
En este incierto universo de la literatura, donde la mayoría de los que queremos ser llamados, a pesar de nuestras inseguridades, escritores, con parámetros para medir nuestro talento, ese del que dudamos tanto, tan variables como moda, casa editorial, medio difusor —ahora hay videolibros, sólo por nombrar algo— y tendencias, amén de estar sujetos a todo tipo de trampas cazatalentos —en efectivo, claro—, la publicación en un medio digital es una bendición.
No que no tenga sus bemoles, eso de exponer tu trabajo está sujeto a plagio, a considerarte publicado o no si deseas exponer tu obra mas allá y llevarla a un prestigioso concurso, caer tu información y talento en manos inescrupulosas. Pero enlazar tu obra a un medio que por lo general está disponible 100%, no se lo comen las polillas, puede accederse desde cualquier lugar del globo y evita las limitaciones físicas que impone el medio real, dejando sólo las que determine la línea editorial del emedio, supone más ventajas que problemas.
Y la sensación de ser reconocido, sobretodo en revistas digitales de prestigio como la cumpleañera supera cualquier temor de ser “uno más” en la red. Aunque eventualmente el trabajo pueda perderse entre tantos bits y bytes, se conservará para aquellos que quieran llegar a él, cualquiera sea su generación y cualquiera el momento que escojan para llegar a ella. Y evitando usar una falsa modestia, será preservado para el más importante de los lectores: el autor, ser e-publicado te permite evaluarse, crecer y recorrer con un toque del ratón el camino de la propia creación literaria.