Doble en las rocas. 18 años y Nº 300 de Letralia • Varios autores
“La tomadora de absenta”, de Leon Spilliaert¿Brindo por..? Quizás por ti

Sin la ebriedad los caminos están ausentes y la vida controla sin sentido las circunstancias que dependen del sorbo que deleita en la humedad la piel, recorriendo el torrente que anima la vergüenza, la moral, la pasión, la decisión de poseer cada gota que derrama el pensamiento. Te miro resbalando en la barra de caoba, de narcisos o simples tablas que se acumulan en pedazos de adobe, caminas sin tormentos; sintiendo que nubes, truenos, relámpagos, esparcen tus minutos que corren en aguacero en el mismo sitio que protege tu barbilla resbaladiza en cada pensamiento de poesía, amor, tragedia o un simple despecho que apuñala el vértigo de la espera. Ebriedad como palabra que embarga todo síntoma de respiro sin gota de espirituosas bebidas que solapan las verdades ocultas en sábanas, traslados nocturnos, lluvias que bañan los bosques donde el desnudo del origen espera el nacimiento. Licor dulce amargo, crucificados en la mezcla de fluidos que originan la elevación, la premura, la iniciación, el orgasmo que te indica la paridez de cada rocío de cada tragedia de cada llanto primario y ultimo en devolución a la tierra, al olvido o las santas profundidades aleatorias de la muerte.

Ebriedad que perfuma tus labios recorriendo puntos inconformes y solapados o azorados en la turbulencia de las palabras que producen ruido placer ensoñación beligerancia amor, reacciones que no van a ninguna parte o se acoplan en cuartos desconocidos, en habitaciones oscuras que se desconocen entre sí. Arropado o desnudo no interfiere el sentimiento ni la bruma. Tocas puertas y ventanas lamiendo licor de sueños o pesadillas, subes balcones a escondidas superando la luz del sol en la otra cara de la luna escondida de algazara o de pesar. Cuántas aves corren despertando gallineros y celos que ocultan la risa, el llanto y las canciones que inventas, palabra ebriedad. Es el honor de esparcir los cuentos y letras que intervienen sin saber en cada frase u oración del amanecer descubierto sin prisa ante un abrazo o un estrujo que te persigue y te detecta fuera de tu espacio terrenal. Ebriedad, estás en la cúspide del torbellino en alguna parte del cuerpo donde dicen la cabeza, el recinto del almíbar y de cualquier lugar que parece no estar presente en la mortaja.

Dónde encontrar la secuencia de cada sopor que embriaga la lucidez. Quien dice lucidez qué palabra tan sin sentido después de descubrir que la tal lucidez es sólo ebriedad de vida de pensamiento de frustración de amor de gozo de aquel despecho que te hace correr calle arriba sin consuelo y deslizante, huir de aquella frase de ten fe en mí y reconocer que tus labios sin licor profesan crueldad y cinismo. Un tinto despojando tanta falsa lucidez que embarra la cercanía, tinto que roza labios diferentes y no te encuentran. Tinto blanco o fuerte agave destilado gritando un hurra de lo no ganado pero apretujado en letras inconclusas o en un sí después del eclipse que surge en tus ojos aperlados, negros azules o de verde mar. Continúo en la distancia y no pronuncio la frase no sé si es la misma hora pero las circunstancias son las mismas, un estrecho asiento te limita y la soñolencia no permite continuar de una vez con el sueño. Dormir es lo más parecido a no estar y sin embargo cuánto deseamos estar, vueltas, caminatas, altibajos, susurros y la deformidad continua. Quiero escribirte y parece que te esfumas en el deterioro, quiero escribirte y los cúmulos de vapor de agua turbulenta el paso, testigos inocentes, voces y ojos dormidos, me cuentan que este camino sugiere la adivinanza que nos permita encontrarnos.

La ebriedad une destinos, aleja complejas uniones que no entienden, te incorpora a grupos descartados o incluidos en adorables cínicos que trastocan elites y presumen verdades en la incoherencia, discursos en tablados, botiquines, teatros, foros, conferencias, palacios, premios, descontentos abrazos, sólidos hipócritas moviendo sus cabezas en afirmación de envidia. Ebriedad divina ebriedad de Cristo al resucitar los muertos y al afirmar el “seguidme y dejad que los muertos entierren a sus muertos”. La ebriedad crucificada en el lavatorio de manos de Poncio Pilatos. En la mirada asesina de los fariseos, en las lágrimas de María Magdalena. Ebriedad en Cien años de soledad que se multiplica en miles en cada punto y coma que determina un texto, una oración, una súplica.

Es un sacrilegio que me preguntes si los poros de mi piel te perciben cuando posas las huellas de tus dedos, tibias, húmedas, suaves y muchas veces profundas con la fuerza de tu cuerpo haciendo circunferencias.

Es un sacrilegio que me preguntes si el rocío de mi boca es producto de tu aliento de tu cercanía de mi lascivia por ti.

Es un sacrilegio que me preguntes si te siento en la profundidad de mi cuerpo cuando insertas en alarido, tu boca, tus dedos y todo tú, en incesante movimiento convergente, sincopado, jadeante. Eres tú un sacrilegio cuando reconoces que soy un indicio que escondes inmisericorde.

Declaratoria amorosa que surge de la ebriedad excitante o del brindis continuo de la espera, un trago más que pasa del éxito al fastidio un trago más que deslumbra el traje multicolor que roza tu pierna o entrecruza tu camisa ya dilapidada en la esquina rocolera. Un texto ebrio que induce al poema o al chasquido de dedos para pedir otra. Un texto que balbucea una copa o una botella prístina que se refleja en la ajada foto estrujada en un closet de tantos conocidos. Ebrios famosos que despiertan en alcobas de lujo o en charcos de señales de días, años intemperie, de ojos tristes plenos, mirando pasado presente sin futuro. Ojos de mirada aquí estoy firmando letras para ser leídas en los brazos de orgías o monjas del deseo.

Ebriedad sin retorno que escupe soledad sin escrúpulo de talento. Ebrio con razón y sin razón del conocimiento que instruye o perturba al sentir voces ocultas para otros, que presientes que la locura se burla de lo profundo de lo encontrado dentro de los escombros de tu mente de tu visionaria laxitud al despertar y sentir que existe una ebriedad más allá del espíritu de la verdad de la mentira de la vida misma.

Soy feliz repite el personaje mientras la taza de té se oxida y tu perfume casi se desvanece en medio de tanta penumbra, estoy aquí, susurras casi como en medio del desconcierto, estoy aquí, repites y una voz te pregunta —Are you there? —continúo sin entender mientras en la esquina me veo apretujando tu hermoso cuerpo adolescente y no me acuerdo de que estoy sin la premura de la ancianidad, sigues y pretendes que entienda que estamos en cuatro dimensiones y un cuarto; y todavía siento el espejismo de la noche anterior, cabellos rubios, algo blanco en la entrepierna y mi angustia de no poder subir tan rápido como lo exige tu constancia, luego, tus músculos y todavía la permanente ansiedad me dice que el espejo está roto y te volviste mil pedazos...

—¡Quién carajo tumbó el televisor! —retumba en la voz al asomar la mirada del mundo ante mí.

Sofocado sientes el agua fría chocando tu rostro y sin un siglo de espera vuelve el cuerpo adormecido a pregonar un sueño que siguen en días años, nombres, fechas, señales y aplausos que realmente no entiendo.

Gritas y el fuego azufrado satura el espacio, sin embargo no me sofoco, sigo respirando a pesar de ti, uno, dos, y mil serán contados mis pensamientos y en alguna parte te encuentras sin la oscuridad que pretendes. Veo el gozo en tus ojos, la voluminosidad de tu cuerpo no alcanza a cubrirte, corres y siempre mi rostro lo verás en cada esquina o escondite que aísla tu figura, estoy aquí, mírame, mírame, y ya no encuentras caminos donde alguien te vuelva a ubicar con la franca sonrisa de la inocencia. ¿Cuando te perdiste en la cima del Kilimanjaro? ¿O esa vez que tus ojos sintieron que ya no eras el mismo? Saltaste el límite, y ahora encontrar las migas de pan en el calvario, se convierten en oscuras golondrinas, golpes bajos, susurros, gritos, imperdonables blasfemias te escupen la cara. Soledad soledad es tu recorrido sin descanso. —What happen, lady? —y mi brazo cuelga en despropósito, sólo el tintinear de una limosna me despierta. ¿Le apago la luz? No, gracias, bring me more coffee please. Could you help me? This is your bus —El sonido imperceptible de la herida, sólo hizo escuchar el tumulto. —They told her to move but she couldn’t.

—No conozco a Steven Spielberg —dijo— como si no sintiera que la abrazo.

Black out otra vez.

 

Salud y sin la ebriedad las copas estallaron en música perfecta de símbolos, signos, metáforas, burlas. Serias conjeturas aplicadas a los conceptos emitidos y en la soledad del éxito y del fracaso.

Nostalgia... Salud.

Que la vida ebria siempre te acompañe.

Un doble en las rocas, compadre. Que la vida sueñe por todos.