
La línea larga del aire ya hace 4.320 días empezó a tejer palabras en el PC de Jorge Gómez Jiménez. El éter translúcido oyó silbos y ladridos, se tiñó del idioma de Cervantes y con emoción llevó el recado hasta la pantalla ubicada en Cagua. El niño cibernauta empezó escribiendo y mascullando palabras y hoy ya es un jovencito que besa la pubertad.
La casa ya casi es ciudad y en ella habitan un millar más 579 escritores que han ayudado a llenar el amarillento espacio de cada primer y tercer lunes para darle vida a la Tierra de Letras, Letralia. Ellos alzan su voz desde Europa, pasan por Norteamérica, se bañan en Centroamérica y suben desde la Patagonia. Italia y España se hacen presentes, Canadá, Estados Unidos, México, Nicaragua, Santo Domingo, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay, Chile y Argentina confluyen a Venezuela a depositar el regalo de su voz, su luz y su libertad. En verdad que hace honor a su lema: Revista de los escritores hispanoamericanos en Internet.
Más de 4.400 colaboraciones ha recibido Letralia en las 186 ediciones. Abogados, periodistas, traductores, ingenieros, ilustradoras, pintores, narradores, literatos, críticos y poetas han enviado textos en los que trasmiten percepciones que recogen de la vida con ojos diferentes. La nutrida página cada vez es exquisita fruta con sabor a recuerdos, eventos, premios, conmemoraciones, análisis, o hallazgos literarios. Nada está fuera de lugar. Cada autor es bien tratado y el texto luce acomodado y adornado con dibujos, fotos bien logradas y van acompañadas de un comentario idóneo.
El escritor es un huésped bienvenido a Letralia —así se siente— y su firma registrada es respetada en el mundo de las letras. Gómez Jiménez se ha demostrado experto navegante y las olas que se levantan con el pensamiento llegado de diferentes escenarios nunca lo han inquietado pues el respeto y la dignidad son las consignas de su trabajo.
Letralia es desayuno, se comenta en el café o es descanso y relax antes de dormir. Informa, hace pensar, actualiza, y en más ocasión trae sorpresas de escritores o poetisas que embelesan con su estilo, sus gracejos o sus figuras flacas y enjutas que nos hablan.
Esta es la magia de esa mano poderosa de quien usa la red de alas invisibles que entran a diario o nuestra mesa. Nos pone un menú de opciones, de imágenes y voces, de rostros y fantasmas cual alfombra de Aladino. El joven baja los sonidos de Maná o Bee-Gees en Youtube a mp3, el académico completa su tarea y el escritor teclea como atleta en bicicleta en el ejercicio de decir, contradecir y crear mundos que salgan por el universo a buscar quien quiera morar un tiempo allí.