Tal vez el único derecho humano que es inviolable porque está encerrado en la conciencia de cada persona, es la libertad de pensamiento. La tortura podrá anular el cerebro y confundir el pensamiento, pero la interiorización que elaboró la conciencia del individuo no puede ser borrada; seguramente anularán las facultades del pensamiento pero lo que ya se guardó en el cofre, que nadie sabe ciertamente dónde está, ya fue ejercido y es posible que el subconsciente lo aflore.
Por eso las dictaduras anulan a la persona o la matan; otro tanto hacen los tiranos, que no solamente están en la política; parten del poder mal ejercido en la familia, en el centro académico, en el trabajo, en el vecindario...
Lo que es vulnerable, comprable, vendible y amedrentable, es el derecho de expresión. Se prohíbe hablar y/o difundir las ideas, por ser éstas fruto del pensamiento diferente o combativo. Así proceden, generalmente, los movimientos políticos y religiosos, generando conflictos internos y externos que seguramente van acompañados de la ambición económica y el poder desmedido.
La censura puede ser autocensura cuando, como consecuencia del amedrentamiento, el miedo acalla la verdad individual y enmudece al derecho de opinión, cercenando las ideas que genera el pensamiento. Pero, cuando es sencillamente censura, el origen parte del temor del otro, o del falso dueño de una verdad, que siempre es relativa así hayamos sido testigos de un acontecimiento, puesto que cada quien ve a su manera, desde su cultura, con la afectación de sus emociones.
En este punto entra a jugar la violencia que ocasiona la denuncia. Es decir, cuando comunicar el testimonio resquebraja la falsedad montada con los intereses de algunos —a su vez, sometidos por alguna tiranía a la que se doblegan por debilidad, perdiendo la dignidad humana—, se requiere de justicia para que la denuncia sea aceptada y sirva para enmendar errores o castigar delitos.
Otra consecuencia se refleja en el control y/o autocontrol de los medios de comunicación masivos o alternativos, por parte de la dictadura de la publicidad que está unida a la información y la somete a los intereses empresariales dependientes de la pauta publicitaria gubernamental o comercial.
Al final, los artículos 18 y 19 de la Carta de los Derechos Humanos son de los más discutidos en el ámbito de la comunicación, pero los menos defendidos por la persona humana puesto que muchas culturas deseducan en la obediencia castrante de la libertad. Si de literatura se trata, la tiranía de las editoriales reemplaza o es similar a la de los medios, sólo que éstas buscan el máximo rendimiento en venta sacrificando expresiones libres, creativas, novedosas; el catalizador es el termómetro de lo vendible, consumible en un mundo manipulado por la ideología consumista que, inclusive, genera problemas siquiátricos en la sociedad y el individuo.