IV
Las flores de azahar establecen el principio de la casa y su importancia redunda más allá de un simple espacio limitado por el viento y los pedruscos del terreno.
En pleno florecimiento, la casa eclosiona y su savia terrosa se revela en tejas de imprescindible cobertura, columnas de paciencia monjil y plegarias para enlazar las maderas.
Bajo otra época la casa se movió siguiendo los redondeles que le trazaba el grillo reidor del amanecer.
Juguemos —decíamos entonces— a inventar la importancia de los arbustos que desconocen su precocidad. Juzguemos —afirmábamos otrora— la magnificencia de los aromas y recojamos en los vergeles las auroras enarboladas en nuestros cometas.