.

Es de admirar a los primeros impresores, cuando los engranajes de la imprenta (diseñada por Gutenberg, aunque ya los chinos habían concebido una e incluso creado los tipos móviles) comenzaron a moverse con cierta regularidad, lo que supuso un cambio radical en la concepción que se tenía del libro (como objeto) y de la lectura.

Mi amigo Pedro Téllez, escritor y siquiatra, ha escrito un breve texto sobre Frobenius, editor de Amato Lusitano. Anota Téllez que la publicación del libro médico Centurias, de Lusitano, representa “ese paso de la cultura audiotáctil del manuscrito a la visual, o incluso, a la reescritura del manuscrito para un lector tipográfico”. Téllez también destaca la impresión desde lo estético, en la cual ilustradores y editor tienen mucho que ver: “El equipo: Holbein, Lutzenburger y Frobenius tienen en el libro de Amato Lusitano uno de los productos más representativos, sin duda uno de los libros de medicina más bellos del Renacimiento, aun tomando en cuenta que carece de cualquier otra ilustración que no sea la de sus letras grabadas...”.

Eso de que el libro sea un objeto bello no ha cambiado en lo absoluto hasta el día de hoy. Por su parte el escritor y editor Roberto Calasso nos remite a otro editor, Aldo Manuzio, que fue el primero en publicar un libro extraño titulado Batalla de amor en sueño, o Sueño de Polífilo, de Francesco Colonna, monje dominico del monasterio de santi Giovanni e Paolo, en la ciudad de Venecia. Es una rareza ya que se trata de una novela, pero que muerde en otros géneros como la poesía alegórica y la enciclopedia humanística que condensa “enunciados arqueológicos, epigráficos, arquitectónicos, litúrgicos, gemológicos y hasta culinarios”. Calasso escribe: “...escrito en una suerte de lenguaje imaginario, una especie de Finnegans Wake compuesto solo de mezcolanzas e hibridaciones de palabras latinas e italianas. Una operación más bien arriesgada, se diría. Pero ¿qué aspecto tenía el libro? Era un volumen en folio, ilustrado con magníficos grabados que constituían una perfecta contraparte visual del texto”. El otro libro editado por Manuzio fue uno de Sófocles en un formato que él llamó parva forma, el primer libro de bolsillo.

Todo esto qué tiene que ver con la edición de hoy en la que campean el CD-ROM, los libros electrónicos, las páginas web, los blog y los audiolibros. Calasso asoma una respuesta que se acerca bastante a las premisas ficticias de Borges y habla de “la capacidad de dar forma a una pluralidad de libros como si fueran los capítulos de un único libro”.

En tal sentido las pequeñas editoriales siguen los pasos de esos editores del Renacimiento, el libro como una apuesta, pero también como un arte que en esencia busca la perfección tanto escrita como visual.

El otro aspecto del editor es ese que tiene que ver con los autores por un lado y los textos a publicar por el otro. Los autores siempre han despreciado a los editores hasta rebajarlos a la categoría de vampiros diurnos de solapa y espagueti recalentados. Por su parte muchos autores creen en verdad que son lo plus ultra de las letras, que sin ellos la literatura va rumbo a su decadencia definitiva.

El editor Andrea Palet, en “Brevísimo manual para jóvenes editores” escribió que no todo merece ser un libro, y acota: “Huye del amigo o la tía con una historia alucinante que cree que debería contar en un libro. No temas desafiar al académico cuyo texto abstruso, árido y tecnicista sólo refleja su incapacidad de comunicar”. Por su parte, al editor Jaime Salinas le preguntaron cómo se veía a sí mismo y respondió: “Yo me suelo ver como un tonto útil, pero no tengo nada en contra. Creo que los tontos útiles son muy necesarios en la sociedad. Sí, los tontos útiles cumplen un papel importante, porque los brillantes son a menudo inútiles, y los inteligentes, peligrosos”.

El Fondo Editorial del Caribe en todos estos años de imprimir libros ha demostrado una fe (más crítica que ciega) por la palabra escrita y Fidel Flores es un editor a la vieja usanza, de esos editores que editan aquellos libros que quieren leer (y tener). Por supuesto la calidad estética de los libros no tiene discusión, pero el punto fuerte de este Fondo Editorial es permitir que autores disímiles, en cuanto a propuestas y estilos, tengan la oportunidad de editar, de darse a conocer no sólo en el ámbito regional, sino nacional. Sin mencionar el hecho de que también algunos libros están disponibles en la web del fondo. Además Fidel no ha utilizado nunca aquella frase de Samuel Johnson: “Su manuscrito es a un tiempo bueno y original; pero la parte que es buena no es original y la parte que es original no es buena”, y eso se agradece.

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