Al recuerdo de Valentina
Qué dirán los de tu casa
cuando me miren tomando,
pensarán que por tu causa
yo me vivo emborrachando
Minerva Elizondo, Y ándale (ranchera en la voz de Linda Ronstadt)
—¡Salud por tu premio, Harold!
—Y nos quitamos, Agustín, mi viejita me está esperando con un rico almuerzo para celebrar este histórico acontecimiento.
—Puta y no invitas.
—Cómo que no. Vamos a mi casa a comer, huevón. Tengo hambre y sueño. Quiero dormir un día entero.
—Te lo mereces, Harold. Han sido cinco años de sacrificios. Tu pobre cerebro debe estar pidiendo chepa. Ahora chupa, relájate, tírate un polvo (aunque sea con manuela).
—Ahora hay que ver si el libro se vende o no.
—También eso, no vaya a ser que hayas pasado cinco años encerrado en tu buhardilla, mismo Vargas Llosa, por las huevas.
—Puta que ahí sí que me suicido.
—Putamadre, has escrito una novelita cagona y ya te alucinas Hemingway, Arguedas, Luchito Hernández, Maiakovsky, la Storni, la Pizarnik, la Woolf.
—Tiene más caché pegarse un tiro que morir de sida, ¿no crees?
—Sí, pero primero gana el Planeta, el Alfaguara, el Primavera, la Bienal Vargas Llosa, no ese premio cagón llamado Alpamayo.
Los amigos ríen con ganas.
—Ahora el mercado editorial es tuyo, Harold, ¡eres escritor! Las puertas de las mejores editoriales se te abrirán automáticamente como las piernas de las jermas.
—Ojalá, Agustín, ojalá.
—Carajo, ¿por qué eres tan pesimista, Harold?
—Porque hay gente que soñaba con dedicarse a escribir como los grandes, que se creían los herederos de Arguedas, Alegría, Azuela, y ahora escriben literatura infantil porque sólo allí pueden ganar su platita con el Plan Lector.
—Esa es la vaina; de repente has escrito tu libro por las puras huevas.
—Ahí sí ya no vuelvo a escribir nunca más.
—¿Y quién escribirá Las tretas de Alina Julissa, Ella se llamaba Martha, Viaje al corazón de la guerra, Nocturno de Lima, El inquilino, La isla?
—Tú.
—Yo no escribo ni mi nombre.
—Al menos lo intentarás, ¿no?
—No creo que pueda. No tengo el talento que tú tienes, amigo.
—No es talento, es sólo dedicación, constancia, disciplina.
—Mismo Vargas Llosa.
—Ajá. Ningún buen libro ha salido por arte de magia.
—Pero yo no he nacido para narrador, prefiero escribir mis versitos.
—Tienes que tratar de superar a tus maestros, amigo, si no, mejor dedícate a vender enciclopedias, diccionarios, o escribir para el Plan Lector como Vinces y Huamán.
—Putamadre, has escrito una novelita cagona y ya quieres superar a Flaubert, Faulkner, Joyce, Dos Passos, Bolaño, Donoso, Puig.
—Al menos déjame intentarlo, ¿no?
—Claro, tú siempre has soñado con ser escritor.
—Ya estás viendo que los sueños se pueden hacer realidad, amigo.
—Mejor canta para celebrar tu victoria, Harold. Esa ranchera de Galy Galeano está bacán.
Harold afina la garganta y empieza a cantar: Con mi mano izquierda / tomé tu retratooo (Agustín saca una foto de Soledad, carita de tramposa, aunque no lo parezca, lo sujeta con la mano izquierda) / y en la otra mano / una copa de tequilaaa (Agustín sostiene con la derecha su vaso de cerveza) / y brindé contigo (Agustín grita ¡salud, Valentina!) / sin estar presenteee, / y brindé contigo / por tu amor ausenteee. / Metí tu foto dentro de mi copa (Agustín hace lo mismo con el retrato de su ex) / y muy lentamente (Agustín empieza a beber despacito) / todo tu maldito recuerdo / me lo fui chupandooo.
—Órale, Harold. ¡Viva Jalisco! ¡No te rajes, Guanajuato!
—¿Y la foto de tu amorcito?
—En mi estómago. Me bebí todos los recuerdos de mi pelada.
—Huevón, ya te cagaste, ¿no sabes que las fotos están hechas de materiales altamente tóxicos para el organismo humano?
—Y recién me lo dices, mal amigo.
—Ni que fueras una nena para estar cuidándote, cojudo.
Agustín empieza a quejarse de dolores de estómago.
—Putamadre, creo que me muero.
—¡Por imbécil! Yo zafo culo, no quiero verme envuelto en líos judiciales que pongan en peligro mi brillante futuro como escritor.
—¡Harold, no me dejes, por favor, ayúdame, no quiero morir! —Agustín se aferra a las piernas de su amigo.
—¡Suelta, conchatumadre!
—¡Por favor, Harold, ayúdame!
Harold mete su dedo índice en la boca de su amigo. Agustín vomita.
—...
—Puff, cómo apestas, carajo, parece que hubieras tragado un perro muerto.
—...
—Pobre huevón, no sabes ni chupar.
—He botado hasta las tripas, carajo.
—Me debes la vida, amigo.
—Te pongo un par más, y deuda saldada, ¿ok?
—Así sí nos comprendemos, Agustín. Te traes fallos con el vuelto.
***
—Por gusto rompiste la foto de Valentina; estaba linda.
—Ha sido lo mejor que he hecho en mi vida, porque cada vez que veía su foto, me acordaba de ella y pensaba qué estará haciendo, con quién estará trampeando esa jugadora, a qué hijo de puta le estará abriendo las piernas en algún callejón oscuro.
—Te la hizo bien esa pendeja, y no parecía con esa carita (de mamona).
—Ojalá que encuentre otro huevón como yo.
—Lo dudo, Agustín, tú eres único en tu especie.
—Ahoritita te meto un botellazo, conchatumadre.
—Las verdades duelen, ¿no, socio?
—...
—Hueverto, otra vez estás llorando por esa tramposa. ¿Por qué sigues derramando lágrimas por alguien que no vale la pena?
—Es que yo todavía la quiero, Harold.
—¿Qué clase de hombre eres, Agustín? ¿Cómo chucha vas a estar queriendo a alguien a quien no le importas ni un comino, ah? ¿Estás loco, o qué?
—Ella decía que yo era el amor de su vida, Harold.
—¡El amor de su vida! ¿Y tú le creíste?
—...
—¿Quién mierda deja botado como un estropajo al amor de su vida y se va a cachar con otro huevón como una perra lunada, ah? ¡Dime!
—...
—Ya no llores, huevón. ¡Olvídala!
—...
—Ya, cholo, calma. Creo que mejor canto para alegrarte un poco.
Harold hace una gárgara de tequila para afinar la voz y empieza a cantar: Por tu amor que tanto quiero / y tanto extrañooo (en el semblante de Agustín se dibuja la nostalgia), / que me sirvan otra copa / y muchas mááás (Agustín pide más vasos al mozo), / que me sirvan de una vez pa’ todo el añooo (Agustín llena todos los vasos), / que me pienso seriamente emborrachaaar. / Si te dicen que me vieron muy borracho, / orgullosamente diles que es por tiii (Agustín saca pecho y exclama ¡salud, Valentina!), / porque yo tendré el valor de no negarloooo, / gritaré que por tu amor me estoy matandoooo...
—Sin indirectas, Harold, por favor. No seas cuchillero.
—Carajo, no interrumpas cuando estoy cantando, ¿no ves que me desconcentras?
—Es que a propósito me estás maleteando, Harold.
—Agustín, yo no he compuesto esta canción. Si tienes algún reclamo que hacer, hazlo a José Alfredo Jiménez, no a mí.
—Putamadre, cómo le voy a reclamar a José Alfredo Jiménez si ya murió hace años.
—Entonces no jodas y déjame seguir cantando.
—Es que yo chupo para olvidar a Valentina, y tú me la paras recordando.
—José Luis Perales dice que el vino excita la memoria; o sea que estás haciendo al revés: si quieres olvidar a tu amorcito, ni una gota más de alcohol, amigo mío.
—Ya decía yo por qué entre más huasca estoy, más me acuerdo de esa tramposa.
—Ya lo dijo el gran Neruda: Como una flor a su perfume, / estoy atado a tu recuerdo imperecedero.
—Puta que las chelas a ti te vuelven poeta, Harold.
—Son versos son de Neruda, no míos, Agustín.
—¿Y por qué tú no sufres, Harold? ¿Acaso nunca quisiste a Janeth?
—Cómo que no, huevón. La quise, pero ya no la quiero; esa es la gran diferencia entre tú y yo. Otra cosa es ser un loco obsesivo y no querer entender que ya todo acabó, que cada quien debe seguir su propio camino, ¿o no, amigo mío?
—Es fácil decirlo, Harold, pero yo no puedo arrancar de mi corazón a Valentina.
—Tienes que hacerlo, Agustín. Tienes que entender que ella nunca más volverá a estar a tu lado.
—Que será feliz con otro huevón.
—Así es, lamentablemente.
—Pero yo nunca la dejaré en paz, Harold. El día en que me muera le jalaré las patas sucias desde el más allá por tramposa.
—¿Y crees que así volverá a tu lado?
—...
—No, amigo. Cuando una mujer te decide olvidar, te olvida, así hayas sido el primero en su vida, así la hayas sacado de pito.
—...
—Ya no llores, huevón.
—¡Dos más por ese gusto, Harold!
—Te traes Halls con el vuelto.
***
—¡Al fin eres un gran escritor, Harold!
—Tú podrías ser mi editor.
—Eso es lo que estaba pensando. ¿Qué tal tu novela tiene éxito?
—Voy a necesitar que alguien me represente.
—Ajá. ¿Y cuánto gastaste en publicarla?
—Nada, amigo. Sólo los escritores mediocres pagan para publicar.
—Puta, tú eres un Cortázar, un Carlos Fuentes, un Hemingway, un Muñoz Molina.
—Me alegro que lo reconozcas, pero creo que yo soy Poe, Bukowski, Céline, Baudelaire.
—¡Un maldito!
—Es que no hay nada más rico que estar borracho, beodo, bebido, huasca.
—¿Cierto que así viene la inspiración?
—Ajá. Entre más borracho estoy, se me ilumina mejor la imaginación.
—Puta que desde ahora voy a chupar con ganas.
—¿No quieres empezar chupándomela?
—Ahora sí ya me llegaste al pincho, huevonazo.
—Bromeo, Agustín, disculpa.
—Mejor cántate algo para alegrar la noche, Harold.
Harold empieza a cantar: Entre copa y copa (Agustín bebe una y otra vez) / se acaba mi vida, / llorando borracho (Agustín empieza a sollozar) tu perdido amor. / Qué negros recuerdos me traen tus mentiras (Agustín se acuerda de todas las veces que le mintió Soledad), / cómo cuestan lágrimas una traición (Agustín solloza inconteniblemente). / ¡Traigo penas en el almaaaa / que no las mata el licoooor, / en cambio ellas sí me matan / entre más borracho estoooy! (Agustín trata de ponerse de pie y rueda al suelo). / ¡Quiera Dios que a ti te paguen / con una traición igual (acuérdate que el mundo da vueltas, Soledad, masculla Agustín) / para que cuando te emborraches / tú sepas lo que es llorar..!
Harold siente que lo jalan de los pies.
—¿Agustín?
—...
—Putamadre, ¿qué haces tirado ahí como un calzón sucio?
—...
—Otra vez estás llorando por esa perra como un estúpido.
—Nadie me comprende, ni tú, Harold.
—El que no quiere comprender eres tú, huevón. ¿Qué mierda quieres que comprendamos? ¿Que te estás muriendo por el amor de una mujer? Si tanto la amas, vaya, búscala, dile no puedo vivir sin ti, Soledad; suplícale, arrástrate como te estás arrastrando ahora.
—Me va a tratar peor que si fuera yo cualquier cosa.
—No te va a tratar, huevón, ya te trató. Lo que pasa es que tú eres un loco obsesivo que no quiere comprender que ese amor es imposible.
—Mejor voy por un par de chelas.
—Mejor. No quiero sacarte la mierda por imbécil. Te traes fallos con el vuelto.
***
—A ti Julissa sí te jodió bien feo, Harold.
—Pero yo le pagué con la misma moneda; incluso peor todavía.
—Tú eres una mierda, Harold. Cualquiera pensaría que eres un hombre bueno, pero veo que no es así.
—A mí la que me las hace, tarde o temprano me las paga bien pagado. Yo siempre cobro mis deudas, y con intereses, Agustín.
—Tú eres malo, Harold.
—¿Y quién te dijo que yo soy bueno, ah?
—Con razón Valentina te dejó.
—Qué mierda. A mí nunca me vas a ver llorando por una jerma. Mujeres hay en el mundo hasta por gusto. A mí ninguna mujer me va a enseñar a ser un pobre infeliz.
—Te admiro, Harold.
—Gracias, Agustín. ¡Salud por eso!
—Pa’ mí que tú nunca la quisiste, Harold.
—Cómo que no la he querido, huevón. ¿Quién estuvo a su lado cuando estuvo cagada?
—Tú.
—¿Quién olvidó sus propios dolores para calmar sus dolores?
—Tú.
—¿Quién hubiera dado su vida por ella?
—Tú.
—¿Quién le va a cortar el pescuezo a esa por traidora?
—Tú, el Jason de La Realidad, el hombre que nunca olvida, el matador de putas.
—¡Dos más por ese gusto, Agustín!
—¿Te traigo fallos con el vuelto?
—Lo justo, huevón.
—¿Y por qué no has vuelto a enamorarte, Harold?
—Porque no he encontrado a una mujer capaz, activa, constante, buena, trabajadora, de su casa, así como mi viejita. Después de esa mala experiencia, no voy a fijarme en cualquier cosa, ¿no?
—Ahora caminas con más cuidado por los senderos del amor.
—Claro, amigo. Ya lo dijo este pechito: Porque en cualquier sonrisa de mujer se esconde un puñal, / porque hay caricias que buscan matar, / porque hay labios que mienten / cuando dicen que te quieren, / porque hay corazones heridos llenos de odio / que quieren hacerte pagar culpas de otros.
—Mis respetos, Harold, eres el Juglar de América.
—Para que veas que no sólo tú sufres en el mundo, Agustín. Cuántos más estarán por allí chupando con los corazones heridos, rotos, destrozados, hechos añicos por culpa de una mala mujer.
—¡Salud por ese gusto, Harold!
—¡Mozo, un par más!
—Que sean dos pares, Harold.
—Así se habla, Agustín. Gracias por esta noche: he chupado y cantado como nunca.
—Pero yo no he cantado ni una sola vez, Harold.
—¿Te la sabes Aunque mal paguen ellas?
—¿Esa que cantan Vicente Fernández y Roberto Carlos?
—Esa misma.
—Más o menos.
—Esa la cantamos juntos para cerrar con broche de oro esta noche tan maravillosa.
Harold empieza a cantar la primera estrofa: Tengo que olvidar su amooor (Agustín piensa Harold siempre con indirectas), / que me causa un gran dolooor (Agustín se toca el corazón), / su cariño me hace dañoooo, / es mejor no verla máás (Agustín desea ver a Soledad aunque sea una sola vez más en su vida; piensa le voy a decir a Harold para ir la otra semana a Chosica), / no la quiero recordaar (Soledad, nunca te olvidaré, jura Agustín), / para qué seguir soñandoooo. Harold calla y Agustín toma la posta: También a mí me pasóóó, / yo por ahí tuve un amooor / que jugó con mi cariñooo, / hasta el alma me partióóó, / con esta herida me dejóóóó (Agustín vuelve a tocarse el corazón), / se largó (con ese hijo de puta) sin un motivo. Continúa Harold: Yo te quiero aconsejar (Agustín mira atentamente a nuestro héroe), / si lo aceptas como amigo (Agustín mueve la cabeza en señal de asentimiento), / sigue en frente tu camino (el que lleva a Chosica), / otro amor puede llegar (Agustín promete que nadie ocupará el lugar de su ex). Ahora es el turno del mejor amigo y brazo derecho de Harold: Pues bien, mi querido amigo, / tu consejo está muy bien (Harold piensa que podría ganarse el pan de cada día como consejero sentimental), / pero mientras qué le digo, / pero mientras cómo le hago / pa’ olvidar a esa (mala y desagradecida) mujeeeer (que un día no muy lejano me las va a pagar todas juntas), termina Agustín con la voz quebrada por el llanto. Harold lo consuela. Brindan por las mujeres que amaron sin ser correspondidos. Medio repuestos de sus penas, empiezan a cantar a una sola voz la primera parte del coro: Yo te invito, mi amigooooo, / que compartas tus penaaaaas, / y que toquen mariachiiiiis (si son de Guadalajara mucho mejor) / y cantemos por ellaaaaas (esas tramposas). Callan, vuelven a brindar por las mujeres que amaron sin ser amados y a todo pulmón cantan la segunda parte del coro: ¡Yo te invito, mi amigoooooo, / que compartas tus penaaaaaas, / y que toquen mariachiiiiiis / aunque mal paguen ellaaaaaas! (ya algún día les pasaremos las facturas).
Emocionadísimos hasta el alma y borrachos hasta las patas, vuelven a repetir una y otra vez el coro hasta quedar casi afónicos.
—¡Mozo, dos copas más!
—Te pasaste, Agustín. Creo que tu futuro está en la música.
—¿Crees, Harold?
—Claro que sí. Cantas bacán. Educando un poco tu voz, hasta podrías cantar a dúo con el gran Pedro Infante y las otras leyendas de la música popular mexicana.
—¿En serio, Harold, no me estás cojudeando?
—Claro que no, amigo mío; ¿cuándo te he mentido yo? Hasta ya me estoy imaginando el título de tu primer CD: Agustín Daveluis y Pedro Infante cantan a dúo lo mejor de la música popular mexicana acompañados por el Mariachi Vargas de Tecalitlán.
—Una producción de EMI Capitol de México.
—Dirigido y realizado por: Harold Gastelú Palomino.
—Arreglos en Tu recuerdo y yo: Agustín Daveluis.
—Solo de trompetas en Cucurrucucú paloma, Ella, La media vuelta y El rey: yo.
—Solo de guitarras acústicas en Si me dejas no vale, Quijote, La vida sigue igual y...
—Huevón, esas son canciones de Julio Iglesias. Nosotros estamos grabando rancheras.
—Pero yo quiero cantarlas con mariachis.
—Como quieras, pero yo toco las cuerdas.
—Mejor tócate esta pieza.
—Putamadre, ya empezamos otra vez con huevadas. Así no juega México, socio.
—Es que tú te la quieres dar de pendejo, Harold: Pedro Infante murió hace un montón de años y tú quieres hacerme cantar con él.
—¿Y cuál es el problema? Ahora, con la moderna tecnología digital, todo es posible en la música. Por ejemplo, hace un par de años Mijares grabó Tu enamorado con Pedro Infante.
—¿Por qué mejor no componemos nuevas canciones, Harold?
—¿Y por qué no? En lugar de escribir novelas podría dedicarme a escribir canciones. Tengo estudios de guitarra, flauta dulce, trompeta, sé leer partitura. Se gana más plata en la música que en la literatura.
—Seríamos los nuevos Emilios Estefan.
—El mundo de la música nos espera con las piernas abiertas, Harold.
—Que todo lo demás se vaya a la mierda.
—Instalaríamos nuestra base de operaciones en Miami.
—Ajá. Letra y música de todos los temas: Harold Gastelú Palomino.
—Coros: Britney Spears y Cristina Aguilera.
—Esas huevonas cantan feo. Mejor ponemos a Lady Gaga y Taylor Swift.
—Mejor a las chicas de Corazón Serrano.
—Esas cholitas cantan como si rebuznaran. Mejor Taylor Swift y Kathy Perry.
—Como quieras, socio. Ingeniero de grabación y mezclas: Agustín Daveluis.
—Grabado en Harold’s Home Studios, Los Ángeles, California.
—Grabaciones adicionales: Agustín Sound Studios, Sitges, Barcelona.
—Ingeniero de sonido: Harold Gastelú Palomino.
—Dirección y arreglos: Agustín Daveluis.
—¡Mozo, un par más de chelas bien helenas!