Benedicto González Vargas

Hacia una definición del género de la ciencia ficción

Una de las respuestas más difíciles que es dable encontrar —o no encontrar— en la definición de géneros literarios es la relativa a la ciencia ficción. En un artículo reciente Xavier Ternisien dice que hay centenares de respuestas que los especialistas discuten, siendo uno de los tópicos de la discusión a cuál de los dos componentes del término debe darse mayor importancia: ciencia o ficción.1

Quienes dan mayor importancia a lo científico dicen que "la verdadera ciencia ficción es aquella en que los efectos de los avances científicos y técnicos, ya sean buenos o malos, se revelan en un futuro más o menos remoto. Rechaza lo irracional. Se habla entonces de 'hard science', ciencia pura y dura. (...). Otros, por el contrario, privilegiarán el término ficción. Pondrán el acento en lo imaginario e integrarán en el género a toda obra de ficción que se sitúe en algún lugar lejano, en el tiempo o el espacio, o que apele a lo irracional. Esto incluye lo fantástico, el horror y la Fantasy".2

La diferencia central entre ambas corrientes es que la primera, al marcar su acento en el término ciencia, incluye entre las obras del género ciencia ficción a aquellas que tratan de asuntos que están íntimamente ligados al desarrollo científico y tecnológico y que acontecen en un futuro más o menos distante o remoto. Este grupo, que podríamos llamar —siguiendo a Ternisien— como purista, no acepta como ciencia ficción la "Fantasy".

Pero, qué es la Fantasy. En inglés el término puede "designar toda obra de imaginación extravagante y caprichosa"3. Vale decir, se incorporan a ellas temas en que el futuro lejano puede ser reemplazado como un pasado remoto y en que la ciencia y la tecnología pueden verse desplazadas por la magia. En este tipo de obras se insertan las sagas como Conan y El Señor de los Anillos, entre otras.

Dice Pascal Thomas, especialista en el género, que "una de las funciones más importantes de la ciencia ficción es expresar bajo forma literaria los cambios que la ciencia puede aportar a nuestra visión del mundo"4. Vale decir, algo así como que la ciencia ficción imagina nuestro futuro a partir del desarrollo científico y tecnológico del presente.

Luis Madariaga, por su parte, dice: "La ciencia ficción es una de las formas de literatura utópica. La novela de anticipación sitúa la acción en un futuro imaginado de acuerdo con unas previsiones más o menos científicas".5

Aquí se explicita que la ciencia ficción es utopía, si tomamos la definición de utopía más habitual, diremos que es "un sistema halagüeño, pero irrealizable".6

O bien, la definición de Larousse: "Un país que no existe, un lugar imaginario. Concepción imaginaria de un gobierno ideal".7

Parece claro que la definición de Madariaga se refiere a que es un tipo de literatura cuyo asunto apunta hacia lo inexistente físicamente, hacia lo ideal ubicado en un lugar y momento imaginarios. Otro elemento importante en la definición dada por este autor es que se trata de literatura de anticipación; esto es, creación de lenguaje cuyo tema es un intento por anticipar hechos futuros, todos esto con "unas previsiones más o menos científicas" o, lo que es lo mismo, partiendo de la realidad científica actual, una proyección que podría llegar a acontecer, sin que sea esto una verdad incontestable. Cabe recordar que uno de los precursores del género, Julio Verne, fue capaz de anticipar el desarrollo tecnológico de la humanidad, casi sin errores, pero eso no significa que la ciencia ficción no pueda equivocarse en sus previsiones. Nos parece importante remarcar que los puntos de vista de Thomas y Madariaga son plenamente coincidentes.

El estudioso Fernando Sánchez Durán, por su parte, dice que "la ciencia ficción engloba todo lo escrito en el cual predomina lo fantástico con un sustrato científico"8. Vale decir, el autor plantea que este género literario es predominantemente fantástico, donde la creatividad del autor se expresa a través de su imaginación, la que crea mundos, realidades, personajes, escenarios, acontecimientos, etc., que sólo existen por la acción lingüística de narrarlas y su único referente real y físico es la ciencia, la que actúa como sustrato o sedimento de la fantasía narrativa del autor. Esta definición, al excluir los elementos mágicos, deja afuera a aquel mundo de la leyenda que se sitúa en un pasado remoto y que relata los hechos de los héroes legendarios. No obstante, el propio autor reconoce que "en un espacio futuro y en un pasado remoto, todo es posible"9. No obstante lo anterior, considera que este tipo de literatura ya ha sido delimitado en sus características y que éstas son distintas de las de la ciencia ficción propiamente tal, aunque tienen un origen común que se remonta a los tiempos primitivos de la narración oral, que creaba "espacios narrativos atemporales, que conscientemente se indeterminan con el fin de introducir lo mágico, sin que violente la lógica del lector".10

David Pringle, uno de los más reputados estudiosos de la ciencia ficción, dice que este tipo de quehacer literario se remonta a los Voyages extraordinarios de Julio Verne y los Romances científicos de Herbert George Wells. No obstante, en la actualidad, puede significar diversos tipos de arte, aparte de la literatura, tales como cinematografía, comics, radioteatros y hasta juegos de video y programas computacionales. Él, no obstante, entrega su propia definición, aunque reconoce que es producto de criterios personales oscuros e instintivos, dice: "Ciencia ficción es una forma de narrativa fantástica que explota las perspectivas imaginativas de la ciencia moderna".11

Luego añade que, en todo caso, "como cualquier definición es necesario explicar los elementos que las constituyen".12

Entiende por ciencia moderna la cosmovisión científica aceptada por las personas de los siglos XIX y XX, especialmente la cosmovisión aceptada por las personas inteligentes, pero profanas en materia científica, como lo fue el patrimonio colectivo de la concepción newtoniana del universo, la geología de Lyell y la biología evolucionista de Darwin. Estas ideas, que representaban el avance científico, abrieron nuevas perspectivas de espacio (estrellas y galaxias lejanas); de tiempo pretérito (dinosaurios, cavernícolas, mitologías varias) y futuro (mundo del futuro). Pero, sobre todo, establecieron la idea del cambio, la comprensión de que hemos evolucionado prácticamente de la nada y que podemos seguir evolucionando hasta el infinito. Asimismo, las distintas concepciones filosóficas, sociales y políticas, dejaron asentadas las ideas de cambios drásticos (capitalismo, marxismo, fundamentalismos religiosos, etc.). Todo esto hizo que la gente tomara conciencia de la importancia de los cambios producidos por la modernidad tecnológica (tren a vapor, telégrafo, radio, televisión, informática, entre otros) y comenzó a advertir todo lo que podría llegar a cambiar en el futuro. Así empezaron Verne y Wells; así, también, Orwell y Huxley.

Por otra parte, Pringle también considera que existen, aparte de la ciencia ficción, dos subgéneros similares pero que tienen algunas características distintas, éstos son los que él denomina como: a) relato de horror sobrenatural (Drácula, por ejemplo), donde irrumpen fuerzas sobrenaturales superiores a lo cotidiano e imposibles de explicar desde un punto de vista científico, lo que los hace, precisamente, de horror, y b) los relatos de espada y hechicería (El Señor de los Anillos), donde la ciencia es reemplazada por la magia y los hechos ocurren en tierras fantásticas. El carácter de estas últimas obras es menos terrorífico y más agradablemente divertido.

Otro aspecto que David Pringle destaca en el tema de la ciencia ficción, lo encontramos en el análisis que él hace de la novela ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, de Harry Harrison, donde dice: "La ciencia ficción, más que establecer nuevas tendencias, sigue fácilmente a la moda. Extrae ideas de las ciencias, de la sociología popular y de los suplementos dominicales de los periódicos, las recrea y las exagera hasta convertirlas en imágenes de pesadilla del futuro".

El escritor de novelas de ciencia ficción Olaf Stapledon (autor de La última y la primera humanidad, 1930 y de Hacedor de estrellas, 1937, entre otras) ha dicho, refiriéndose a los escritores del género: "...para que esa construcción imaginaria de futuros posibles sea poderosa, nuestra imaginación ha de estar sujeta a la más rigurosa disciplina. No hemos de transcurrir los límites de la cultura particular en que vivimos. Lo meramente fantástico sólo tiene un poder menor. No es que debamos buscar la profecía (...), únicamente podemos seleccionar una hebra, de toda una maraña de posibilidades igualmente válidas. Pero tenemos que seleccionarla con una finalidad. La actividad a la que nos lanzamos no es ciencia, sino arte.

Sin embargo, nuestro objetivo no consiste pura y simplemente en crear una ficción admirable desde el punto de vista estético. No se trata de crear una historia ni ficción solamente, sino un mito. Un mito verdadero es aquél que, en el marco de una cierta cultura (viva o muerta), expresa de manera sublime, a veces de un modo trágico, las creencias más importantes de esa cultura".13

Indudablemente, Stapledon nos revela las claves de su propia estética literaria, de su propia manera de aproximarse al género que nos ocupa y nos dice lo que él entiende por verdadera ciencia ficción, que no es otra cosa que la equilibrada creación literaria que surge de la propia realidad cultural en que se vive y de la cual se toma una idea, una posibilidad entre muchas, para explotarla desde un punto de vista artístico, donde la fantasía es menos importante que una sólida base científica y ésta, a su vez, no debe hacer desaparecer ni la calidad artística ni la trascendencia misma de esa cultura de la cual ha emergido, para reafirmarla y sustentarla como identidad.

Finalmente, para terminar con este panel de opiniones, el escritor de ciencia ficción Michael Moorcock, en el prólogo del libro de Pringle, dice, a propósito de las representantes femeninas del género, que lo han utilizado para "expresar su propia y justificada cólera" agregando, además, que el género tiene enormes posibilidades para que los autores canalicen su "impaciencia, su rechazo a la injusticia y a las frustraciones políticas, y su indignación frente a la codicia, la locura, la violencia y el mal uso consciente (o inconsciente) del poder que hoy se despliega por doquier".14

Este autor plantea, por lo tanto, que el género tiene, además, una especie de tarea o misión en el mundo actual, que no es otra que convertirse en un llamado de atención respecto de todas aquellas cosas negativas que el desarrollo y la modernidad han ido acarreando (o han sido incapaces de eliminar), como los innumerables tipos de injusticias existentes.

De todas las opiniones anteriormente expresadas, podríamos inferir una definición que intente dar cuenta, más o menos cabalmente, de la esencia del género:

Ciencia ficción es un tipo de relato fantástico, ubicado en un momento preferentemente remoto (incluso espacialmente), con una base científica perfectamente identificable con un lugar y una cultura determinadas. Sus motivos literarios son anticipatorios del porvenir de dicha cultura, especialmente con el objeto de prevenir respecto de las posibles desviaciones a las que esa sociedad podría llegar.

Con esta definición, que pretendemos más operativa que exhaustiva, nos daremos a la tarea de caracterizar el género.


Caracterización de los relatos de ciencia ficción

Muchos de los autores citados anteriormente caracterizan el género determinando ciertos rasgos que se reiteran en las obras literarias pertenecientes a él. Dichas caracterizaciones son una especie de inventario de los elementos que distinguen a este tipo de obras. Revisemos brevemente algunas de las más acabadas:

Xavier Ternisien establece en su artículo las siguientes:

La lista es, a nuestro juicio, lo suficientemente clara como para que cada uno de los términos no requiera una precisión específica (tampoco lo hace Ternisien). Sin perjuicio de que nuestra propia clasificación, que cierra este estudio, sí la entregue.

Fernando Sánchez Durán presenta los siguientes cuatro motivos que él identifica como los más frecuentes y que le permiten caracterizar el género:

Omitiremos también, por ahora, mayores precisiones, pero volveremos al tema más adelante.

David Pringle, por su parte, en las 226 páginas de su ensayo sobre ciencia ficción, va rescatando, de cada una de las cien obras que analiza, las características más sobresalientes del género. Esta es su lista:

Estos son algunos de los temas que David Pringle considera como los más recurrentes en la novela de ciencia ficción. Indudablemente, podría compilarse toda esta lista en unas pocas ideas que sean capaces de contener a otras, pero preferimos dejar la clasificación de este autor norteamericano tal y como va apareciendo en su ensayo crítico sobre las cien mejores novelas del género (sólo los títulos publicados entre 1949 y 1984).

Ahora bien, si revisamos en forma comparativa las tres listas ofrecidas con anterioridad, necesariamente debemos concluir que hay temas muy recurrentes y que, sin lugar a dudas, es allí donde podemos encontrar las características más esenciales del género. A partir de dicha comparación enunciaremos aquellas que nos parecen ser las más relevantes, para una mayor comprensión del alcance de cada una, daremos una breve explicación que permita ilustrar de mejor modo esta caracterización:

  1. Ubicación temporal en un futuro lejano. Los hechos ocurren en un futuro lejano, muchas veces remoto, donde la sociedad humana se desenvuelve en medio de importantes avances científicos y tecnológicos.
  2. Redes informáticas y tecnológicas que lo dirigen todo. Mundos altamente automatizados; las computadoras, los cerebros controlan el mundo y las actividades de los ciudadanos. Algunos pocos humanos privilegiados (pertenecientes a grupos de poder), tienen acceso a toda la información.
  3. Presencia de entidades multinacionales que controlan a la humanidad. Son los depositarios del poder (político, económico, cultural, informativo, social, etc.). De su éxito depende la paz mundial.
  4. Implantes electrónicos o biónicos de todo tipo en seres humanos. La manipulación genética, las operaciones para instalar sistemas computarizados en el cuerpo, muchas veces con fines militares, plantean serios problemas de índole moral.
  5. Estados totalitarios mundiales. Corresponde a la crítica social y política respecto de dónde puede llegar la humanidad si sigue por el camino en que se encuentra, es aquí motivo recurrente de la ciencia ficción.
  6. Ecología. Los equilibrios ecológicos se ven seriamente dañados ante las difíciles circunstancias por las que atraviesan las sociedades del futuro.
  7. Explosión demográfica. Un importante aumento, alarmante en realidad, de los seres humanos, crea serios problemas para la alimentación mundial.
  8. Explosión-guerra nuclear. El holocausto nuclear que destruye a la civilización es producto del fracaso de todos los dispositivos tecnológicos, políticos y económicos de los que disponía la utopía futura para el desarrollo de las sociedades.
  9. Plagas. De toda índole, con su consiguiente reguero de enfermedades, hambre y muerte.
  10. Extraterrestres. De todo tipo y naturaleza, buenos y malos, que invaden o son invadidos y que se encuentran en contacto con los seres humanos para cumplir una determinada misión.
  11. Clima de violencia generalizado. Las ciudades de todo el globo viven un clima de violencia desatada, producto y consecuencia de la actuación de una o más de las características antes mencionadas.
  12. Elementos de parapsicología. El psiquismo, la telepatía, la hipnosis, los sueños premonitorios, aun las preocupaciones metafísicas, son parte importante del existir diario de muchos de los personajes de la ficción.
Con las doce características antes mencionadas, hemos intentado confeccionar la lista de los elementos más relevantes del género de la ciencia ficción. Es nuestro interés que esta caracterización sea capaz de englobar la mayor cantidad posible de temas, especialmente los mencionados por los investigadores citados anteriormente. Creemos que, si bien habrán quedado muchos tópicos sin incluir, al menos los más importantes y recurrentes están inscritos entre estos doce que son, a nuestro juicio, fundamentales.

La literatura de ciencia ficción tiene muchos y muy grandes cultores y lectores y es un género cuya complejidad amerita que nos detengamos algunos momentos a reflexionar sobre su naturaleza y alcances, tanto estéticos como sociales.


Notas

  1. TERNISIEN, Xavier: "Nuevas fronteras de la Ciencia Ficción" en Revista Mensaje, febrero de 1996, páginas 45-48. Regresar.

  2. TERNISIEN, Xavier: Op. cit., página 45. Regresar.

  3. TERNISIEN, Xavier: Op. cit., página 46. Regresar.

  4. Citado por TERNISIEN, Xavier: Op. cit., página 46. Regresar.

  5. MADARIAGA, Luis: Diccionario de literatura, Editorial Everest, León 1980, página 85. Regresar.

  6. RANCÉS, Atilano: Diccionario ilustrado de la lengua española, Editorial Ramón Sopena, Barcelona 1995, página 750. Regresar.

  7. GARCÍA PELAYO Y GROSS, Ramón: Pequeño Larousse ilustrado, Editorial Larousse, Buenos Aires 1980. Regresar.

  8. SÁNCHEZ DURÁN, Fernando: Narrativa chilena ultrarrealista, Editorial Universitaria, Santiago de Chile 1991, página 19. Regresar.

  9. SÁNCHEZ DURÁN, Fernando: Op. cit., página 12. Regresar.

  10. SÁNCHEZ DURÁN, Fernando: Op. cit., página 21. Regresar.

  11. PRINGLE, David: Ciencia ficción: las 100 mejores novelas, Editorial Minotauro, Barcelona 1995, página 11. Regresar.

  12. PRINGLE, David: Op. cit., página 12. Regresar.

  13. Citado por PRINGLE, David: Op. cit., página 113. Regresar.

  14. MOORCOOCK, Michael: prólogo al libro de PRINGLE, David: Op. cit., página 10. Regresar.