Invítame un cubata y te cuento cómo puede estar arruinado el hombre que compuso los éxitos que cantó el Nino, la Soledad, la Rocío, la Isabel, el Julio y su hijo Enrique. Dámelo con el hielo roto, que entero no se derrite tan rápido. Por gustar, gustaban hasta las canciones del verano que le hacía a la Paulina. Con cocacola, gracias. Estoy arruinado porque a las putas les pagaba con los derechos de autor. En el burdel yo tarareaba la canción y les pedía un polvo. Se burlaron de mí hasta que una aceptó el trato y fuimos al notario. No sé por qué siempre hay una notaría al lado de los prostíbulos. Con el primer exitazo, las putas, que no son tontas, comenzaron a rondarme en cuanto llegaba. Me preguntaban: y quién la va a cantar. Y yo les decía: esta es para el Camilo, el Luismi, el Rafael. Ellas hacían subastas: dos corridas, cinco; un mes; todas las folladas que quiera en un año. Ponme un poco más de ron, un dedo más, así así. Mi puta favorita acaba de ser elegida presidente de la sociedad de autores. La llamé el otro día. Me dijo que la Sgae me podía dar un préstamo, que puedo pagar con regalías. Si me pones otro cubata te digo cuáles canciones le vendí a esta mujer. ¿Que no? ¿No me invitas otro? Entonces hagamos un trato: si me sirves uno bien fuerte, te lo pago con los royalties de una canción que compuse en estos días. Escucha la letra.