I King
El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay una cosa
que no sea un letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura,
la firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber una luz, una hendidura,
el camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha.
Jorge Luis Borges
Para una edición del I Ching
Regla número treinta
“Un verdadero amante está constantemente y sin intermisión poseído por el pensamiento de su amada”.
Pibes de barrio
Mirá Nicolás:
No se te ocurra pensar que esta carta es una cargada, o que estoy con la falopa encima. Hace dos días me rajé de casa. Me acuché en la estación vieja, cerca de las vías. Para lo que quiero hacer tengo que estar sin falopa y saberme bien a qué hora pasan los trenes. Vos sabés cómo me revientan las minas lloronas. Sí, ya sé, mi vieja no es una mina, es mi vieja, no llora y es peor. A las siestas cuando pestañeo, veo en la silla mi ropa lavada, en un montoncito prolijo. Algunos días, hasta hay un chocolate, o un pedazo de mantecol, que deja como al descuido. En los últimos meses, habla poco y no pregunta nada. Solamente me mira, me mira y creo que no me ve. Creo que está viéndome chico, como en la foto de los rulos, cuando el viejo vivía, y el chalecito relucía, repintado por él y arreglado por ella.
Siempre pensaste que yo era un cretino, un anormal, para terminar como andaba, de vago. Con el estudio de la secundaria colgado, primero. Con el desafío de probar los porros, después, y después la nada, boludo. La nada. Antes de darme con la pesada, yo estaba culo para arriba por Noelí. Encima de ser una piba sensacional, tiene ese nombre: Noelí. ¿Como en verso, no? No te cagués de risa y no le muestres a nadie esta carta. ¿Te acordás aquel tiempo, que me bañaba todas las tardes, y salía con los libros?
Primero frotaba la bici como loco, tenía el pelo corto, y hasta usé la remera para tarados que me regalaste. Dos veces le robé flores al del kiosco y se las dejé en la puerta, hasta quise escribirle un verso que no me salió. Pero le copié uno a Neruda que decía: “Me gustas cuando callas...”. Fui un imbécil, porque Noelí jamás me habló, así que no sé para qué la mandaba callar, de boludo nomás.
Una vez me metí a la casa por el alambrado del fondo. No habían entrado la ropa de la soga. Me agarré una bombacha y un corpiño. Tenían olor a jabón, pero yo me hice el ratoneo de estar olfateando un perfume que ella usaba sólo para mí.
Al tiempo, la vi con Riky, en el autazo que tiene el pelotudo. Me escondí entre los árboles, y los vi besarse. Pero besarse, besarse, comerse, lamerse, tocarse. Una transa a full, enloquecida. Alguien en la barra contó que se casaban a fin de año. A mí me brotó un forúnculo en el culo de la bronca.
Una noche que me di con todo, me aluciné. Se me apareció en la sapie. No estaba linda como es. Era una bruja enmarañada, vieja, desdentada, que caminaba por la pared como una araña, abierta de gambas. Cuando se me pasaron los residuos de la blanca, tomé la decisión. Prefiero morirme, antes que perder el recuerdo de la Noelí que es. Del brillo del pelo renegrido, que se lo ponía de lado, y se colgaba algo brillante, como estrellitas. No quiero que se me borre su figura, y esas piernas. Esas piernas y esas gomas a las que besé en sueños tantas noches de pajero asmático, como me decís vos porque toso si estoy nervioso, y nervioso y loquito estoy siempre. Más loquito desde que me dijiste en tu laboratorio que portaba el HIV. ¡Qué joda, ser médico y tener que bancarte un gomía como yo! Quedate con la bici para tus pibes. Tirá un sobrecito que escondí en el porta documento, que la vieja no lo encuentre. Los CD también son tuyos. Si puedo, te hago saber cómo son las namis en el otro lado. Un abrazote de tu amigo
Luis.