XIII. Experimento de letromancia • Varios autores

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Ilustración: ImageZooEl número cinco

La poesía es un punto que concentra distancias para que el hombre libere su huella, para que su mirada lea el mundo, para que espíritu y materia converjan y, sublime, se imponga ante sus sentidos el feliz descubrimiento de la muerte como su compañera inseparable, en la belleza del azar, que es la vida. El poeta nunca es un perdedor aunque, generalmente, se piense lo contrario, ocurre que su elemento para el juego de la vida es el número cinco, otro no le permitiría ser la memoria natural de su comarca primaria, por eso es un animal completamente distinto, raro ejemplar humano, en sociedades como la nuestra; siempre concierta en la belleza de la tierra, cántala con fervor en todas sus circunstancias: paisaje y hombre. A veces con mucha sutileza su palabra celebra e identifica la vida casi con inocencia como si se viera por primera vez en un espejo, John Keats (Inglaterra, 1795 - Italia, 1821) en fragmento de su poema “Sueño y poesía”, nos dejó en herencia esta belleza:

La vida es la esperanza de una rosa aún no abierta,
La lectura de un cuento siempre cambiante; el leve
Levantarse del velo de una doncella, el claro girar
De una palabra en el aire estival;
Un escolar que ríe sin cuidado ni pena
A las primaverales ramas de un olmo izado.

Quien haya creído o cree que el poeta es el lado oscuro de la vida, no es de este planeta, nadie como él sobrevive con holgura a las tormentas que en suerte le toque vivir, no conoce distancias ni momentos para obviar dolores y festejos, no usurpa privilegios como es normal en la vida ciudadana de estos y otros días pues su número de suerte es el cinco, es el único que juega y gana, aunque sea una canción como esta cuya letra transcribo y que don Antonio Aguilar, el último gran charro cantor de México, lindo y querido, con su voz hace del infortunio más común del hombre en la tierra, un bello himno:

Triste recuerdo

El tiempo pasa y no te puedo olvidar
Te traigo en mi pensamiento constante mi amor
Y aunque trato de olvidarte cada día te extraño más
Las noches sin ti agrandan mi soledad
A veces he estado a punto de irte a buscar
Dime qué cosa me hiciste que no te puedo olvidar

Si vieras yo cómo te recuerdo
En mis locos desvelos
Le pido a Dios que vuelvas
Si vieras yo cómo te recuerdo
Será porque aún te quiero

Espero que tú escuches esta canción
Donde quiera que te encuentres
Espero que tú
Al escucharla te acuerdes de mí
Como me acuerdo de ti

Si vieras yo cómo te recuerdo
En mis locos desvelos le pido
A Dios que vuelvas
Si vieras yo cómo te recuerdo
Será porque aún te quiero

Espero que tú escuches esta canción
Donde quiera que te encuentres
Espero que tú
Al escucharla te acuerdes de mí
Como me acuerdo de ti

Así pues con la poesía, la verdadera religión del hombre como lo sentenció Novalis, el hombre hace posible su historia, hace posible que el tiempo no se disperse y se lo trague el olvido, en su palabra queda como una estrella salvadora en ese mundo de azar donde nadie apuesta por la muerte. El poeta, que sepa yo, es el único que no pierde con el cinco: los sentidos.